30 noviembre, 2010

Pruebas y tentaciones

La Biblia es una constante compañera en mis viajes. En esta ocasión, fue durante tiempo devocional en Cancún, dirigido por un hermano de Intervarsity (movimiento estudiantil en EU afiliado a la CIEE) que me ayudó a entender mejor lo que estoy viviendo y también a cerrar algunas cosas que ya venía “masticando” antes y durante el ENA (Encuentro Nacional de Asesores de Compa).

Es Juan 6, y si lo leemos podemos imaginar las escenas, las personas, y hasta los olores que el discípulo amado nos dibuja. Creo que hay mucho que podemos sacar del pasaje que va de los vv. 1 al 21, pero ese será la labor de cada lector-peregrino. Yo sólo quiero hacer algunos aportes reflexivos…

  • La prueba de Felipe: Jesús sabe perfectamente que hará, pero él quiere que sus discípulos participen de la obra, y los pone ante una circunstancia que los supera…. ¿Suena familiar? Felipe ve la “realidad”, pero Jesús ya tiene un plan que va más allá de lo posible. La pregunta de Felipe: ¿dónde vamos a comprar pan para toda esta gente?, debía ser diferente. Debemos responder algo así como: “No tengo idea cómo puedes ayudar a todo este mundo de gente que nos rodea, pero me has puesto para servir en tu Reino. Tú tienes el control y al depender de ti, podré ver tu gloria en el amor y el servicio sacrificado...
  • La tentación de Jesús: Jesús huye cuando la gente lo quiere hacer rey. La gente reconoce que él es el mesías, pero no les ha quedado claro qué tipo de salvador es Jesús. Antes de la corona, tenía que pasar por la cruz. Así que se retira a la montaña, a la soledad. Y aquí me permito algunas inferencias y reflexiones personales: ¿Qué tan consciente estoy de mis propias tentaciones? ¿Huyo o dejo que otros me “coronen”? ¿Busco mi gloria o la voluntad de Dios?
Las palabras de ánimo: En medio de una tormenta por la noche, Jesús se acerca a la barca de sus discípulos y estos se asustan. Están presenciando un milagro: Jesús camina sobre el agua. Lo que los tranquiliza es saber quién es el que viene caminando y escuchar: “No tengan miedo; que soy yo.” En medio de nuestras propias pruebas y tentaciones, esas palabras suenan más fuerte que cualquier viento… Y el Jesús que dijo esto a sus discípulos, nos lo repite constantemente en su Palabra.

21 noviembre, 2010

compañer@s peregrin@s en el viaje

He compartido el camino con varias personas, pero desde que vi de nuevo a una amiga sentí la necesidad de escribir un poco sobre el tiempo con ella.

La conocí hace años y juntas trabajamos en la directiva nacional estudiantil de Compa, viajamos juntas, planeamos y compartimos tiempos lindos de conversación y estudio. Ahora, algunos años después, las dos estamos en diferentes momentos, y aunque no tenemos definido nuestro futuro, Dios ha hecho cosas extraordinarias hasta ahora en su vida.

Muchas veces me pregunto cómo se ve un cristiano o cristiana en la política, cómo es su vida cotidiana, los desafíos que enfrenta y cómo puede mantenerse íntegro en medio de tanta corrupción. La integridad es desafío para todos en cualquier ámbito, pero un ciudadano del Reino de Dios como servidor público que viva bajo los valores de ese reino es un reto gigante ante la falta de modelos.

Dios le ha abierto puertas a ella, y la ha puesto en lugar donde puede influenciar a muchos, donde puede usar recursos gubernamentales de forma más justa y ayudar a los necesitados de su tierra. Ella se ha dedicado a ver los rostros de los indígenas mayas y hasta de aprender su lengua para poder escuchar. Me ha hecho pensar que nuestro caminar por el ministerio estudiantil nos forma para la vida y que de igual manera de ahí Dios nos llama a tomar diferentes lugares en el mundo para mostrar su gloria a otros...

Sólo escribo algunos pensamiento a partir del re-encuentro. Son microrelatos de esperanza, que se viven y escuchan aún en medio de contextos tan sucios como la política en México. Mi oración es que Dios me permita ver y participar de la formación de más ciudadanos del Reino, comprometidos con hacer brillar su luz en este mundo.

08 noviembre, 2010

Reflexionando en "el viaje"

Aquí estoy de nuevo, en un aeropuerto, disfrutando, pensando, leyendo, hablando con Él, escribiendo.

El libro que empaqué para este viaje se titula algo asi como "El camino: Un peregrino en las tierras del Espiritu" de Alister McGrath. Ha sido lindo reflexionar más en la vida cristiana como un caminar, una aventura, una travesía o algo similar. Las imágenes que evoco cuando me pienso así, como peregrina, caminante o extranjera que se dirige a un Sitio se nutren de las cartas neotestamentarias cuando Pedro y Pablo se refieren a los cristianos como eso: extranjeros y peregrinos. Somos exiliados, ciudadanos de otro Reino viviendo en el mundo, con un lugar en el Mundo, con responsabilidad hacia él, con la encomienda de llevar Vida y construir Vida, pero con un destino final que llena de esperanza.

En este viaje hay (como siempre) algunos detalles y cosas antes y en el proceso que me llevan a buscar depender de Dios en cosas pequeñas y otras un poco más grandes, si así podemos referirlas. En esta ocasión también he corrido un poco menos y he tenido más tiempo de preveer. No siempre tenemos esa oportunidad, pero cuando la hay, se aprovecha y ayuda en medio de las contigencias. En el viaje he tenido que cargar con pendientes de casa, con proyectos inacabados, han comenzado las charlas profundas y esos espacios para pensar la Vida y reflexionar el camino.

Tengo preguntas para el viaje, algunas de antaño y otras que se construyen así: viajando o caminando. Tengo expectativas de llegar al Sitio, esperanza final. Y es fácil pensar en esto cuando lo vivimos como "microrelato", porque estoy en el trayecto para llegar a un lugar, con mis propias inquietudes, ansiedades, ganas de compartir, gozos, algunas tristezas. Veré a gente a quien quiero, con quienes he compartido la Vida a la distancia y sé que habrá espacios para el disfrute de toda Su Creación. Si esto es en su manera glorioso y esperanzador, cuánto más no lo es la meta de la vida con Cristo. Una que se camina con él y nos llena de plenitud, nos desafia a construir en amor y verdad. Y nos asegura un porvenir sin dolor, armónico, justo, lleno de Su Gloria, donde la igualdad, la verdad, el amor, la paz, la justicia, la dignidad, el trabajo y todo lo bueno se vive bien. El cumplimiento y culminación de todas sus promesas.

Pero mientras, hemos de caminar como ciudadanos de ese Reino, aunque exiliados. Ayudando a que otros vean su Gloria, haciendo brillar la luz que llevamos para el mundo le reconozca,. ¡Linda tarea, digna de reflexionarse mientras viajamos!


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