23 octubre, 2016

Consuelo y belleza

 Hoy cumplimos dos meses en Vancouver, y estamos en pleno otoño.

Esta mañana, caminando de regreso de la iglesia Abdiel y yo nos dimos cuenta que apenas en estos días comenzamos a escuchar al Señor con más claridad y con menos agenda nuestra. Nos sentimos rodeados del amor de Dios en tierra extranjera y en medio de toda la transición, las aguas comienzan a calmarse y el corazón está más quieto. En medio de un ritmo más sano de estudio, descanso, tiempos de silencio y de escribir, percibo a Dios cerca, trayendo consuelo más allá de lo esperado.

El semestre en Regent está a su máxima exigencia, con trabajos que escribir, muchos libros que leer, pero estoy disfrutando de ser estudiante y hasta gozando la presión de las entregas. Leo, pienso y escribo sobre las mujeres en la iglesia primitiva, sobre otras profetas del siglo XIX y estudio a profundidad Salmos 2… Las semanas se nos llenan de alegría al compartir la mesa con nuevos amigxs y ser invitados a otras mesas. El consuelo de Dios ha venido en forma de personas nuevas que alegran la vida y de amigxs a quienes reencontramos por estos lugares.

Nuestras tardes entre semana son tiempos compartidos entre Abdiel y yo, con trotes a la orilla de Jericho Beach, cenas sencillas, música latinoamericana, un té caliente y momentos para escribir. Los fines de semana están llenos de personas nuevas para nosotros, quienes dejan su marca en el corazón, y de buscar espacio para hablar con los nuestros en Tijuana. Dios ha sido muy bueno con nosotros. Dios es bueno.

Parece que el otoño nos está ayudando a morir, a dejar todo lo que cargábamos, lo que estorba, lo que no trae vida y renunciar personalmente a mis deseos, mi voluntad y mi agenda. Entre sus manos puedo bajar mis defensas, renunciar al deseo de control, ceder a Dios y a lo que él tiene para mí sin tanta objeción. Su consuelo es grande y es hermoso. Hay belleza en esta estación, en la caída de las hojas, en la lluvia que limpia, en el frio que desaparece ante el cobijo de los abrazos y el hogar. Hay belleza en la limitación de las estaciones, y en particular el otoño evidencia la paradoja de cómo la “muerte” de la naturaleza trae consigo la esperanza de renovación, y en todo hay belleza. 

19 octubre, 2016

Tiempos de retiro


No sé cómo olvidé que sin silencio y soledad me voy perdiendo poco a poco. En estos dos meses en Vancouver he tomado algunos tiempos de retiro y cada vez estoy más convenida que la práctica espiritual que más requiero es la del silencio.

Me ahogo entre mis distracciones, las muchas voces propias y los gritos de un mundo ensordecido me dejan aturdida. Soy más sensible de lo que quisiera reconocer, pero Dios así me hizo y sin el silencio que me permita escucharle, me pierdo.

El silencio se cultiva. Dios nunca nos abandona; ha estado conmigo siempre. Pero en ocasiones no le escucho. Creo que Dios me ha estado llamando al silencio y la soledad con él, sabiendo mejor que yo cuanto le necesito…pero me ocupé de otras cosas y lo olvidé.

Es en el silencio, sabiendo que estoy segura en Él que comprendo más de quien es Dios. Las imágenes maternas de Dios son una invitación al descanso, la confianza y el amor. Su susurro de amor y aceptación incondicional son sanadoras.

Las sombras de rechazos pasados aún me persiguen, pero Dios no abandona. Me invita a echar raíces en su amor, para crecer y fructificar amando a otros como Él ama. He de morir primero, para dar nueva vida. Las estaciones y este otoño canadiense me lo recuerdan.

No quiero olvidar cuánto necesito callar para escuchar Su voz, no quiero olvidar cuando le necesito. 

16 octubre, 2016

Tijuana


Quisiera ver cómo te pintas de otros colores y probar tus nuevos sabores.

Extraño tu playa fría y hasta ese muro que se nos impone.

Quisiera ver de nuevo a aquellxs que cada semana se reúnen para darse “la paz” con los meñiques;

a lxs que con sus actos sencillos desafían al Imperio.

Quiero recorrer tus calles y ver los rostros cansados,

esos que se alegran ante un saludo o la risa de un niño desconocido.

