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Las bendiciones de la soledad

Llegué a un lugar que no conocía, caminé por una playa sin gente, el viento frío ahuyentó a muchos, pero caminé un buen tiempo. Me di cuenta que la soledad era incómoda en principio, empezamos a platicar sobre mis sentimientos, pensamientos, emociones, expectativas, ilusiones, experiencias pasadas, mi alegria, preocupaciones y mi dolor. Así empezamos a caminar por la playa, fueron varios kilómetros... un rato me senté y escribí, comí un poco y seguimos caminando.


El retiro no me resolvió todas mis dudas, ni fue una fórmula mágica de transformación, pero obró algo en mí, Dios hizo algo que aún no logro articular, él está haciendo algo que no logro controlar, y está bien, así quiero que sea.

Después escribí y escribí y escribí. Todo en una nueva libreta sin rayas, ahí me di cuenta de procesos y transformaciones, de orgullos e inseguridad, de falsas fuentes de valor e identidad. Ahí fue como verme en el espejo y rogar porque no se me olvide la imagen.

En el cuarto desconocido, solitario y silencioso dormí y desperté porque Él me sustentó, allí fue donde nos re-encontramos. Como cuando viajas con un compañer@, lo ves siempre, pero llega un momento donde en realidad estás, todo tú ser se hace presente, lo vives desde dentro y no hay nada que pueda distraer, porque todo lo has dejado a un lado. Así fue...

Y entonces, lo demás, se queda entre nosotros.

Comentarios

  1. Qué curada!
    Y sí, cada vez le encuentro mas el valor al silencio frente a él en medio de tantas cosas, ruidos y personas... que, se me viene a la mente la parábola del sembrador, "crecen y ahogan"...
    Te sigo leyendo!

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  2. yo ya quiero tener unos dias asi jeej
    gracias por compartirlo.
    un abrazo

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