28 septiembre, 2008

Evitando la tarea con algo trascendente...

Antes que se me olvide, ya que como siempre, hay mil cosas que recordar antes de hacer una tarea, y más cuando estás evitándola...

Dice Sábato al final de su libro: "...el ser humano solo cabe en la utopía. Solo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recupear cuanto de humanidad hayamos perdido."

y antes de eso nos dice: "...la verdadera resistencia es la que combate por los valores que se consideran perdidos."

"...la vida del mundo hay que tomarla como la tarea propia y salir a defenderla. Es nuestra misión."

"Cada vez que hemos estado a punto de sucumbir en la historia nos hemos salvado por la parte más desvalida de la humanidad. Tengamos en consideración las palabras de María Zambrano: "No se pasa de lo posible a lo real sino de lo imposible a lo verdadero." Muchas utopías han sido futuras realidades."


*sin reflexión no hay comprensión, pensemos lo que nos dice este hijo de su tiempo*

UtOpïA

recordando este salmo...

Salmo 131 (Latinoamericana)
“Señor, mi corazón no es engreído, ni mis ojos altaneros: no he tomado un camino de grandezas no de prodigios que me superaran.
Al contrario, tranquila y en silencio he mantenido mi alma, como un niño saciado que se aprieta a su madre; mi alma en mi nada reclama.
¡Que Israel cuente con el Señor, desde ahora y para siempre!”


¿Cómo está hoy mi vida? ¿Qué cosas me preocupan? ¿Qué cosas están en mi mente?

Ayer que terminaba de preparar la exposición, caía en cuenta de lo lejos que tantas veces estoy de poder orar de la forma en que David lo hacia en este salmo y es mi oración que podamos escuchar desde el corazón de David, quien muy probablemente lo escribió, su anhelo por Dios y que la profundidad de su relación con el Padre nos anime a conocerle más en intimidad.

Salmo 131… un reto al corazón del hombre, una oración anhelada.

Los salmos son poesía, son las expresiones del hombre ya sea de forma individual o colectiva dirigidos a Dios, y de hecho el tema central es Él. Hay una variedad de temáticas: arrepentimiento, venganza, dolor, amor, dependencia, tristeza, gozo…

Salmos de ascenso o peregrinaje
No se sabe específicamente cuando fueron escritos o bajo que circunstancia, pero se reconocen como los salmos del peregrino, y muy probablemente están en el contexto del viaje al templo en Jerusalén para celebrar las fiestas. Lo que sí podemos saber es que eran para un viaje, nos hablan de lo que un viajero o un grupo de viajeros experimentan durante algo así.
La incertidumbre, el asombro, a veces el miedo…eso había en los viajes antiguos y en los de hoy también. Pero pensemos, ¿no será que nuestra vida puede ser también un eco de este tipo de viajes, una especie de ilustración?

Los salmos de ascenso están divididos en grupos de 3, que hablan de experiencias diferentes: hostilidad, falta de recursos, amenazas, etc…y el salmo en el que habremos de meditar está junto con otros 2, los cuales hablan principalmente de las amenazas internas: del alma, del corazón y de aquello que pone en dificultades al viajero, pero que no significa que otros le estén provocando, sino él mismo.

Ahora creo que sé porque este salmo ha estado tan cerca de mi corazón los últimos años: habla de la búsqueda constante del hombre por Dios y del hombre por entenderse a sí mismo en él, y de sus anhelos, dificultades y sentimientos más profundos, expresados y con la certeza de ser escuchados por un Dios de amor y un Dios eterno que ha hablado a su creación.

El salmo comienza así: “Señor, mi corazón no es engreído ni mis ojos altaneros” (no es orgulloso, ni me creo más de lo que soy… HUMILDAD como fruto de conocer a Dios, de saber que lo que somos y tenemos viene por gracia no da lugar al orgullo). Cuando el corazón es orgulloso, no agrada a Dios, no reconoce a Dios, y hay diferentes formas de manifestar orgullo: pensando que lo merecemos todo, pensando que somos mejores que otros porque oramos más, servimos más, sabemos más, nos damos cuenta de más cosas. Pero la verdader ahumildad viene de saber quienes somos en Dios y de conocer a Jesús, de verle y darnos cuenta que él se humilló y que no podemos pensar que somos más que el mismo maestro. Decía en una ocasión un hermano: de rodillas ante el Cordero es la mejor forma de voltear a ver a mis hermanos, ahí no hay lugar para los ojos altivos o altaneros. Ahí todos estamos reconociendo nuestra necesidad de Dios. Pero, ¿saben?, nuestra tendencia humana no es ser humildes, sin embargo Dios honra a quien lo es….la vida de Ezequias, nuestras vidas…

