21 noviembre, 2016

Amada, entre mil dudas.


Soy amada entre mil dudas. A veces, en secreto dudo que Dios me ama, no sé porque lo haría. Señor, sana mis heridas más profundas. Aún no entiendo por qué me elegiste y me sigues diciendo que soy tuya, y que estoy segura en ti. Señor, déjame escucharte claramente. Eres mi refugio, lo sé, pero muchas veces me traiciona el pensamiento e imagino que estoy sola. Redime, Señor, mi imaginación.

Dudar me acerca a ti, no tengo a nadie más a quien ir. Cuando me alejo o creo que ya no podré regresar, tú haces sendas nuevas, me encuentras y me llamas a ti. Así amas Señor, así quiero disfrutar de tu amor. A veces este amor duele, porque me desnuda, porque no tengo nada a qué asirme que valga la pena no dejar atrás. Señor, sígueme cautivando. Quiero seguirte conociendo, que mi vida y la de mi familia se enraíce en tu amor.

Señor, sé que veré tu fidelidad siempre. Y cuando dude, Señor, no me dejes. Si esto dependiera de mí, ya se hubiera acabado, pero en ti estoy segura. Gracias por ser el Dios de María, de Pedro, de Tomás, de Martha y de Esteban, gracias por tanto amor derramado en la historia, gracias porque tu paciencia llegó hasta nosotros.

Y me sorprendes, ¡lo logras, siempre! Tu creatividad para amar no termina, sigues viviendo en mí, dándome vida, creando vida. Aquí estoy.

04 noviembre, 2016

Pensamientos sueltos de mujer latinoamericana

Entre mis pensamientos sueltos al estar en Vancouver pienso en tanta inequidad. Nosotros acá disfrutando de un sabático, como migrantes en primer mundo, viendo tanta opulencia e intentando vivir de manera simple y sencilla, porque realmente no tenemos otra opción. No es una queja. Es un regalo de Dios saber que tenemos suficiente, que nuestra bolsa familiar no depende del mercado y que no tenemos inversiones ni soñamos con propiedades. No vivimos con miedo por la devaluación del peso, ni tampoco si Wall Street se cae…

A nuestro país se le juzga por no alcanzar mejores niveles de vida teniendo lo suficiente en recursos naturales y con tantas personas trabajadoras, pero la verdad es que existen mucho corruptos y vándalos de cuello blanco… También, cabe pensar, que el progreso añorado de Occidente fracasa en América Latina porque algunos son los beneficiados y otros los explotados y a nosotros nos toca la peor parte. Nuestros recursos naturales van al Norte, mientras que nuestras tiendas se llenan de productos extranjeros. Pero eso no lo dicen mucho por acá, porque los canadienses son “buena onda” y ellos no andan de bullys como sus primos los gringos, pero también firman Tratados y se benefician de los Acuerdos, pero eso no se dice mucho por acá.

Por estos rumbos, América es el país al sur y América Latina no es parte de la geopolítica estratégica. Siempre es conveniente ver qué mercado deja más y América Latina y África producen puros migrantes para mano de obra barata. Ah, pero las puertas del norte siempre están abiertas para la fuga de cerebros, esos nunca los rechazan y de vez en cuando protegen a uno que otro político corrupto que escapa de la ley, que huye para no dar la cara a los suyos.


No siempre pienso estas cosas, pero de pronto, me asaltan pensamientos de mujer tercermundista, que no le gusta lo que ve y que sabe que a Dios tampoco. Por eso las escribo y por eso las pienso, aunque aún no me atrevo a pensar demasiado en esto… Quienes se aventuran a pensarlo, sabrán que es incómodo y es mejor evitarlo. Pero también pienso, que al hacer teología y al ir a la Biblia, debo pensar esto a fondo, sino lo que diga estará muy vacío, porque mi realidad es otra. Muy diferente a los biblistas y teólogos de Occidente que interpretan desde la comodidad de un escritorio cobijado del mundo… No quiero ser de esos. 

23 octubre, 2016

Consuelo y belleza

 Hoy cumplimos dos meses en Vancouver, y estamos en pleno otoño.

