27 julio, 2018

¡Felicidades, hija!


Al observar a Luciana en su primer año me lleno de asombro. Ella expresa todo, nos dice lo que quiere y es persistente en conseguirlo. Es una bebé que ama los animales y los libros, casi con tanta insistencia como a su mami por las noches o a su nana cuando la ve. Luciana ha dicho varias palabras, “vamos”, “agua”, “ta” (lechita), “do” (dog), “buelo” (abuelo), “mamá”, “papá”, “tata”, “nana”, “to” (tito), “teta” y “moon”. Ella dice más cosas, pero no las entendemos, aunque cuando le preguntamos sabe mover bien su cabeza para decir “ti” (si) o no. Mi anhelo es que ella siga encontrando su voz y dando voz a los que no la tienen, que sea perseverante y terca en luchar por la verdad y la justicia y que siga amando a la naturaleza y los libros.

 Luciana ha disfrutado del amoroso cuidado de sus tatás, sus abuelos, sus tías y su tito, y de los abrazos de muchos tíos y tías postizos del mundo de la obra estudiantil. Es una niña amada, y crece sabiendo que al llorar hay brazos que la arrullan o la consuelan, aunque no siempre le dan lo que pide. Luciana es mi niña amada, la cual me mueve a más esperanza. Mi oración es que Luciana se sepa amada siempre, aún cuando lleguen los momentos de inseguridad y sepa que los brazos son para extenderlos a otros, para acariciar y abrazar.

Luciana es una niña extrovertida, sociable y muy observadora. También es chistosa y sumamente juguetona, de las que abrazan a sus peluches, lanza la pelota e incluye a los que están en la sala. Oro que nunca deje de observar, que sepa reir a carcajadas, jugar como niña, incluir a los que están fuera los márgenes y que siempre sea ella, no lo que yo ni nadie más espera.

Luciana es un regalo de Dios, porque la vida es un regalo de lo Alto. Esta niña nuestra y prestada es todo un desafío, pero no quisiera que fuera distinto. Los mejores momentos de este año han sido amamantándola, aunque al principio fue tan doloroso, leyéndole (sabiendo que siempre querrá más y me apunta hacia ellos), verla reír y dormirla en mis brazos. Ya no soy la misma, porque así sucede con la gracia y el amor, nos cambian y nos hacen más sensibles, nos abren el corazón y nos hacen más humanos.

¡Felicidades, hija!

22 junio, 2018

Antídoto para el extremismo, de un Dios revelado en Historias




En medio de posturas “cristianas” tan extremistas sobre temas de política, aborto, migración y otros asuntos, me sigo preguntando sobre las maneras en qué podemos responder sin agredir, sin violentar, sin ser tan soberbios o sabelotodos creyendo poseer la verdad. Yo misma caigo fácilmente en esa tentación y necesito recordar que el Dios a quien conozco y bajo el cual se izan muchas banderas, se nos reveló principalmente por medio de historias (y de una Gran Historia) y que esas historias nos previenen de asumir posturas o hacer declaraciones inmisericordes y rígidas. Dios se reveló en una persona y gracias a eso, la verdad no es una serie de preceptos o abstracciones las cuales podemos controlar o poseer, sino una persona, la cual está llena de misterio, de amor, juicio justo y más misericordia de la que probablemente nosotros logremos asimilar.

Considero que una carencia profunda en la educación teológica, desde la infancia, es enseñar a los niños, adolescentes y adultos quién es Dios, por medio de preceptos cerrados, como su “omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, inmutabilidad” y otras varias abstracciones más. Este tipo de conceptos provienen de los intentos por esquematizar la teología, pero que responder a desafíos específicos, como fue la filosofía griega en su momento. Ahora, los Padres de la Iglesia de los primeros siglos de la era cristiana no son los culpables de nuestras radicalizaciones, pues ellos hicieron su trabajo para el dialogo con la filosofía del momento. A nosotros nos toca nuestro trabajo, para permitir que el evangelio sea buena noticia para todos, en especial para los más vulnerables, los pobres y los migrantes.