v.1b “No he tomado un camino de grandezas ni de prodigios que me superaran”
Hijoles, aquí si que yo me declaro culpable, jej… ¿Cuál es nuestra tendencia? Que otros nos vean, que otros sepan que somos buenos, de ser alguien en la vida, de ser reconocidos… pero aquí hay algo que llama mucho mi atención… no creo que sea malo soñar por ver grandes cosas hechas para la gloria de Dios, al contrario, pero muchas veces queremos que pasen cosas grandes, queremos ser los grandes siervos (qué irónico, ¿no?) pero nos olvidamos de la CRUZ. Tal vez ustedes aquí me digan que Jesús todavía no aparece, pero Dios es el mismo, y Jesús nos dice cómo es el carácter de Dios, y para Jesús no había Corona sin Cruz y nosotros somos invitados a tomarla también. A identificarnos con él, a sufrir con él, a pagar el precio, no a buscar nuestra grandeza y nuestra gloria. Sin embargo, si leemos el evangelio de Juan, que habla mucho de la gloria de Dios, Jesús le daba gloria al Padre al hacer lo que había visto de él, al humillarse, al sanar, al darse a conocer, al amar, al hacer la misión a la cual había venido a la tierra, y Jesús oraba que Dios le glorificara para que él pudiera glorificar al Padre. Que esa nuestra oración. Que nuestra oración pueda ser como la de David. Que nuestro corazón esté en el lugar correcto, Dios honra a quien le honra.

v. 2 “al contrario, tranquila y en silencio he mantenido mi alma, como un niño saciado que se aprieta a su madre:”
Qué difícil en nuestro mundo actual que nuestra alma esté en silencio, nuestro ser estén en paz y que haya total tranquilidad en nosotros. Realmente vivimos muy rápido, nuestra mente corre aun cuando nos detenemos, el que no se mueve no llega, quien no habla no se escucha, hay que hacer, hacer, hacer...eso grita el mundo, y Dios lo conoce y muy seguramente David conocía las muchas demandas y cosas que mantienen ocupada la vida, la mente y el corazón.
Mi mente corre despiadadamente, creo que tengo que realmente buscar un tiempo especial durante la semana para tener un tiempo y buscar descansar en el señor, pero mi mente y corazón tardan en aquietarse. Y sé que muchas veces es por que no descansamos, y no descansamos porque nos cuesta confiar y nos cuesta confiar porque no conocemos lo suficiente a Dios y no me refiero con nuestra mente, sino en la intimidad. Creo que ese es el llamado de Dios, y creo realmente que David puede llegar esta declaración no solo por lo que sabe o ha escuchado de Dios, sino porque esto es parte de una experiencia personal con él. No sabemos que cosas había pasado David en este salmo, pero definitivamente su conocimiento de Dios era de alguien que estaba cerca de él, y me encanta porque la oración de Jesús y el deseo de Dios es que le conozcamos a él, porque en él está la Vida, en el está la VIDA, esta TODO.
La ilustración es verdaderamente sorprendente: pienso en un niño saciado en el regazo de su madre, tal vez no hay imagen de alguien más satisfecho, confiado, contento, que sabe a quien le pertenece, que se sabe amado, protegido, que nada le falta, nada le importa y está seguro… que podamos nosotros experimentar lo mismo y orar de esta forma de manera continua.

Mi alma en mi nada reclama. Y preguntaba a Dios ¿cómo Señor? Si hay infinidad de cosas que reclaman mi atención, que ocupan mi mente. Pero me doy cuenta que cuando hay reclamos es porque hay deuda, enojo, tristeza, hay más voces, otros dueños de mi supuesta paz. Nuestro corazón se encuentra dividido… pero cuando no hay reclamos, es cuando hay paz. Es cuando el alma reconoce que todo lo que es, lo que tiene, lo que puede hacer, lo que ama y lo que espera descansan en un Dios Padre lleno de amor y digno de confianza. Se basta con conocerlo, con saberlo cerca, con escucharlo y dejar de escuchar las demás voces siempre demandantes del mundo y de nuestro interior, es escucharlo a él. Aquí creo que podemos agradecer la relación de David con Dios. ¿Saben? Creo que la mejor forma en que podemos servir a otros es con nuestra propia relación con Jesús….

