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¡Felicidades, hija!


Al observar a Luciana en su primer año me lleno de asombro. Ella expresa todo, nos dice lo que quiere y es persistente en conseguirlo. Es una bebé que ama los animales y los libros, casi con tanta insistencia como a su mami por las noches o a su nana cuando la ve. Luciana ha dicho varias palabras, “vamos”, “agua”, “ta” (lechita), “do” (dog), “buelo” (abuelo), “mamá”, “papá”, “tata”, “nana”, “to” (tito), “teta” y “moon”. Ella dice más cosas, pero no las entendemos, aunque cuando le preguntamos sabe mover bien su cabeza para decir “ti” (si) o no. Mi anhelo es que ella siga encontrando su voz y dando voz a los que no la tienen, que sea perseverante y terca en luchar por la verdad y la justicia y que siga amando a la naturaleza y los libros.

 Luciana ha disfrutado del amoroso cuidado de sus tatás, sus abuelos, sus tías y su tito, y de los abrazos de muchos tíos y tías postizos del mundo de la obra estudiantil. Es una niña amada, y crece sabiendo que al llorar hay brazos que la arrullan o la consuelan, aunque no siempre le dan lo que pide. Luciana es mi niña amada, la cual me mueve a más esperanza. Mi oración es que Luciana se sepa amada siempre, aún cuando lleguen los momentos de inseguridad y sepa que los brazos son para extenderlos a otros, para acariciar y abrazar.

Luciana es una niña extrovertida, sociable y muy observadora. También es chistosa y sumamente juguetona, de las que abrazan a sus peluches, lanza la pelota e incluye a los que están en la sala. Oro que nunca deje de observar, que sepa reir a carcajadas, jugar como niña, incluir a los que están fuera los márgenes y que siempre sea ella, no lo que yo ni nadie más espera.

Luciana es un regalo de Dios, porque la vida es un regalo de lo Alto. Esta niña nuestra y prestada es todo un desafío, pero no quisiera que fuera distinto. Los mejores momentos de este año han sido amamantándola, aunque al principio fue tan doloroso, leyéndole (sabiendo que siempre querrá más y me apunta hacia ellos), verla reír y dormirla en mis brazos. Ya no soy la misma, porque así sucede con la gracia y el amor, nos cambian y nos hacen más sensibles, nos abren el corazón y nos hacen más humanos.

¡Felicidades, hija!

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