Tal vez, y solo tal vez, si nos detuviéramos a escuchar las diferentes historias de Jesús en los Evangelios y observáramos con atención sus palabras, sus historias y la manera en que esquivaba a los maestros y otra gente en autoridad, podríamos observar sus acciones solidarias, de resistencia y llenas de amor. Puede que nos sorprendamos con la manera en que Jesús mismo evita que otros lo clasifiquen o lo definan. Él mismo permite que la gente piense y dialoga, no se impone. Cuando denuncia, lo hace a quienes tienen poder y autoridad y la usan para oprimir en nombre de Dios. No puedo imaginar a Dios condenando a una familia que rompe las leyes del imperio al huir de la violencia en su ciudad, tampoco lo imagino condenando al infierno a una mujer pobre, abusada y en situación de cuasi-esclavitud que cree que no tiene otra opción más que abortar al bebé que ama, ni tampoco lo imagino condenando al que roba por comida… (ojo, tampoco creo que él esté de acuerdo o afirme los sucesos) Al menos en las historias de los evangelios, Jesús se pronuncia a favor de la vida y acompaña a quienes sufren, sin juzgarlos y desafía las leyes y reglas cuándo éstas no cumplen con el propósito de buscar el bien común.


De lo más fascinante e incontenible de Jesús y de la Biblia misma, es como por medio de las historias reveladas, se nos permite entrar y ser un/a participante/a más en la acción. En muchas ocasiones las historias no emiten juicios éticos, pero exploran la manera en que Dios se hace presente en medio del caos humano. Pareciera que éstas historias y la Gran Historia de Dios revelada en las Escrituras, son un antídoto para nuestros esfuerzos y empeño por conceptualizar, abstraer y controlar a Dios. El conocer a Jesús por medio de estas historias se vuelve también un asunto de relacionamiento directo con Dios y con otrxs, previniendo los adoctrinamientos que muchas instituciones buscan. Contar historias nos enseña a escuchar y aceptar otras interpretaciones. No significa que no existe la verdad o que todo sea relativo, no estamos hablando de eso. Lo que creo nos sugiere es una actitud de humildad y de entrada participativa y respetuosa en la Historia de Dios, así como en las historias de otros y otras creados a Su imagen. Dios nos ayude a que así sea.

17 junio, 2018

La Pa-Maternidad. (Una carta para tí en el día del Padre)



Abdiel, es tú primer día del Papá. Una fecha llena de mercadotecnia, en la cual vale mucho la pena celebrar a los papás que están presentes en la vida de sus hij@s y que aman con entrega.

Compartir la crianza de los hij@s suena muy romántico, pero en la práctica implica decidir quién cambia los pañales, quien se despierta en la madrugada, qué cocinar, lavar y cómo no morir en el intento. No sé si otras maneras de crianza son más o menos cansadas, pero no imagino vivir esta etapa sin tu compañía y tu complicidad.
 
Me encanta cómo le entras a todo y te involucras en cada pequeño detalle del cuidado de Luciana. Eres el brazo amoroso que arrulla por las noches, el que canta (aun con el cansancio) una y otra vez hasta que tu hija cesa el llanto. Me encanta escuchar su hora de cuentos e historias y saber que nuestra hija tiene un papá que no se intimida ante el pañal más cargado, ni las emociones más intensas. Nuestra narrativa familiar estará por siempre marcada por la igualdad y por el feminismo que dignifica tanto a mujeres como hombres. Tanto yo, como Luciana, somos bendecidas y privilegiadas de compartir la vida contigo.
 
Estos últimos meses marcados por el cansancio y el descubrimiento, tu paciencia, amor y cuidados cotidianos nos han mantenido a flote. Valoro mucho el que te despiertes con Luciana, le cambias el pañal y comienzas los preparativos del desayuno, para que yo reponga un poquito del sueño perdido. Agradezco que te metes en todos los aspectos de la crianza de Luciana y que eres tan paciente conmigo, cuando actúo como si supiera de todo. Gracias por tu humildad y generosidad hacia nosotras.

Vivir la Paternidad y Maternidad a tu lado ha sido redefinir en lo cotidiano. Paternidad no es dominación, ausencia, poder ni autoritarismo. Maternidad no es exigencia, agotamiento y soledad. La Pa-Maternidad que construimos es una cosa compartida que conlleva responsabilidades y gozos compartidos, que resiste a la cultura, que llora los dolores y las ausencias compartidas. Gracias porque a tu lado vamos construyendo una familia que anhela abrirse a otros y porque en el proceso no te ha dado miedo ser vulnerable y frágil.