Esta mañana, caminando de regreso de la iglesia Abdiel y yo nos dimos cuenta que apenas en estos días comenzamos a escuchar al Señor con más claridad y con menos agenda nuestra. Nos sentimos rodeados del amor de Dios en tierra extranjera y en medio de toda la transición, las aguas comienzan a calmarse y el corazón está más quieto. En medio de un ritmo más sano de estudio, descanso, tiempos de silencio y de escribir, percibo a Dios cerca, trayendo consuelo más allá de lo esperado.

El semestre en Regent está a su máxima exigencia, con trabajos que escribir, muchos libros que leer, pero estoy disfrutando de ser estudiante y hasta gozando la presión de las entregas. Leo, pienso y escribo sobre las mujeres en la iglesia primitiva, sobre otras profetas del siglo XIX y estudio a profundidad Salmos 2… Las semanas se nos llenan de alegría al compartir la mesa con nuevos amigxs y ser invitados a otras mesas. El consuelo de Dios ha venido en forma de personas nuevas que alegran la vida y de amigxs a quienes reencontramos por estos lugares.

Nuestras tardes entre semana son tiempos compartidos entre Abdiel y yo, con trotes a la orilla de Jericho Beach, cenas sencillas, música latinoamericana, un té caliente y momentos para escribir. Los fines de semana están llenos de personas nuevas para nosotros, quienes dejan su marca en el corazón, y de buscar espacio para hablar con los nuestros en Tijuana. Dios ha sido muy bueno con nosotros. Dios es bueno.

Parece que el otoño nos está ayudando a morir, a dejar todo lo que cargábamos, lo que estorba, lo que no trae vida y renunciar personalmente a mis deseos, mi voluntad y mi agenda. Entre sus manos puedo bajar mis defensas, renunciar al deseo de control, ceder a Dios y a lo que él tiene para mí sin tanta objeción. Su consuelo es grande y es hermoso. Hay belleza en esta estación, en la caída de las hojas, en la lluvia que limpia, en el frio que desaparece ante el cobijo de los abrazos y el hogar. Hay belleza en la limitación de las estaciones, y en particular el otoño evidencia la paradoja de cómo la “muerte” de la naturaleza trae consigo la esperanza de renovación, y en todo hay belleza. 

19 octubre, 2016

Tiempos de retiro


No sé cómo olvidé que sin silencio y soledad me voy perdiendo poco a poco. En estos dos meses en Vancouver he tomado algunos tiempos de retiro y cada vez estoy más convenida que la práctica espiritual que más requiero es la del silencio.

Me ahogo entre mis distracciones, las muchas voces propias y los gritos de un mundo ensordecido me dejan aturdida. Soy más sensible de lo que quisiera reconocer, pero Dios así me hizo y sin el silencio que me permita escucharle, me pierdo.

El silencio se cultiva. Dios nunca nos abandona; ha estado conmigo siempre. Pero en ocasiones no le escucho. Creo que Dios me ha estado llamando al silencio y la soledad con él, sabiendo mejor que yo cuanto le necesito…pero me ocupé de otras cosas y lo olvidé.

Es en el silencio, sabiendo que estoy segura en Él que comprendo más de quien es Dios. Las imágenes maternas de Dios son una invitación al descanso, la confianza y el amor. Su susurro de amor y aceptación incondicional son sanadoras.

Las sombras de rechazos pasados aún me persiguen, pero Dios no abandona. Me invita a echar raíces en su amor, para crecer y fructificar amando a otros como Él ama. He de morir primero, para dar nueva vida. Las estaciones y este otoño canadiense me lo recuerdan.

No quiero olvidar cuánto necesito callar para escuchar Su voz, no quiero olvidar cuando le necesito. 

16 octubre, 2016

Tijuana


Quisiera ver cómo te pintas de otros colores y probar tus nuevos sabores.

Extraño tu playa fría y hasta ese muro que se nos impone.

Quisiera ver de nuevo a aquellxs que cada semana se reúnen para darse “la paz” con los meñiques;

a lxs que con sus actos sencillos desafían al Imperio.

Quiero recorrer tus calles y ver los rostros cansados,

esos que se alegran ante un saludo o la risa de un niño desconocido.

