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Cavilaciones y oraciones de fin de año

El año terminó. Nosotros seguimos aquí, con más preguntas, nuevos sueños, los mismos enigmas, los peregrinos que nos acompañan, con nuevxs amigxs, con otrxs que extrañamos y con muchas cosas que fuimos dejando.  No fue un año fácil. Fue el año que más cedí a las distracciones pero también en el que he visto con más claridad el cuidado de Dios en nuestras vidas. Ha sido un año lleno de sorpresas, nuevos comienzos y de una esperanza que se renueva poco a poco.  Pasé de estar frustrada y cansada, al descanso, las nuevas preguntas, desempolvar los sueños, a las sorpresas, el dolor, las conversaciones profundas, las interminables distracciones, para de nuevo detenerme y reconocer que la vida misma, si soy consciente, sirve de guía para conocer a Dios.  Me di cuenta que Dios no está obsesionado con la puntualidad de mis lecturas diarias, ni con mi asistencia a la congregación y mucho menos se asombra de mi conocimiento teológico. Los momentos de mayor encuentro y profundidad...

María

Ahora vuelvo a pensar en ti, en lo que habrás sentido al llevar a Jesús en tu vientre. No imagino la sorpresa que significó la noticia del angel y el temor que habrás sentido ante tremendo anunciamiento. Me maravilla tu humilde respuesta, disposición y obediencia. Me parece que contrasta con la de otros personajes en la Biblia que creen saber cómo Dios actúa pero se pierden entre el poder o el deseo de control. Tus cantos y oraciones fueron revolucionarios, pero en tus labios no parecían una gran amenaza al Imperio. Jesús de seguro aprendió a orar al escucharte . Fuiste mujer conforme al corazón de Dios y llevaste en tu seno la esperanza de millones. ¡Cómo me hubiera gustado estar presente en la casa cuando visitaste a Isabel! Solo puedo imaginar las conversaciones sobre toda su alegría, temor y miedos, así como los múltiples malestares que sus niños les pudieron ocasionar. Ambas, mujeres escogidas por Dios, revirtiendo los valores del mundo y cuidando de bebés que habrían ...

Amada, entre mil dudas.

Soy amada entre mil dudas. A veces, en secreto dudo que Dios me ama, no sé porque lo haría. Señor, sana mis heridas más profundas. Aún no entiendo por qué me elegiste y me sigues diciendo que soy tuya, y que estoy segura en ti. Señor, déjame escucharte claramente. Eres mi refugio, lo sé, pero muchas veces me traiciona el pensamiento e imagino que estoy sola. Redime, Señor, mi imaginación. Dudar me acerca a ti, no tengo a nadie más a quien ir. Cuando me alejo o creo que ya no podré regresar, tú haces sendas nuevas, me encuentras y me llamas a ti. Así amas Señor, así quiero disfrutar de tu amor. A veces este amor duele, porque me desnuda, porque no tengo nada a qué asirme que valga la pena no dejar atrás. Señor, sígueme cautivando. Quiero seguirte conociendo, que mi vida y la de mi familia se enraíce en tu amor. Señor, sé que veré tu fidelidad siempre. Y cuando dude, Señor, no me dejes. Si esto dependiera de mí, ya se hubiera acabado, pero en ti estoy segura. Gracias por ser el Di...

Pensamientos sueltos de mujer latinoamericana

Entre mis pensamientos sueltos al estar en Vancouver pienso en tanta inequidad. Nosotros acá disfrutando de un sabático, como migrantes en primer mundo, viendo tanta opulencia e intentando vivir de manera simple y sencilla, porque realmente no tenemos otra opción. No es una queja. Es un regalo de Dios saber que tenemos suficiente, que nuestra bolsa familiar no depende del mercado y que no tenemos inversiones ni soñamos con propiedades. No vivimos con miedo por la devaluación del peso, ni tampoco si Wall Street se cae… A nuestro país se le juzga por no alcanzar mejores niveles de vida teniendo lo suficiente en recursos naturales y con tantas personas trabajadoras, pero la verdad es que existen mucho corruptos y vándalos de cuello blanco… También, cabe pensar, que el progreso añorado de Occidente fracasa en América Latina porque algunos son los beneficiados y otros los explotados y a nosotros nos toca la peor parte. Nuestros recursos naturales van al Norte, mientras que nuestra...

Consuelo y belleza

 Hoy cumplimos dos meses en Vancouver, y estamos en pleno otoño. Esta mañana, caminando de regreso de la iglesia Abdiel y yo nos dimos cuenta que apenas en estos días comenzamos a escuchar al Señor con más claridad y con menos agenda nuestra. Nos sentimos rodeados del amor de Dios en tierra extranjera y en medio de toda la transición, las aguas comienzan a calmarse y el corazón está más quieto. En medio de un ritmo más sano de estudio, descanso, tiempos de silencio y de escribir, percibo a Dios cerca, trayendo consuelo más allá de lo esperado. El semestre en Regent está a su máxima exigencia, con trabajos que escribir, muchos libros que leer, pero estoy disfrutando de ser estudiante y hasta gozando la presión de las entregas. Leo, pienso y escribo sobre las mujeres en la iglesia primitiva, sobre otras profetas del siglo XIX y estudio a profundidad Salmos 2… Las semanas se nos llenan de alegría al compartir la mesa con nuevos amigxs y ser invitados a otras mesas. El consue...

Tiempos de retiro

No sé cómo olvidé que sin silencio y soledad me voy perdiendo poco a poco. En estos dos meses en Vancouver he tomado algunos tiempos de retiro y cada vez estoy más convenida que la práctica espiritual que más requiero es la del silencio. Me ahogo entre mis distracciones, las muchas voces propias y los gritos de un mundo ensordecido me dejan aturdida. Soy más sensible de lo que quisiera reconocer, pero Dios así me hizo y sin el silencio que me permita escucharle, me pierdo. El silencio se cultiva. Dios nunca nos abandona; ha estado conmigo siempre. Pero en ocasiones no le escucho. Creo que Dios me ha estado llamando al silencio y la soledad con él, sabiendo mejor que yo cuanto le necesito…pero me ocupé de otras cosas y lo olvidé. Es en el silencio, sabiendo que estoy segura en Él que comprendo más de quien es Dios. Las imágenes maternas de Dios son una invitación al descanso, la confianza y el amor. Su susurro de amor y aceptación incondicional son sanadoras. Las som...

Tijuana

Quisiera ver cómo te pintas de otros colores y probar tus nuevos sabores. Extraño tu playa fría y hasta ese muro que se nos impone. Quisiera ver de nuevo a aquellxs que cada semana se reúnen para darse “la paz” con los meñiques; a lxs que con sus actos sencillos desafían al Imperio. Quiero recorrer tus calles y ver los rostros cansados, esos que se alegran ante un saludo o la risa de un niño desconocido. Extraño las sonrisas que intercambiaba con extraños en las calles, Y la sensación de estar en casa entre tus más de 2 millones de habitantes Quisiera que mi corazón se rompiera con las historias de los miles llegados a ti, y comenzar a tejer la vida con esos que tal vez se queden. Sé que me frustraría con las iglesias frías a las que no les importa si matan a tus migrantes, ni quieren saber los nombres de quienes acaban de llegar y probablemente no se queden. Lloraría contigo por las juntas de liderazgo, los Sínodos y las Conferencia...