Gracias porque para escribir esto para ti, en esta mañana, significa que tú estás jugando con Luciana en la sala y lavando los pañales. Te amo.

17 mayo, 2018

La amistad en la formación


Para Ruty

En los últimos días, al empezar a pensar en el proceso de enseñanza-aprendizaje para adultos y reflexionar mi propio caminar espiritual en el tema educativo me ha llevado a pensar mucho en las relaciones que me han transformado. Lo he escrito antes, pero creo que es en el contexto del encuentro con el otrx (y el Otrx) y en la comunidad que las cosas pasan y nos hacemos más humanos, más compasivos, empáticos…

Hace más de 8 años conocí a una amiga de la península Sur de México. La amistad con Ruty ha sobrevivido a pesar de estar a un país de distancia, de innumerables diferencias culturales y de muchas discusiones graciosas y otras más serias. Nos hicimos más cercanas ante la enfermedad que amenazó la vida y los fracasos amorosos. Ambas somos curiosas por naturaleza, nos encanta saber y conocer, obtener respuestas y tener el control. Somos parecidas en muchas cosas, pero a pesar de eso, algo nos atrajo la una a la otra. Se lo hemos atribuido a la conspiración divina en múltiples ocasiones. Nuestra amistad ha tenido altas y bajas, y en los últimos 2 años ha sufrido como nunca…pero seguimos. Creo que el compromiso y el deseo de acompañarnos, de querernos y procurarnos ha sido más fuerte que los disgustos, los desencuentros y las decepciones. Conspiración divina y deseo divino.
 
Al estar leyendo ayer y pensando en nosotras (Ruty y yo), no pude dejar de pensar en mi hija. Ella trae consigo una curiosidad innata e insaciable. Eso me encanta de ella. Pero, aun cuando quiero que explore el mundo, mi mayor anhelo y oración es ver su conocimiento fundado en el amor y la compasión, no sólo en la curiosidad y el deseo de control. Ruty y yo sabemos lo que es eso, sabemos lo que es querer saber para controlar y por el deseo mismo de conocer. Pero en nuestro caminar con Dios y como amigas, fuimos descubriendo que el amor y la compasión son mucho más excelente motivantes al conocimiento. También tuvimos que deconstruirnos y des-aprender para amar mejor, para ser vulnerables, abrir el corazón y llorar los dolores. Ayer me hice más consciente cómo quiero que mi hija aprenda esas cosas, luche por ellas, por amar mejor, por conocer para amar más profundamente, más empáticamente. Espero que Erandi aprenda más rápido que nosotras que lo importante no es acumular conocimiento, sino amar y ser compasiva. No parece la medida del éxito en este mundo, pero nosotras sabemos que al filo de la muerte lo demás es lo de menos.  
Así que en medio de mis reflexiones sobre la educación y la formación cristiana, estuvieron en mi mente el diálogo con ustedes dos, Ruty y Erandi. Un poco con nostalgia y con mucho agradecimiento.

Fue contigo, Ruty, que aprendí que esto de la amistad implica compromiso y que, a pesar de los enojos, seguimos siendo amigas. Fue contigo con quien me fui haciendo adulta, consciente del proceso y con quien caí en cuenta de lo inmadura que pude ser. Aprendí a quererte a ti, tu familia y ser parte de tus procesos, aun cuando tú no querías. Tu vida está tan impresa en la mía, que al pensar que nuestra amistad terminaba, lloré, porque hay tanto de ti y las cosas que vivimos, que me duele pensar que no estés. Suena cursi, pero algo que he aprendido contigo, es que ser vulnerable puede verse mal, pero no nos queda de otra, más que ser quienes somos. ¡Te quiero, amiga!

10 mayo, 2018

Ser mamá


El mundo es hostil a la maternidad vulnerable, la paternidad tierna y la niñez feliz. México es un país difícil para ser mamá que ama, trabaja, educa y acompaña. Compite contra nosotros la pobreza, la violencia, la ignorancia, el saqueo y el machismo. Y en un día como hoy, no solo basta con reconocer a las mujeres que entregan la vida, sino también a las fuerzas y poderes que acarrean muerte. En un día como hoy, es menester también pensar en la maternidad divina.