Extraño las sonrisas que intercambiaba con extraños en las calles,

Y la sensación de estar en casa entre tus más de 2 millones de habitantes

Quisiera que mi corazón se rompiera con las historias de los miles llegados a ti,

y comenzar a tejer la vida con esos que tal vez se queden.

Sé que me frustraría con las iglesias frías a las que no les importa si matan a tus migrantes,

ni quieren saber los nombres de quienes acaban de llegar y probablemente no se queden.

Lloraría contigo por las juntas de liderazgo, los Sínodos y las Conferencias que resisten escucharte 

con acentos guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, haitianos o del sur de México.

Pero me alegraría de saber que algunxs por su fe y humanidad atienden a tus recién llegados y querría estar cerca de ellos.

Quiero caminarte con una esperanza renovada, soñar cerca de tu playa, llorar en comunidad por tu dolor y verte pintada de colores brillantes, con brazos abiertos para recibir a los miles que faltan. 



14 octubre, 2016

Ser profeta

Desde algunos meses pienso mucho en la labor profética. Mis lecturas bíblicas y de otras fuentes, así como la experiencia de vivir y ser profundamente afectada por este mundo me han hecho pensar y re-pensar mi fe desde el rol de los profetas. El libro del profeta Jeremías me fascina, tiene algo que me atrae constantemente, y lo ha hecho por varios años en distintas etapas de vida. Este verano estudiamos Miqueas en el proyecto binacional entre Compa e Intervarsity, lo cual hizo que las palabras de este profeta hebreo parecieran muy actuales. También, en la preparación para enseñar los Salmos profundice en la manera que una vida enraizada en la realidad de Dios permite navegar entre el lamento y la esperanza, los cuales son ingredientes claves para la denuncia profética.

Ahora, mientras sigo leyendo a Josephine Butler, esa mujer inglesa del siglo XIX, y su comprensión del rol profético de mujeres y hombres me siento aún más llamada. Ella se apropia del rol profético e invita a considerar la necesidad de escuchar a lxs verdades profetas, es decir, a aquellas y aquellas que muestran el corazón y la mente de Dios en el mundo real, a partir de las Escrituras y de una relación íntima con Él. Josephine misma mostró su conciencia profética, como cristiana, al profundizar en el estudio de la Biblia, esforzarse por comprender el mundo que lo tocó habitar y dejar que su fe hablara a su mundo. No fue su deseo de poder lo que la llevó a hablar o rebelarse, sino su profunda convicción de un Dios que creo a hombres y mujeres en equidad y de un Jesús liberador y proveedor de perdón y restauración para todxs. Ella luchó por los derechos de las prostitutas y la doble moral que culpaba solo a las mujeres y justificaba a los hombres.

En el verano me aventuré también en la vida de Monseñor Romero, el salvadoreño que fue profeta de Dios en tiempos turbulentos y finalmente fue asesinado. Estudié su proceso de “conversión” y la manera en que las Escrituras y su experiencia le llevaron a ver a los pobres, la injusticia, el poder y la ambición desde la óptica de Dios. Él usó todos los medios a su disposición para llamar a ricos y pobres al arrepentimento y para denunciar las injusticias cometidas contra el pueblo salvadoreño motivados por al amor al dinero. Sus homilías están plagadas de Evangelio y de palabras que hacen eco de Jesús…

Butler y Romero han sido mis héroes del siglo XIX y XX y han hecho del estudio de la historia de la iglesia una fuente de esperanza. No son los únicos, pero he sido atraída a ellxs y he tomado de ellxs el desafío de profundizar en la Biblia, de vivirla, de entender mejor mi mundo y de conectar la fe con la realidad actual. ¡Qué desafio! Ambos vivieron en su propia vida la tensión de las necesidades del mundo y de su profunda necesidad de Dios, y cultivaron una relación viva con Jesús. Sin duda, fue Dios y la comunidad que les rodeo lo que permitió que hicieran historia.

