21 mayo, 2015

Las cosas están muy mal….

(EXPLOSIONES DE ESPERANZA) 

Y con esto no digo nada nuevo, no pretendo hacerlo. Al estudiar la historia de los siglos pasados me recuerdo a mí misma que las cosas nunca han estado muy bien y que no estamos avanzando hacia un mejor futuro. Tampoco soy pesimista pero me ubico en una realidad social profundamente rota –hasta la médula- que no alcanza siquiera sus ideales (presentes o negados), que cuando aspira a algo “bueno” eventualmente lo radicaliza, lo impone o lo echa a perder. Aun así, creo en la posibilidad de transformaciones humanas que requieren cultivarse con amor, paciencia, sabiduría y constancia. ¿Cómo lo integro sin perder la esperanza? Aquí entra de nuevo mi fe, esa que está presente al articular las preguntas, al buscar las respuestas y al mirar las realidades en las que me encuentro envuelta.

En estos días estoy saboreando la historia. Estudiar el periodo victoriano en Inglaterra y sumergirme en un contexto tan distinto al propio tiene muchas ventajas, desafíos e invitaciones. He tratado de dejar a un lado mis categorías para explicar el mundo, la injusticia, la familia, el poder y la resistencia; me he comprometido a entender un poquito a las mujeres que habitaron Inglaterra en el siglo XIX y como ellas, con sus posibilidades y limitaciones abrieron caminos de vida, dignidad, crítica, resistencia y transformación. Su fe me desafía y me inquieta también porque son muy diferentes. Algunas parecieran en exceso conservadoras y otras demasiado radicales, pero todas parten desde concepciones básicas de la fe que les marcan un rumbo político aún sin ellas querer salir de la esfera privada. Nombres como Octavia Hill, Florence Nightingale, Hannah More, Josephine Butler y otras no tan conocidas son mujeres fascinantes que me dejan intrigada y renuevan mi esperanza.


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Los temas presentes en mi corazón los últimos meses (y años) giran en torno a la posibilidad de cambio, la transformación personal y social, la crítica inteligente, la resistencia activa y pasiva y el lugar del individuo y de las comunidades. Todo esto, conectándolo con mi fe (nuestra fe) y tratando de articularlo desde una comunidad que vive la esperanza y requiere también de explicarla, articularla y defenderla. Por eso me fascinan los profetas hebreos, las mujeres del siglo XIX y los religiosos inconformes de diferentes generaciones que desafían al estatus quo con los valores mismos del Maestro y motivados por su confianza en el Evangelio del Reino de Dios. Las mujeres y los hombres del siglo XIX en Inglaterra re-descubrieron a Jesús y desde ahí articularon un discurso de libertad y transformación: No eran una mayoría y vivían en una “cultura cristiana” a la que ellos y ellas mismos criticaron, y aun así, con todas sus restricciones y como hijos e hijas de su tiempo, imaginaron un futuro diferente.


Yo me siento desafiada a vivir así, y por me siento llamada a
estudiar, y me siento motivada a amar, y a perseguir las inquietudes propias y las de otros. Quiero resistirme a creer que esto que vemos lo es todo. Por eso creo, aunque me juzguen conservadora, que necesitamos de los hombres y de las mujeres construyendo juntos y reconciliándose con quienes son; necesitamos desafiar las estructuras invisibles que nos definen por lo que consumimos o que nos dicen que nuestra identidad está ligada a nuestras prácticas sexuales. Ocupamos redescubrir nuestra humanidad, su corporalidad, la intimidad que se experimenta al ser vulnerables y que no se reduce a acto sexual. Necesitamos amigos y amigas, y necesitamos amar y ser amados. Requerimos recordar que lo noble en nosotros sigue siendo la capacidad del auto sacrificio y que eso no es resultado de una relación de poder que nos oprime solamente y necesitamos experimentarlo voluntariamente. Requerimos, aunque suene en extremo radical a estar dispuestos a desmantelar nuestra vida, a desaprender y construir de nuevo. Yo creo que esto es posible, porque creo que en las posibilidades del cambio y creo que la misión cristiana lo hace posible; por eso sigo a Jesús, por eso invito a quienes conozco a que lo haga, a que lo intente y que en el proceso esté dispuesto a ser reconfigurado para vivir más fielmente en la manera en que fue diseñado. Yo estoy en proceso…


13 mayo, 2015

Confesiones (feministas) al estudiar la historia cultural de la Inglaterra Victoriana

Estoy francamente conmovida y confrontada por la clase de hoy al ver mis prejuicios y concepciones a luz de otras experiencias históricas, al disponerme a aprender, a ser humilde y escuchar. Tengo ideas erradas sobre la emancipación de la mujer en la historia y lo que para mí parece como un avance progresivo. También he sido desafiada por una mirada y noción de la familia y del hogar muy contrario a lo que está funcionando hoy en día, cuando el Estado tiene la prerrogativa en la educación de los hijos. En muchas ocasiones he pensado que mis pensamientos son sinceramente progresistas, aunque anclados en lo que yo considero como valores cristianos. Esta clase me hace cuestionar ambas cosas: “mis pensamientos progresistas” y mis valores.  

