24 febrero, 2014

Recordando el Evangelio

La sorpresa de este muy lindo y extraordinario fin de semana fue el recordatorio del amor de Dios, sus buenas noticias para mí, lo que llamamos EvangelioNo esperé escuchar tan claro el mensaje el domingo, porque no esperaba encontrar a Jesús en la reunión de una iglesia local. En mi experiencia, muchas veces veo a Jesús más claro en los lugares cotidianos y en medio de las conversaciones sobre la mesa que en los edificios de las iglesias. Pero me sorprendió y estoy agradecida. 

El mensaje fue claro, breve, sencillo, sensible y con humor. Al final, se abrió para preguntas y respuestas y muchos fuimos tocados por las palabras que venían de la Biblia, en el libro de Isaías 49. La razón por la que el mensaje hizo tanto eco en mí fue seguramente porque estoy en una etapa en la que sé del amor de Dios, pero mis pensamientos y sentimientos me traicionan. Inclusive, mi experiencia me ha hecho dudar del amor que me transformó hace 11 años cuando lo comprendí por primera vez. 

Es algo difícil de explicar, pero estoy segura que quienes han pasado por esto, lo entenderán bien. El amor de Dios es real y su perdón y misericordia son la razón por la que sueño, trabajo, gasto mi vida en lo que hago y espero lo inimaginable con expectativa. Sin embargo, lucho por recibir Su amor. Siento que no lo merezco y pienso en ocasiones que ya no tengo remedio. Por eso cada vez estoy más consciente que los sentimientos son parte de quien soy, pero tampoco definen mi valor e identidad. Son engañosos. Pero ignorarlos no es suficiente ni lo mejor, después regresan con más intensidad. 

Cuando estoy luchando con esto que atenta contra mi valía personal y que no entiendo muy bien de donde proviene toda la desilusión, la frustración, la inseguridad o el desconsuelo Su gracia me encuentra de maneras muy especiales e inesperadas. Hay datos de gracia que Dios revela en susurros sobre las áreas que necesitan sanidad y conversión, y en otras me invita solamente a recibir aceptación y más amor. 

Entonces, ¿cómo hacer frente a los momentos dificiles en la vida, esos que no tienen razón en lo externo, sino en lo profundo de nuestro ser? Les comparto algunas ideas muy prácticas: 
"El Regreso del Hijo Pródigo" de Rembrandt



  1. Transparencia con Dios en oración. 
  2. Vivir en comunidad/ Conversaciones de gracia y honestidad con los otros.  Decía Boenhoeffer: "El Cristo de mi hermano es más grande que el Cristo que hay en mi."
  3. Recordar el Evangelio. Cuando la duda es más intensa, recuerda la Cruz, ahí se disipan las dudas sobre el alance de Su amor. 
  4. Tener mentores: personas mayores que caminen con nosotros y libros que puedan ser útil en estos procesos. Henri Nouwen ha sido guía y maestro de muchos. 
  5. Abrir espacios para recibir el amor de Dios. Las disciplinas espirituales pueden ser un canal para esto. 

19 febrero, 2014

Reflexiones del Camino

Este año se proyecta para estar lleno de cosas nuevas, muchos desafíos, viajes, ausencias, encuentros, estudio y universidades. Hay nuevos planes, otros que se concretan y en medio de todo me siento muy pequeña y vulnerable. Justo la semana pasada fuimos sorprendidos con la muerte de seres amados y esto no hace más que acentuar mi/nuestra fragilidad. No puedo cambiar lo que ya pasó, pero si puedo dejar que Dios siga transformándome con su amor. Las experiencias difíciles o dolorosas tienen la bondad de llevarnos a lugares más profundos de nuestro ser y a poner sobre la balanza nuestros valores y la manera que estamos viviendo.  

