19 febrero, 2012

Una oración de David (Salmos 55)*

1Escucha, oh Dios, mi oración;
no pases por alto mi súplica.
2 ¡Óyeme y respóndeme,
porque mis angustias me perturban!
Me aterran
3 las amenazas del enemigo
y la opresión de los impíos,
pues me causan sufrimiento
y en su enojo me insultan.

4 Se me estremece el corazón dentro del pecho,
y me invade un pánico mortal.
5 Temblando estoy de miedo,
sobrecogido estoy de terror.
6 ¡Cómo quisiera tener las alas de una paloma
y volar hasta encontrar reposo!
7 Me iría muy lejos de aquí;
me quedaría a vivir en el desierto.
8 Presuroso volaría a mi refugio,
para librarme del viento borrascoso
y de la tempestad.

9 ¡Destrúyelos, Señor! ¡Confunde su lenguaje!
En la ciudad sólo veo contiendas y violencia;
10 día y noche rondan por sus muros,
y dentro de ella hay intrigas y maldad.
11 En su seno hay fuerzas destructivas;
de sus calles no se apartan la opresión y el engaño.

12 Si un enemigo me insultara,
yo lo podría soportar;
si un adversario me humillara,
de él me podría yo esconder.
13 Pero lo has hecho tú, un hombre como yo,
mi compañero, mi mejor amigo,
14 a quien me unía una bella amistad,
con quien convivía en la casa de Dios.

15 ¡Que sorprenda la muerte a mis enemigos!
¡Que caigan vivos al sepulcro,
pues en ellos habita la maldad!

16 Pero yo clamaré a Dios,
y el Señor me salvará.
17 Mañana, tarde y noche
clamo angustiado, y él me escucha.
18 Aunque son muchos los que me combaten,
él me rescata, me salva la vida
en la batalla que se libra contra mí.
19 ¡Dios, que reina para siempre,
habrá de oírme y los afligirá!
Esa gente no cambia de conducta,
no tiene temor de Dios.
20 Levantan la mano contra sus amigos
y no cumplen sus compromisos.
21 Su boca es blanda como la manteca,
pero sus pensamientos son belicosos.
Sus palabras son más suaves que el aceite,
pero no son sino espadas desenvainadas.

22 Encomienda al Señor tus afanes,
y él te sostendrá;
no permitirá que el justo caiga
y quede abatido para siempre.
23 Tú, oh Dios, abatirás a los impíos
y los arrojarás en la fosa de la muerte;
la gente sanguinaria y mentirosa
no llegará ni a la mitad de su vida.
Yo, por mi parte, en ti confío.

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  • Lee de nuevo el v. 6; ¿alguna vez te has sentido así?
  • ¿Has renegado de la vida, tu vida o de Dios? No estás sólo...muchos hombres y mujeres en la Biblia lo han hecho. Es parte del relacionarnos con un Dios personal.
  • ¿Cuál es la respuesta? Lee de nuevo los vv. 16-19 y 22-23. Clamar, orar, relacionarnos con Dios, confiar, reconocer que él reina, confiar, encomendarnos a Dios, descansar en él, confiar.

*Algunas reflexiones de la enseñanza dominical de hoy...

17 febrero, 2012

En medio de la tragedia, nos afirmamos en la Esperanza

Ayer platicaba con un amigo, y de alguna manera reflexionamos sobre todo lo que ha pasado en nuestras vidas y alrededor de nosotros recientemente. Cuando el dolor es más fuerte, cuando la tragedia pega tan cerca y cuando la enfermedad irrumpe de forma inesperada, las cosas se ven como son en este mundo: inciertas. El sentimiento de incertidumbre y vulnerabilidad se hace muy real y muchas cosas en el corazón también se descubren. Dios parece ajeno, pero NO, en medio de todo es cuando lo vemos más claro, cuando habla con más fuerza.

"Él que está sentado en el trono es soberano y reina", son las palabras que nos decimos y nos animan en estas últimas semanas. Justo habíamos estudiado Apocalípsis con algunos estudiantes para el campa regional, y ahora nos acercábamos al evangelio de Juan para compartirlo en un estudio bíblico de los miércoles. Dios había hablado afirmando sus propósitos y mostrándonos quien es. Había preparado el corazón, y yo sólo puedo contar lo que yo he vivido, pero puedo decir que he visto a Dios obrando para bien, aún en lo que no pareciera traer ningun beneficio...

También entendemos que el mundo está mal, y que nosotros somos peregrinos acá, que anhelamos nuestro hogar con Dios. Sin embargo, Jesús no nos invita a escapar, sino a quedarnos, a conocerlo desde ahora, a mostrar su gloria a otros, a que otros le vean a Él. Porque nuestro mundo está dolido, enfermo, necesitado y lejos de Dios. Nosotros que le conocemos, sabemos que es Dios con nosotros, pero muchos no lo saben. Tenemos que anunciar eso al mundo, conscientes de que hay Uno que reina, que tiene el control y que sus planes eternos se están cumpliendo. Tampoco somos simples espectadores, Él mismo nos invita a participar de sus planes, a ser sus colaboradores, a asumir su esperanza y ver con sus ojos. Tenemos un gran privilegio... y nunca se nos dijo que sería fácil, pero nos prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo y en eso confíamos.

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