Ser mamá de una bella y curiosa niña me ha abierto a un mundo de nuevas esperanzas y temores. Esperanza de criar con ternura y de ser parte de la formación de nuevas generaciones de seres humanos que aman y respetan a sus semejantes, cuidan de la creación y viven la utopía del Reino. Ser mamá me una a millones de mujeres en todo el mundo, que luchan por sus hijos e hijas y anhelan lo mismo que yo. Ser mamá y asumirlo con vulnerabilidad me abre a los temores compartidos con muchas madres, pero también me sensibiliza a los dolores que yo ni siquiera imagino. La pérdida, el estar a la huida por noches enteras, vivir en la calle, el temor a la muerte inminente, el secuestro y la búsqueda de muchas que no encuentras a sus hijos e hijas.  

Ser mamá me permite reconocer que hay mucho de Dios en la labor de ser madre. Es decir, en lo cotidiano de la maternidad, uno puede descubrir a Dios, disfrutarlo y aprenderle. Y aunque sea discutible dirigirse a Dios como Padre y Madre, no hay mucho espacio para discutir las imágenes tiernas de Dios como madre amorosa abundando en la Biblia. Una gallina que junta a sus polluelos, que cubre con sus alas, una osa que defiende, una madre que alumbra a sus hijos, que espera por ellos y los consuela. Si bien muchos no nos dirigimos a Dios como madre, las metáforas sobre el amor y cuidado de Dios aluden a la maternidad. Una maternidad que cuida, sufre, protege y defiende. Una maternidad vulnerable.

Farid De La Ossa Arrieta: God, the Mother (2002)
Y si bien la maternidad también está definida culturalmente, al igual que las metáforas bíblicas que aluden a ella, ser madre es una experiencia única que se vive con todo el ser (cuerpo, alma y espíritu) y transforma lo que una mujer es. Esta experiencia no es solo para las mujeres con hijos e hijas biológicos, sino también para las que adoptan con el corazón. Por eso creo que ser mamá tiene el potencial de hacernos más humanas, porque nos pone en contacto con lo más íntimo de nosotras mismas y de otra persona (un bebé). La maternidad nos enfrenta y nos confronta con las necesidades, dependencia y demanda de otro ser humano. La maternidad asumida como entrega tiene el potencial de develar mucho del amor de Dios y al asumir el dolor, también de su propia vulnerabilidad.

Antes, hace algunos años, me hubiera escandalizado pensar que Dios es tan vulnerable y aparentemente tan débil, como una mamá en un campamento migrante, buscando asilo, amamantando a su niñita. Pero creo que la imagen de esa mami, se acerca más al Dios de las Escrituras. Esa imagen del viejo barbon que acusa desde el cielo nos jode la vida, pero la imagen tierna de un Dios que se entrega, se arriesga, que pone su cuerpo y se hace humano es la que se nos ha revelado. Ser mamá me ha ayudado a entender eso mejor.

06 mayo, 2018

Terminamos un ciclo. Celebración y duelo.



Hace apenas 5 días que me gradué de la Maestría. Fue un día lleno de emociones y alegrías. Fotos. Agradecimiento. Mucha nostalgia. Abdiel, Luciana y yo visitamos Regent nuevamente, vimos amigos y amigas, caminamos por UBC y nos preparamos para la ceremonia de graduación. Nuestros amigos brasileños destaparon la botella de champagne y brindamos llenos de alegría. Realmente fue un día lleno de emoción, por todo lo que significa CERRAR. Por 4 años y medio dediqué un parte de mi tiempo o la mayoría de mi tiempo a estudiar la Maestría en Teología y por un año estuve dedicada principalmente a leer y escribir sobre teología, Biblia, historia, etc. Fueron años muy ricos. En ese tiempo Abdiel y yo comenzamos una relación de noviazgo, nos comprometimos, nos casamos, nos mudamos a Vancouver, tomamos un sabático, nació Luciana y regresamos a Tijuana.

Los escasos 3 días en Vancouver me ayudaron a cerrar esta temporada de estudios y terminar de regresar a Tijuana. Los cambios de etapa y los cierres, están llenos de oportunidades, pero también de DUELO. Aun cuando ya teníamos 7 meses de regreso en México, restaba el examen final y la graduación. En esos meses el trabajo fue intenso en algunos momentos y el ajuste, aunado al choque cultural a la inversa, tomó gran parte de nuestra energía (la cual no tiene mucha posibilidad de recuperarse con una bebé que aún despierta la mayoría de las madrugadas buscando a sus papis) Esos 3 días fueron GRACIA. En todos los sentidos, estuvieron llenos de gracia, por la provisión de Dios para viajar, por el regalo de las amistades y los reencuentros, por los recuerdos que se avivaron, por las comidas que compartimos. Mucha gracia, gracia abundante, que conmueve.