Es probable que ni yo ni otros seguidorxs de Jesús nos pongamos el título de profetas, que ha sido tan manoseado entre los evangélicos hoy en día, pero creo que habemos muchxs llamados a ser profetas de Dios. No traemos una nueva revelación, sino la aplicación de la vida de Dios, las enseñanzas de Cristo y la vivencia de Su Reino a este siglo y este mundo repleto de oscuridad y muerte. Tal vez sea que todxs los que nos llamamos cristianxs debamos tener un poco de profetxs y locxs. Así sea. 

30 septiembre, 2016

Mujeres

Entre las noticias de FB casi a diario me entero de más feminicidios y desaparecidas en Tijuana y en todo México… Desde más al Norte, las lágrimas y la impotencia se acumulan. http://zetatijuana.com/2016/09/26/mujeres-en-bc-victimas-de-la-barbarie/


Señor,

¿Por qué no nos quieren si tú nos creaste a tu imagen?

Señor,

 ¿por qué nos matan?

¿por qué nos violan?

¿por qué se intimidan ante nuestra fortaleza e inteligencia?

¿por qué nos ven como objetos serviles y para su placer?

Ellos están ciegos, ¿verdad? No saben que si nos matan y aplastan ellos mismos se están destruyendo, ¡díselos Señor!

Dios, tú que las acompañas hasta su último respiro y su clamor por ti, también eres quien las recibe en tu Reino, donde ellas, las pequeñitas, las estudiantes y las obreras ya no sufrirán acoso, donde serán valoradas, donde no habrán más lagrimas por ser mujer.

Tu Reino está lleno de ellas, mártires de los primeros siglos, lideresas según corazón, que saben bien que el seguirte es en la casa y en la calle.  

Señor, si tú nos liberaste con tu amor y lo hiciste frente a los religiosos y poderosos, ¿por qué nos ven hacia abajo? Si tú nos diste voz y perdón, ¿por qué en el templo se empeñan por callarnos?

Señor, ¿por qué matan a tantas en Tijuana y Juárez? ¿Por qué aprisionan a tantas en Tapachula, en vidas que no son suyas, que les roban su dignidad? ¿Por qué tantas lloran en silencio en nuestro país, víctimas de poderosos y sin jueces justos a quien acudir?  

Pero habrá justicia, aquél día habrá justicia, y los machos, poderosos y religiosos que no las valoraron se darán cuenta, se avergonzarán, y si no se arrepienten, pagarán. Espero tu día, Señor.


Mientras tanto no callo y escribo por muchas. Tú nos escuchas y tú nos respondes. 



26 septiembre, 2016

Pensando la vida desde acá...

Llegamos a Vancouver hace poco más de un mes. No ha sido fácil porque los cambios nunca lo son, hay un proceso de adaptación que aún estamos viviendo y poco a poco nos vamos dando cuenta de dónde estamos…

Todo acá es extraño, somos extranjeros y una minoría en una ciudad multicultural. Desde que recuerdo he vivido entre dos culturas muy diferentes y en una ciudad limítrofe con una identidad única, Tijuana. Desde pequeña he entendido y vivido en carne propia el asunto de las nacionalidades, la diferente etnicidad, el cambio inconsciente de lengua para darme a entender y la desigualdad tan marcada entre México y Estados Unidos. Esa ha sido mi casa, nuestra casa. Acá en Canadá, lo que nos daba identidad no está presente, ni el trabajo que hacíamos, ni la ciudad a la que pertenecemos, ni la gente que amamos. Al presentarme con otros puedo decir mi nombre, mi área de estudio de la maestría y el trabajo que hacía en México, pero eso no significa mucho, y tampoco es lo que me define, porque faltan las historias, las personas, los lugares y la sobremesa donde pasamos horas conversando.