En los últimos meses estoy más consciente de mis debilidades, flaquezas y quebranto como ser humana. No logro repararme a mí misma. En ocasiones ni siquiera discierno bien la raíz mis reacciones y emociones. La lucha es constante y aun cuando logro ignorar la inseguridad o el dolor; la presión o el cansancio sacan lo que hay dentro. Mi horizonte parece muy desalentador… Por eso, en medio de todo el disfrute y el dolor de la vida, vale reconocer que ESO no lo es todo. Ahora me explico:
  • La vida, hay que aprender a vivirla. La búsqueda de esto tiene que ver con reconocer a Dios en el centro y vivir bajo sus ideas y diseño. Necesitamos sabiduría para la vida cotidiana y no la que se memoriza o aprende con solo escuchar; es la que obliga a mirarnos con honestidad y reconocer avances y carencias.   Por ejemplo: 
    • ¿cómo comienzo mi día? 
    • ¿Cómo reacciono a la molestia de mi pareja?  
    • ¿Qué hago con mi enojo? 
    • ¿Perdono o guardo rencor?  
    • ¿Vale la pena renunciar a sueños buenos por otros mejores que requieren más fe? 
    • ¿Me quedo cómoda o me arriesgo a ganar, crecer, amar y sufrir? 
    • ¿Sigo los patrones destructivos que aprendí o los remplazo por otros que llevan vida a quienes me rodean?
  • La vida, hay que pensarla.
    •  ¿Vivimos para ser recordados o para dejar un legado eterno?* 
    • ¿Quién definirá nuestro valor e imagen propia? 
    • ¿Qué haré ante mis dolores profundos?
    • ¿Me arrodillaré ante los dioses de las riquezas cuando haya escasez? 
    • ¿En quienes o qué cosas invertiré mis fuerzas y gastaré mis energías?
    • ¿Qué guiará mis decisiones futuras? 
    • ¿Cómo enfrentaré las pérdidas y el fracaso?

Me doy cuenta que ante estas preguntas sé bien dar respuestas verbales correctas, pero la prueba viene en la experiencia del día a día. Y ya no quiero intentar dar buenas respuestas, porque es muy cansado. Sigo descubriendo que los cambios profundos son internos y no pueden autogenerarse. Necesitan de un amor grande, de una realidad superior a la mía y al mismo tiempo que entienda lo nuestro. Necesito ir con mis respuestas incorrectas ante Dios, con mis dolores y fracasos a la Cruz y abrir mi corazón a Su amor. Ese amor que busca, encuentra, recibe, se alegra y lo entrega todo.


*Frase prestada de Sheyla Ramos, amiga, mentora y misionera.

08 febrero, 2014

Campa Regional de Compa-Noroeste 2014 (mis notas personales)

 Por primera vez hicimos un campamento regional afuera de Baja California. Significó mucho para nosotros. Con esto reconocemos que Dios está haciendo cosas especiales y grandes en otros estados de la región y era necesario salir de la comodidad de estar “en casa”. El Noroeste es extenso geográficamente y variado culturalmente. Históricamente ha sido ignorado por motivo del extremo centralismo de nuestro país, y al mismo tiempo ha desarrollado una identidad propia en relación y respuesta a su cercanía con el norte. En estos últimos 4 años como obrera en Compa he aprendido a amar y valorar estas tierras y su gente.

El Campamento Regional fue una bendición. Me costó llegar, estaba cansada y un poco desanimada un par de semanas antes, pero Dios no deja de sorprenderme y solo me queda agradecer, aprender y reconocer Su gracia y amor por los estudiantes. Su llamado es claro para nosotros: seguirle, conocerle y obedecer. Mi oración por todos y cada uno de los estudiantes que estuvieron (y los que faltaron) es que seamos humildes, valientes, esforzados y dispuestos a Dios y su obra.

Este año recorreré nuevamente muchas ciudades de la Región, y el campamento fue un buen comienzo. Renovó mi visión para el trabajo y mi esperanza en el Reino de Dios. Dios se está moviendo en las universidades. Anhelo seguir formando a generaciones de estudiantes transformados por el Evangelio que impactan a su sociedad, la universidad y la iglesia.  


En esta ocasión fuimos 60, entre estudiantes y profesionistas, en el campa. Brad Bertelsen (obrero de Intervasity) nos guió en la exposición bíblica del Evangelio de Lucas. Brad conoce la región, vivió muchas años en Baja Cal. y en la frontera con Chihuahua y fue un regalo tenerlo entre nosotros. Nos desafío y animó con la Palabra y su vida. Al final vi muchas caras alegres, y no fue por un fin de semana de juegos y risas solamente; creo que Dios tocó corazones, nos llamó a arrepentirnos de nuestro egoísmo y nos mostró su amor incondicional. Hay muchas historias, pero ahora sólo quería escribir un poco de lo que fue el campa para mi, espero leer y escuchar más en los próximas semanas y meses de lo que significó para otros…  

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