Y el salmo termina así: Israel, pon tu confianza en el Señor desde ahora y para siempre, desde el día de hoy…y cambiemos Israel y pongamos nuestro nombre. El es digno de confianza y si ustedes no lo sabe o no lo ha comprobado todavía esa es la primera invitación que hago: conózcanlo, él nos dio a Jesús y en su vida, muerte y resurrección está presente el amor de Dios que se entrega a si mismo por la humanidad, que se hace al alcance de nosotros y nos permite relacionarnos nuevamente con Dios. Y para aquellos que ya le hemos aceptado, ¿lo que conozco de Dios me permite decir las cosas como David las decía? ¿Qué cosas están ocupando mi mente, mi corazón? No solo entreguémosle eso a Dios, no solo le traigamos la carga, la invitación es a aprender de Él, a conocerle.

Confiemos, esperemos, conozcámosle….
Gracias Señor.

27 septiembre, 2008

Leyendo Marcos 1:35-45 y recordando algunas palabras de Nouwen en El Camino del Corazón

Siempre hay muchas necesidades: familiares, personales, económicas, sociales, físicas, emocionales, espirituales, intelectuales…algunas afectan más que otras, algunas ejercen más presión y causan mayores efectos en nosotros.

Al principio del evangelio de Marcos, se nos narra como Jesús inicia su ministerio. Él se nos presenta como el Hijo de Dios, más tarde es bautizado, elige a sus primeros discípulos, expulsa demonios y sana enfermos. La gente se empieza a preguntar sobre su identidad, al parecer sólo los demonios le reconocían como el “Santo de Dios”. Pero la gente acudía a él en multitudes, todos con sus propias necesidades, muchos querían conocerle tan sólo por lo que él les podía solucionar, sus intereses eran mezquinos, resolver sus propias situaciones. Muchas veces así nos acercamos a Jesús, queriendo tan solo que nuestras necesidades se resuelvan y que nuestros temores e incertidumbres se disipen. Y bueno, Jesús no los manda lejos, él les responde, les toca, les sana, expulsa demonios y revela su gloria en medio de las multitudes necesitadas y también en la intimidad de los hogares, como el de Pedro.

Cuando llegamos al verso 35, nos narra que Jesús “se levanta”, “sale” y “se va”, muy de mañana a un lugar solitario a orar. Es decir, él toma acciones concretas para tener una oportunidad y encontrarse en intimidad y soledad con el Padre. ¿Por qué tendría Jesús que apartar estos tiempos? Pienso en dos cosas: una es que nos deja un hermoso ejemplo a nosotros y la otra es que considero que estos momentos eran necesariamente fundamentales para que Jesús entrara en contacto con su verdadera esencia, con su propia naturaleza divina y aún cuando el Padre estaba con él, él pudiera estar consciente de ello, lo necesitaba. Realmente mis palabras no pueden describir este misterio, pero algo intento. No sabemos que hablaba Jesús con el Padre, pero la Palabra nos dice que todo lo que Jesús hacía y decía era lo que había visto y oído del Padre. Era una intimidad total, tiempos especiales, tal vez Jesús le contaba de lo que sucedía en el mundo y cómo estaba él en medio de todo esto, y seguramente después pedía la voluntad total de Dios, y escuchaba. No lo sabemos, pero si reconocemos lo básico que es para la vida cristiana tener tiempos a solas con Dios, tiempos en los que apartamos nuestras vidas, y en medio de la agenda abrimos el espacio para un encuentro con Dios, aún después de haber visto tanto y haber hecho tanto, como Jesús en ese contexto.

Sus discípulos lo buscaban, y le dicen “todo el mundo te busca”, e imagino la tentación que habría de significar, saber que eres necesitado, que “el mundo” requiere de tu presencia y de tu accionar. Pero Jesús tenía muy claro su papel, tenía muy clara su misión, y la razón por la cual estaba entre los hombres, como uno de ellos. Él venía a enseñar, a enseñar el reino de Dios a los hombres, a decirles: “El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!” Jesús mismo era las buenas nuevas, con él se inauguraba el reino de Dios, ese que consiste en poder, el reino que está ya entre nosotros pero no que habrá de establecerse plenamente si no hasta que él regrese. Vivimos en la realidad de ese reino por Jesús mismo, y este avanza aún sin que nosotros nos percatemos, hay realidad mayores y otras más pequeñas, pero hay señales del reino donde quiera que veamos, podemos en la fe, reconocer que Dios está presente y actuando en nuestro mundo, siempre, aún cuando las cosas parezcan fuera de control. No es un mero discurso ordenador del mundo, que pretende darle sentido, es la Verdad, y en este mundo tan tolerante, la Verdad suena como una arrogancia.