Extraño las sonrisas que intercambiaba con extraños en las calles,

Y la sensación de estar en casa entre tus más de 2 millones de habitantes

Quisiera que mi corazón se rompiera con las historias de los miles llegados a ti,

y comenzar a tejer la vida con esos que tal vez se queden.

Sé que me frustraría con las iglesias frías a las que no les importa si matan a tus migrantes,

ni quieren saber los nombres de quienes acaban de llegar y probablemente no se queden.

Lloraría contigo por las juntas de liderazgo, los Sínodos y las Conferencias que resisten escucharte 

con acentos guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, haitianos o del sur de México.

Pero me alegraría de saber que algunxs por su fe y humanidad atienden a tus recién llegados y querría estar cerca de ellos.

Quiero caminarte con una esperanza renovada, soñar cerca de tu playa, llorar en comunidad por tu dolor y verte pintada de colores brillantes, con brazos abiertos para recibir a los miles que faltan. 



14 octubre, 2016

Ser profeta

Desde algunos meses pienso mucho en la labor profética. Mis lecturas bíblicas y de otras fuentes, así como la experiencia de vivir y ser profundamente afectada por este mundo me han hecho pensar y re-pensar mi fe desde el rol de los profetas. El libro del profeta Jeremías me fascina, tiene algo que me atrae constantemente, y lo ha hecho por varios años en distintas etapas de vida. Este verano estudiamos Miqueas en el proyecto binacional entre Compa e Intervarsity, lo cual hizo que las palabras de este profeta hebreo parecieran muy actuales. También, en la preparación para enseñar los Salmos profundice en la manera que una vida enraizada en la realidad de Dios permite navegar entre el lamento y la esperanza, los cuales son ingredientes claves para la denuncia profética.

Ahora, mientras sigo leyendo a Josephine Butler, esa mujer inglesa del siglo XIX, y su comprensión del rol profético de mujeres y hombres me siento aún más llamada. Ella se apropia del rol profético e invita a considerar la necesidad de escuchar a lxs verdades profetas, es decir, a aquellas y aquellas que muestran el corazón y la mente de Dios en el mundo real, a partir de las Escrituras y de una relación íntima con Él. Josephine misma mostró su conciencia profética, como cristiana, al profundizar en el estudio de la Biblia, esforzarse por comprender el mundo que lo tocó habitar y dejar que su fe hablara a su mundo. No fue su deseo de poder lo que la llevó a hablar o rebelarse, sino su profunda convicción de un Dios que creo a hombres y mujeres en equidad y de un Jesús liberador y proveedor de perdón y restauración para todxs. Ella luchó por los derechos de las prostitutas y la doble moral que culpaba solo a las mujeres y justificaba a los hombres.

En el verano me aventuré también en la vida de Monseñor Romero, el salvadoreño que fue profeta de Dios en tiempos turbulentos y finalmente fue asesinado. Estudié su proceso de “conversión” y la manera en que las Escrituras y su experiencia le llevaron a ver a los pobres, la injusticia, el poder y la ambición desde la óptica de Dios. Él usó todos los medios a su disposición para llamar a ricos y pobres al arrepentimento y para denunciar las injusticias cometidas contra el pueblo salvadoreño motivados por al amor al dinero. Sus homilías están plagadas de Evangelio y de palabras que hacen eco de Jesús…

Butler y Romero han sido mis héroes del siglo XIX y XX y han hecho del estudio de la historia de la iglesia una fuente de esperanza. No son los únicos, pero he sido atraída a ellxs y he tomado de ellxs el desafío de profundizar en la Biblia, de vivirla, de entender mejor mi mundo y de conectar la fe con la realidad actual. ¡Qué desafio! Ambos vivieron en su propia vida la tensión de las necesidades del mundo y de su profunda necesidad de Dios, y cultivaron una relación viva con Jesús. Sin duda, fue Dios y la comunidad que les rodeo lo que permitió que hicieran historia.

Es probable que ni yo ni otros seguidorxs de Jesús nos pongamos el título de profetas, que ha sido tan manoseado entre los evangélicos hoy en día, pero creo que habemos muchxs llamados a ser profetas de Dios. No traemos una nueva revelación, sino la aplicación de la vida de Dios, las enseñanzas de Cristo y la vivencia de Su Reino a este siglo y este mundo repleto de oscuridad y muerte. Tal vez sea que todxs los que nos llamamos cristianxs debamos tener un poco de profetxs y locxs. Así sea. 

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