Disfruto Canadá y el ir aprendiendo de cómo se vive en un ambiente tan diverso culturalmente. Honestamente, de pronto me siento perdida, pero creo que es necesario. Es en medio de la confusión, las preguntas y la vulnerabilidad que uno se abre a Dios y a otros. Mi historia con Dios, o más bien, la historia de Dios en mi vida es la que me ha traído hasta aquí. No hay otra razón, ha sido su gracia. Hay algo bonito y raro de los sueños de la adolescencia, cuando estos se vuelven una realidad. Desde que conocí a Cristo quería estudiar teología, porque quería conocer mejor a Dios, quería adorarle también con mi mente y que todo lo que soy estuviera impregnado en su verdad. Todo lo que sabía de mi lo entregué para servir a Dios y por eso seguí en la obra estudiantil al terminar la Universidad. Mi vida fue diferente desde el momento en que empecé a caminar con Dios y al estar en la Universidad soñé con la oportunidad de estudiar en Regent, de seguir conectando la fe con los asuntos del mundo, conocer mejor las Escrituras y vivir una espiritualidad profunda en lo cotidiano. Ahora estamos acá, con Abdiel, mi esposo y mejor amigo, quien es el mejor compañero de vida y un regalo de Dios, haciendo todo eso y dándome cuenta que algunos sueños en el caminar con Dios son muchas veces las oportunidades para la fe, donde Dios mismo acompaña, moldea, refina y sostiene.


Dios en este tiempo nos regala la oportunidad de ser solo suyos, de encontrarnos en él, de una pausa que también puede ser un nuevo comienzo. Llegué cansada, pero conforme el descanso y el estrés se han ido levantando, las preguntas, las inquietudes y más preguntas empiezan a resurgir. Son de esas preguntas que ayudan a caminar la vida, que tienen la gracia de dirigirnos e incomodarnos y cuestionarnos cosas esenciales. ¿Quién soy? ¿Cuáles son en verdad mis dones? ¿Qué disfruto? ¿Qué necesito? ¿Por qué teología en Norteamérica? ¿Qué significa el llamado a ser puente? ¿A dónde vamos con todo esto? ¿qué estas formando en nosotros como pareja? ¿qué cosas necesitamos platicar y en cuales necesitamos aventurarnos juntos?...y cientos más… 

14 septiembre, 2016

Pensando en la iglesia

Pablo, escribiendo a los Corintios pareciera hablarle a las iglesias evangélicas mexicanas. Nos sentimos tan atraídos a las figuras de poder, que se imponen, que muestran su fuerza y juzgamos con ligereza a quienes lideran como siervos y amigos. Pablo tenía las credenciales, pero también era consciente de sus limitaciones, sabía su lugar. Para Pablo, un hombre capaz y con pedigree judío, las limitaciones y el sufrimiento fueron un regalo de Dios para mantenerse humilde y dependiente de Él.

En estos días, al estar haciendo un trabajo para una clase, me di cuenta que una parte de mi frustración y sentimiento de “atascamiento” en mi estudio de la Biblia se lo debo a la iglesia. El poco valor al estudio de la Biblia y a su vivencia práctica y peligrosa me desanima mucho. Honestamente no lo digo desde una posición de superioridad o sintiéndome fuera, sino con sorpresa al reconocer en mí una actitud cada vez mas de resignación y queja.  No quiero eso para mí, ni para la iglesia y creo que parte de mi búsqueda en este tiempo sabático es entender mejor a que me llama el Señor, a crecer en humildad y a ser renovada en mi perspectiva sobre Él mismo, la misión y muchas cosas más.

Tengo muchas preguntas que surgen a partir de lo que escucho y lo que he visto, hay una distancia abismal que pareciera imposible de acercar, y es ahí donde recuerdo que muchas veces me toca ser puente. En este caso, ¿Cómo ser un puente entre una iglesia que se maravilla ante los predicadores carismáticos, que está exageradamente preocupada por la moralidad y que no ama a sus vecinos para caminar hacia una iglesia que viva como “pueblo del Libro” ? Yo misma debo ser confrontada con la realidad de mi corazón, y no me toca ser quien se queja o quien se cansa. Dios le dijo a Jeremías ante sus propias quejas: “Si te cansaste corriendo con las personas, ¿Cómo le harás cuando tengas que correr con los caballos?” Pero levantar las preguntas nunca está mal ni es castigado por Dios, pero eso sí, tenemos que estar preparados para responder y para ser confrontados también.