Y Jesús recorrió toda Galilea anunciando las buenas nuevas y expulsando demonios, es decir, hablando y demostrando su poder real. Jesús enseñaba como quien tiene autoridad, claro está que era el mismo Dios hecho carne, pero aún así sus palabras iban a acompañadas de hechos, no eran vacías ni estaban saqueadas de valor por una vida inconsistente con sus dichos.

Y después viene uno de mis pasajes favoritos de este evangelio, posterior al relato de Jesús a solas con Dios. Un leproso se le acerca y le pide que si quiere, puede sanarlo. Jesús no le dice si puede, eso no está en duda, la pregunta apela a la voluntad de Jesús. La lepra era vista como un castigo divino, y Jesús venía con poder de Dios, aquel hombre muy seguramente dudaba de la voluntad de Dios para sanarle, podemos pensar que ya se lo había pedido. Y se lo dice a Jesús, y Jesús no solamente lo sana, sino que lo toca. ¿Por qué tocar a un leproso? ¡Es una verdadera locura! Bueno, Jesús no parece tan cuerdo en los evangelios, y movido a compasión, lo toca para sanarlo. No solamente le proveyó la sanidad física, le permitió ver su amor, su aceptación, su preocupación y le animó a incorporarse nuevamente a la sociedad y a su familia, de la cual había sido marginado. Jesús hizo una obra integral en su vida y aquel hombre no pudo quedarse callado después de este milagro que transformó su vida, aún cuando Jesús le pidió que no hablara, pero cómo no hacerlo.

El ministerio de Jesús no era uno impulsivo, que buscaba responder a todas las necesidades, era compasivo y acorde a la voluntad de Dios, la cual era clara para él porque guardaba una intima relación con el Padre. Y claro que a Jesús le dolía la necesidad de la gente, los perdidos en medio de las multitudes, el dolor de la enfermedad y el pecado. Pero sabía que sí él no hacía la voluntad del Padre, todos estaríamos hoy perdidos y sin razón de vida y en vaciedad. Él nos liberó del pecado y de la muerte y hoy gozamos de vida verdadera en este mundo y en el que viene, por su amor, su sacrificio, su obediencia, su entrega y su sufrimiento. Porque el ocupó nuestro lugar en la cruz y su sangre hoy nos limpia de todo pecado.

Es mi oración, que mi ministerio también sea uno compasivo, uno que resulte no de los impulsos de mi activismo ante la necesidad del mundo, sino que realmente surja de un corazón cercano al Padre, que sabe que debe hacer y decir porque lo ha escuchado del mismo Dios. Un ministerio que nace y bendice a otros porque cada vez mi vida es transformada a la imagen del Hijo.

26 septiembre, 2008

Lo sencillo

Entre muchos libros, pensamientos y papeles, me siento perdida, siento que la monumentalidad de mis proyectos me sobrepasa, la frustración me inunda. Pero cuando después de un día de trabajo, de clases, de reflexiones sobre la historia, la vida, la realidad, la memoria y todo aquello que puede constituirse como una fuente para el quehacer historiográfico, me detengo. No siempre mi corazón y mi mente se detienen con mi cuerpo, e incluso a a veces mi cuerpo se resiste a parar, pero quedo rendida ante el sueño y el cansancio. Hoy fue un día de esos, que entre las complejidades, lo único que resuelta cuerdo es lo sencillo, lo sencillo. Y no es que sea sencillo porque no sea profundo, sino sólo un niño lo podría entender. Sólo alguien como un niño lo puede experimentar. Tú nos lo has querido revelar, nos has querido decir como eres, y ahí es donde yo reposo, aún cuando el mar interior esté revoloteándose. Porque a pesar de todo lo que hago, Tú me eres suficiente. Gracias por llamarme anoche, y en esta mañana a considerar tus palabras, a considerar tu yugo, la ligereza de tu carga, tu descanso y por la invitación renovada a conocerte. Quiero vivir como una niña en los brazos de su madre, sabiendo a quien le pertenezco, en quien se encuentra mi valía, mi refugio, mi amor...y todo lo necesario.

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