17 enero, 2013

La realidad que no siempre vemos

Hoy estudiamos, como cada miércoles por 3 años y medio, una porción de la Biblia. Con menos personas en la casa, aunque conscientes de todos los que han llegado a sentarse con Dios a la mesa y los muchos que se encontraron con él en esos miércoles, leímos Apocalipsis 10 y 11. Probablemente es el décimo libro de las Escrituras que estudiamos juntos, no somos los mismos, muchos han cambiado el rumbo, otros de ciudad, algunos siguen con nosotros, pero en otras partes... ¡Son muchos los que han pasado por un miércoles de estos, como el de hoy!

Llegamos al momento donde a pesar de la complejidad del libro, ya entendemos mejor la manera en que Juan escribe, lo que significan algunos símbolos y lo fundamental que el viejito en Patmos quiere comunicar: la revelación de Jesucristo. Ya hemos comprendido que hay alguien que conoce TODA la historia, que es rey soberano, que tiene todo el poder, pero que se presenta como es, un Cordero herido para nuestro rescate. ¡El Cordero que está sentado en el trono reina y ha vencido por medio de su muerte; en el centro de poder del universo reina Dios con amor sacrificial! En algun momento no pudimos ni expresar palabras al entender un poquito de lo que esto significa, pero nos unimos con las muchas voces, en las muchas lenguas, de las muchas tribus, de los que alaban a Dios.


Hoy, después de reconocer que Dios sabe la historia, que permite lo que pasa, que llama nuestra atención para advertirnos del peligro inminente de su juicio si no reconocemos nuestra necesidad de Él, llegamos al punto donde aparece Jesús, con sus buenas noticias para toda la humanidad y el llamado que nos hace a proclamarlas. No son noticias nuevas, vienen anunciándose desde siglos, para algunos ha sido motivo de burla, verguenza y juicio, pero para muchos ha sido realmente una Buena Noticia de Paz y Esperanza.


La misión de la Iglesia (en el cap. 11) resulta ser muy difícil, porque se enfrenta a todos los poderes del mal que gobiernan el mundo, pero se hace en el poder dado por Dios y bajo su cuidado. Aún cuando parece insignificante, la tarea de la Iglesia es clave en el proceso histórico del plan divino, y si lo hace fielmente, no será amada por el Mundo, de hecho,  muchos se alegraran ante su aparente derrota.


Su iglesia incomoda al orden establecido, vive bajo otros valores, deja ver la realidad del Reino inaugurado y sufre por vivir en la verdadera realidad de Dios. Pero Dios reivindica a Su Pueblo, le da Su vida y lo sostiene. Al final, sucede lo que se anunció desde el  principio, lo que Jesús inauguró y lo que anhelamos que sea consumado: El Reino de Dios. Un reino que se establece por medio del amor y el sacrificio, que vence a la muerte y al pecado, juzga la maldad del ser humano que amenaza la vida de su especie y de toda la tierra y trae recompensa a todos los que le aman, porque le conocen. En su Reino Su presencia está siempre...

11 enero, 2013

Futuro y Esperanza

¡Gracias a Dios llegó el nuevo año! Junto con esta gracia de Dios, llegué yo con sueños, anhelos y mucha expectativa. 

Sus primeros días parecen un vislumbre de lo que vendrá. Disfrute, amor, amistad, sueños, desafíos, mucho trabajo, vida vívida entre estudiantes y personas con muchas necesidades, dolor, fragilidad, un amor especial y familia. 


Las primeras palabras que reflexioné este año fueron unas que han hecho eco desde hace tiempo. Una invitación a permanecer en Dios, a ir a él en todo momento y circunstancia, en no abandonar la fuente de Agua Viva que es él y querer cavar mis propios pozos que no contienen agua, donde todo termina por desparramarse (como dijo el profeta Jeremìas hace siglos). En medio de mis propias necesidades y fragilidad pienso en mucho que pudiera ayudar a mejorarme o hacer mejor las cosas, pero la invitación de Dios es ir a él. 
Paul Cheng Image - A Future and A Hope

También he escuchado sus palabras de advertencia a mi vida y a un mundo que le ha dado la espalda. Dios no está quieto, sino activo y llamando nuestra atención de forma constante. Envió a Su Hijo,  nos ha dado Su Palabra, hay quienes la comparten y en medio de muchas situaciones de tragedia y desastre podemos verle también invitándonos a reconocer nuestra necesidad de él y el grave problema que yace en nuestros corazones. 

Y en el recorrido que llevo a más de la mitad del libro de Jeremías, allí, en medio de un pueblo sufriendo la consecuencias ante su rebeldía y orgullo que nos les dejó llegar a Dios humildes, las palabras del profeta irrumpen: 

"Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. En esos días, cuando oren, los escucharé.Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme.  Sí, me encontrarán —dice el Señor—. Pondré fin a su cautiverio y restableceré su bienestar. Los reuniré de las naciones adonde los envié y los llevaré a casa, de regreso a su propia tierra”."
De nuevo, la inexplicable misercordia y el amor de Dios. Ese que reivindica, que sólo pide un corazón humilde, que da fe por gracia  para creer, que cautiva y enamora. Ahora, cuando pienso la vida, cuando de pronto me asaltan las dudas y las inseguridades, los miedos y mis fallas, me recuerdan que Dios es fiel. He puesto mi vida en sus manos, he decidido creerle y arriesgarlo todo por seguirle. A donde quiera él, como quiera él. 


La invitación de hoy es a descansar, a ser fiel y dar pasitos de obediencia, y buscar la Vida sólo en él y no poner mi confianza en mi misma o en lo que otros la ponen. 

¡Razón tiene Jesús con su imperativo de que sólo al  perder la vida la hallamos! 


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