No me siento en crisis, pero estoy maravillada por la manera en que la historia me abre a un mundo extraño. La Inglaterra victoriana con todo y sus injusticias dice mucho acerca del lugar de la familia, del hombre y de la mujer, y si uno escucha atentamente está lleno de una sabia resistencia de las mujeres, del papel fundamental del hombre en el hogar y también de los derechos de los niños. Claro está que mi mente hibrida (secularizada y cristiana) tiene muchas dificultades para aprehender esto. Estoy llena de prejuicios sobre la doble manera en que el cristianismo libera y subyuga a las mujeres, y al mismo tiempo incómoda con los límites de la esfera del rol público del hombre y el privado de la mujer. Pero estos cristianos del siglo XIX en Inglaterra están diciendo mucho más, ellos ven el hogar como la principal arena para la formación de la identidad ciudadana, es decir, una arena política. No están limitando a la mujer, le están cediendo un lugar preponderante.

Ahora, ¿y esto que significa para mí, mujer, latinoamericana, en siglo XIX? Creo mi pregunta es prematura, pero ya comienzo a repensar y preguntarme otras cosas. Siento una invitación a juzgar con menos ligereza, a reflexionar mejor y detenerme a escuchar más allá de lo que parece obvio. ¿cuál es el poder real de las mujeres? ¿cómo se resisten? ¿qué es en realidad lo que hace el machismo? ¿de qué manera las iglesias evangélicas en México entienden las relaciones entre el hombre y la mujer? ¿por qué yo no me siento satisfecha con las ideas tradicionales? ¿cómo se hace frente a la realidad de familias divididas y una situación de desigualdad y pobreza donde todos deben trabajar? ¿Cómo se reconfiguran los valores cristianos de la familia en sociedades cambiantes? ¿qué aspectos del feminismo radical me parecen exagerados y por qué? ¿de que manera ciertas ideologías se imponen sobre la mujer y el hombre y ejercen un poder coercitivo?


Considero que en este tiempo el paradigma de lo público y lo privado como esferas excluyentes ya no funciona para explicar la realidad de la mejor manera. La mujer parece tener un claro “rol público” pero el hombre se resiste a entrar en lo privado, ¿por qué? ¿Cómo influyen los factores culturales, económicos, políticos y religiosos? ¿qué significa para una mujer descubrir su voz y su cuerpo? ¿de qué manera el hombre evangélico percibe los cambios sociales que desafían su rol de “cabeza del hogar”? ¿qué dice la Biblia sobre esto? ¿de qué manera se están encarnando las Escrituras en nuestra subcultura? ¿qué nos dice el ejemplo del Dios que sufre y se sacrifica para dar vida a las relaciones entre hombre y mujer? ¿qué prácticas y actitudes no he observado en las comunidades en las que participo y cuáles he juzgado demasiado rápido? En este mundo y en esta sociedad, y en mi realidad, ¿Cómo relacionarme con otros bajo el modelo de Jesús?   Ya sé, muchas preguntas, esto apenas va comenzando. 

11 mayo, 2015

Desde Regent

No logré escribir antes de irme, pero ahora, estando en Regent y sabiendo que estas siguientes dos semanas tengo el privilegio de dedicarme a leer, escribir, pensar, buscar Dios en medio de todo y pasar horas estudiando me trajo un nuevo respiro. Tengo muchas preguntas y expectativas, y cuando escucho a otras personas articular sus propios cuestionamientos me siento inspirada a perseguir mis inquietudes, pero a hacerlo con perseverancia, compromiso y mucho amor.

Antes de hoy no pude escribir algo para compartir. Ha sido complejo comenzar una vida en pareja que conlleva tanto gozo y gozarse, cuando al mismo tiempo el mundo que habito se auto-destruye y desmorona con sus indiferencias. Presento dolores ante la humanidad deportada que camina nuestra ciudad, por el trauma que vivo en las dificultades de una amiga y la frustración de otros que no-conozco personalmente pero de quienes me dejo afectar porque su suerte es muy diferente a la mía y no me resigno a que deba ser así.

Me cuesta trabajo escribir cuando me siento en medio de una etapa de auto-descubrimientos a lado del hombre a quien amo. Algunos son muy personales, sobre mi fragilidad, mi calidad emocional, mis dolores, mis pasiones y también una afirmación de lo que parece que Dios quiere hacer en mí y en él. Solo vemos deslumbres radiantes pero hay túneles muy oscuros por delante sin idea de qué vendrá después…Pero Abdiel tiene razón, andamos sin miedo, ese se nos va quitando y con una esperanza anclada en el Dios que nos ha traído hasta aquí nos vamos preocupando menos.


Me sorprendió el cansancio, al punto de sentir que algo estaba muy mal. Un cansancio extraño que viene cuando uno vive con mucha intensidad. Y entonces me he preguntado más cómo vivir. Ni siquiera podía articularlo, y soy demasiado curiosa para conformarme con una respuesta simple. He asumido que el patrón del mundo es el mejor, pero no, ese me cansa y me deja desvalorizada. ¿Cómo he de verme a mí misma y a otros? ¿Cómo vivir para llevar vida a otros? Dios mismo está llamando mi atención, hay más en la vida de lo que ya conozco, hay mucha más Vida… Y entre profetas, activistas, resistencia y resiliencia, historia, misión, transiciones y revoluciones me voy encontrando, dejándome encontrar por Él y por él, y por otros...  Aquí seguiré compartiendo más.

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