La celebración por culminar una etapa me ha hecho consciente de la cantidad de personas que hicieron posible la maestría. La belleza de no tener los recursos suficientes y de soñar con estudiar para estar mejor preparada para servir a otros me ha dejado con una profunda deuda. La belleza de esta deuda es que me ancla para continuar sirviendo y me mantiene humilde, porque este logro solo ha sido posible por los muchos que me sostuvieron en el camino. Mi esposo, quien puso pausa a proyectos personales para sumarse a nuestro proyecto de terminar mi maestría y quien da todo lo que tiene para servirnos a nosotras. Mis papás, quienes me han apoyado siempre y en TODO, desde que tengo memoria. La familia extendida, suegros, cuñadas, tíos, tías, primos, primas, sobrinos y sobrinas… Mis colegas obreros en Compa, Blas (mi jefe y amigo), los estudiantes y los donadores. Toda esta gente en Compa, me ha animado a seguir estudiando y proveyó contexto para mis preguntas, investigaciones y estudios. También mis profesores, desde la prepa, la UABC y después en Regent. Me debo a muchos, pero creo que la vida solo vale la pena vivirla cuando uno sabe que no es suya… Desde que tenemos a Luciana, la belleza de esa realidad es más latente… y más alegre.

Ahora, después de celebrar en Vancouver la graduación, me queda el desafío de seguir celebrando los pequeños y grandes logros que llegan por gracia. Pero también me toca enfrentar el duelo por el cierre de esta etapa. No quiero ignorar el cambio, la ausencia que traerá y la novedad que se avecina. No quiero ser indiferente a las preguntas que surjan y la necesidad de discernir los próximos pasos. Quiero abrazar el ya no estar estudiando formalmente y seguir estudiando. Necesito tomar el tiempo para asumir el cierre, para reconocer que ya no está pendiente la Maestría, que ya puedo soñar nuevos sueños. Quiero agradecer mucho y soñar con esa misma fe adolescente que se veía terminando una maestría en teología. Pero también quiero soñar con la madurez que el conocer a Dios, servir a otros, compartir la vida y ser mamá han traído. Oro el soñar en cómo Dios nos seguirá usando para formar y ser formados, para amar, derribar, denunciar y seguir plantando.

20 diciembre, 2017

Maternidad Vulnerable


Desde hace algunas semanas quería sentarme a escribir sobre la maternidad. Pero en medio de las demandas de la maternidad misma y del trabajo, ha sido difícil. Aun así, las ideas y sentires van madurando e intensificándose. Hay muchas emociones a flor de piel aún después de casi 5 meses de nuestra bebé entre nosotros. Han sido los 5 meses en que he experimentado la realidad de tener menos control de nada y a su vez he disfrutado como nunca de descubrir, servir, darme y amar a otra persona.

Las paradojas de la vida se viven intensamente en la maternidad. El agotamiento y el amor profundo. El dolor y la sorpresa. La risa y el llanto. La culpa y la gracia. La fortaleza y la necesidad constante de ayuda. La soledad y la presencia constante. La vulnerabilidad se experimenta a diario y la decisión de asumirla para criar con amor y respeto son asaltados por la ilusión del control y el poder. Ser mamá es una de las mejores experiencias en la vida y también de las más difíciles. Estoy segura que este no será el único post sobre esto. 

Desde que llegó Luciana habito un cuerpo diferente y vivo una realidad muy distinta. Mi cuerpo está sujeto a demanda por una personita a todas horas. El corazón y el cuerpo se me han reconfigurado. Y la demanda física es una realidad de lo interno. También creo que es un reflejo hermoso del amor y la entrega para la cual hemos sido creados. La imagen de Dios en nosotros sigue presente aun cuando luchamos con la maldad y el egoísmo. Un hijx es una hermosa oportunidad de ser discipulados por Dios, para parecernos más en su amor.

