
Me espera un junta de conciliación a la que me rehuso internamente para tomar iniciativa de interponerla. Un viaje con mis papás a Guadalajara en abril. Una posible participación en un foro para investigadores de la religión en mayo en Aguascalientes. Otro largo mes fuera de casa en verano: en la boda de uno de mis amigos mayores (líder, escucha, mentor, asesor, amigo y casi hermano) y también entre archivos, entrevistas, compañerismo y proyectos del Compa. La búsqueda de becas para subsistir y uno que otro trabajo informal que será bien recibido si toca a la puerta. Mi servicio profesional. La Universidad: materias, amigos, maestros, libros, debates, escritos, interrogantes, blogs... Las células, el acompañamiento, los estudios bíblicos, las charlas interesantes, existenciales y de búsquedas. La presencia constante de Jesús. Los cafés, las comidas chinas, las horas para pensar en soledad, de hallar contentamiento, de depender y reconocer al Padre bueno. Y también los espacios tan deseados para saberme acompañada a la distancia y acompañar en la cercania, para contribuir en la formación de otros y descansar en el que ha tomado la iniciativa.
Me emociona el año. No sé cómo pasarán las cosas, pero tengo confianza. Sin ser un discurso de negación ante la realidad compleja e incluso adversa, tengo confianza. Porque el que ha hablado ya, cumple y yo me quedo a su espera, disfrutando de sus maravillas.
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