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Locura y sensatez

Muchos creen que estoy loca. No me lo dicen, pero lo llegan a pensar, creo que más de una vez. No soy de esos seres normales que caminan por la vida, buscando tranquilidad, un hogar, un par de buenos amigos y una chimenea que ayudé a soportar el frio de los inviernos. Tampoco me gustan los viajes a lo desconocido, aunque he emprendido más de uno; se arriesga mucho, también se aprende, pero casi siempre se sufre. Cuando en ocasiones abro la boca junto con el corazón para decir mis sueños y expectativas algunos piensan que ambiciono poco, casi nada, porque no ambiciono la comodidad ni el dinero. No camino sin dolor, por momentos lo hago cansada, a veces sola y a veces acompañada.

Confieso, en ocasiones he perdido la esperanza, pero nunca el sentido desde aquél día que lo encontré y cada día que me reencuentro con él. Podría hoy mismo dejar todo lo que hago y he construido en la vereda por donde camino, si no comprendiera que lo que hoy vivo es pieza necesaria para el futuro que espero, y no con incertidumbre, sino en confianza. La vida adquiere nuevo significado según lo que la memoria de otros me dice y según lo que mi propia memoria me permite ceñir. No sé si es locura, pero me gusta. Complicarme con lo que pienso. Soñar despierta. Esperar. Confiar. Tener fe. Amar. Prefiero esto a la sensatez. Lo sensato de este mundo la mayoría de las veces carece de sentido, de vida y de aventura. Se ha dejado ahogar por la aceptable, tradicional y cómodo.

Si he de culpar a alguien, si hemos de culpar a alguien por esta grave afectación, pueden decirle. Si mi vida te produce la inquietud y la incomodidad ante mi condición, entonces me alegraré en poder servir de algo, si esto que escribo te hace pensar que es extraño, entonces vale la pena. No podemos ya hablar más de la misma manera, porque lo que queremos decir no haya cabida ni soporte en el sistema de las palabras cuerdas y coherentes.

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