La otra verdad de este tiempo y lo que es muy claro es que la iglesia son las personas y es imposible generalizar. Yo necesito de la iglesia. Lo mejor que nos ha pasado en estas tres semanas está envuelto en personas, nuevas relaciones y amistades que surgen. Hay imágenes dignas de ilustrar de cómo vamos experimentando a la iglesia por acá:

-Abdiel notó que los hermanos y hermanas canadienses están genuinamente preocupados por conocernos y por saber cómo estamos, dónde vivimos, si Abdiel ya encontró trabajo, etc..

-El domingo pasado visitamos una iglesia menonita evangélica y nos encantó que al final del mensaje se abrió un tiempo para hacer preguntas y/ o comentarios a quien compartió y tener un dialogo. Al final del servicio, comimos todxs juntos y ahí se experimenta el calor de la iglesia.  

-El domingo también subimos una montaña, la más alta en Vancouver y lo hicimos con un nuevo amigo. Mientras subíamos los 3 km, con dificultad y haciendo paradas, íbamos conociendo mejor a David y él a nosotros. Así se construye la iglesia, caminando y mientras vamos juntos hacia la cúspide.


Sigo pensando y orando…

10 septiembre, 2016

Bajando el ritmo, poquito a poquito...

Es difícil asimilar que hemos comenzado una etapa de vida muy distinta. Para mí, es un tiempo para estudiar y Abdiel, aparte de hacer lo mismo que yo, también trabajará algunas horas por semana. Estos últimos días han sido de mucha alegría, ajustes y novedades. Les comparto algunas cosas…

El miércoles, mi primer día de clases llegué sin saber que tenía que conseguir libros para la materia de Exegesis Bíblica, no había lecturas previas, pero aun así me sentí confundida por las cosas que ni siquiera había considerado. Poco a poco me he ido organizando con ayuda de una agenda y consiguiendo el material que necesito. Las lecturas son muy emocionantes, por ahora, aprendiendo sobre cómo hacer una buena interpretación del Antiguo Testamento y sobre la vida de una mis heroínas, Josephine Butler, una feminista cristiana del siglo XIX.

Las mañanas son tranquilas en casa, con un desayuno de avena y fruta, acompañado posteriormente de un café sobre el sillón, para seguir leyendo y dialogando con Dios. El último mes me atrasé en las lecturas bíblicas y de acuerdo al plan de lectura debo leer unos 4-6 capítulos diarios, pero por ahora, para ponernos al día toca el doble. En particular, disfruté de Jeremías, la historia de Eliseo y ahora las cartas de Pablo a los Corintios. Unas lecturas me alientan, otras me sorprenden y algunas me desafían. Pablo, en su tono personal me ha animado a vivir a plenitud estos días, buscando sobretodo agradar al Señor y considerando algunas de mis emociones y relaciones del último tiempo.

La fragilidad en mi salud es un tema difícil. Las cosas que salieron el último año, entre infecciones y un problema de tiroides, junto a otros pequeños detalles me han hecho sentir muy vulnerable, frágil y defectuosa. No es un tema acabado, creo que es algo que necesito seguir luchando con Dios, porque no entiendo. Son de esas cosas que requieren humildad, silencio, apreciar el misterio y buscar al Señor, así que así me encuentro, intentando ver y escuchar más de lo que ahora aprecio… Pareciera que el sabático será un tiempo para la sanidad en muchos sentidos, pero ese también es un proceso.

En retrospectiva, veo con tristeza que algunas de mis relaciones con gente amada se vieron afectadas por mi cansancio, mi prisa y mi egoísmo. Aún no dimensiono algunos de los daños, pero confío que habrá perdón y gracia, y hasta nuevos caminos para la restauración. La verdad es que sé bien que nos espera este año, pero hay tiempo para detenerme… mirar hacía atras….hacia arriba….a los lados… y adelante.
D   e   s     p      a       c       i         o ------ He tenido que ir poniendo el freno poco a poco. Y cada mañana es una oportunidad para recordar que no tenemos prisa, que el tiempo va tranquilo, que hay oportunidad para caminar lento y disfrutar. Y ayer y hoy fue un lindo tiempo para ello, tanto para preparar comidas que nos encantan, salir a ver el atardecer y como hoy dar un paseo y disfrutar la creación, respirarla, dejar que nos salpique el agua helada y sentir que esto creado es para nosotros, para mí. Me siento amada. 

Popular Posts