Las sombras de la maternidad también son inevitables. En este nuevo mundo hay nuevas culpas y expectativas no dichas. De pronto reacciono de maneras no esperadas o siento cosas que no sabía en mí. Hay competencias tristes y comentarios no esperadas a cada vuelta de la esquina. Pero lo bueno es que también hay nuevas tribus de las cuales aprender y muchas cosas de las cuales despojarme. Es un proceso de paciencia. De paciencia y confianza en mí misma. De reconocer que hago lo mejor que puedo, que Dios tiene cuidado de nosotros, que no estoy sola. De saberme acompañada de Abdiel, con quien comparto toda esta experiencia (a excepción de la lactancia, je) y de soltar…y de soñar nuevas formas de vida compartida, de libertad de culpas, de dejar a un lado moldes culturales y expectativas de crianza….

Y bueno, también aprendo montones de la gracia de Dios, que toma muchas formas. La necesito. Entiendo un poco más lo que es amar y darse. Leo la Biblia diferente. No puedo leer los primeros capítulos de Lucas con los mismos ojos. Mujeres embarazadas y bebitos son los protagonistas en el inicio de la historia de las buenas noticias de Dios para la humanidad. Estos pasajes deben ser leídos y re-interpretados por aquellos que han experimentado la dulzura y la demanda de la maternidad y paternidad. La vida no es la misma. La vulnerabilidad de Dios en su máxima expresión al hacerse Padre y al hacerse Hijo, al encarnarse en un bebito. ¡Qué privilegio y qué misterio tener un Dios que se revela en lo cotidiano!

Con cuánta razón María y Elizabeth se alegran juntas y hacen teología durante el embarazo. Por eso María canta y Zacarías proclama maravillas. No es de extrañarse que a Simeón y Ana, gente común, Dios les revela su misterio y que son pastores los primeros en enterarse del nacimiento del Salvador. Así es Dios, ese que se hizo bebé y que nació de una jovencita, la cual experimentó ser madre del Hijo de Dios…Pura gracia. Parece que eso de la maternidad no es solo una construcción cultural, sino un caminar con los hijxs, siguiendo el ejemplo de amor, cuidado y vulnerabilidad que Dios mismo manifiesta.

09 noviembre, 2017

El regreso

Regresamos. Estamos de vuelta en Tijuana, con los nuestros. Y entre lagrimas, me alegro montones. Porque el regreso no ha sido fácil, pero ha sido bueno. Ha estado lleno de personas, de amor, de sorpresas, de alegría, incertidumbre y novedades. No somos los mismos, pero no sabemos cuánto hemos cambiado. La gente a la que amamos nos ama igual y eso nos llena el corazón. Nosotros/yo, valoro todo distinto. Honestamente, aún no sé las implicaciones de nuestra ida y regreso, pero confío que ha sido bueno. Nuestra hija no me deja dudarlo. 

Regresamos para salir de nuevo y viajar. Hemos estado en juntas, con gente nueva y llena de esperanza y nuevos proyectos. Esperanza. Me fui con dolor y desilusión, regresé con esperanza y mucha Luz. Cuánto nos ama Dios... Y ahora, en medio de las mil cosas y la complejidad agregada de una bebé, regreso con tanta fuerza como cuando empecé en la obrería. Queriendo entregar mis mejores años para amar y servir a los estudiantes y obreros. Como me dijo una colega en el último campa: “Dios ama tanto a los estudiantes, él ama a su obra y la protege” (paráfrasis mía). Y me llenó los ojos de lagrimas, porque sí, Dios ama esta obra, y nos ama a nosotros. Nos llama a servirle aquí, para salvarnos. 

Luciana se unió a la locura de sus padres, viajando a campas, visitando a amigos entrañables a quien ella seguramente llamará “tío” o “tía”. Ella ya caminó con papá conversando con estudiantes y se sentó con mamá mientras ella escuchaba y acompañaba los procesos de otros. Este regreso lo guardo en el corazón, porque ha re-confirmado la locura y la esperanza del llamado. Sé que no será sencillo, pero está bien. Oro que la imaginación y creatividad nos acompañen en esta etapa. Si hay algo de lo que estoy segura es que Luciana crecerá muy amada y nosotros nos cansaremos. Y en medio de eso, aprenderemos ritmos saludables para seguir adelante, amando y sirviendo. 

De regreso en Tijuana me sé nuevamente llamada por el Señor a este lugar.  Los últimos dos fines de semanas llenos de estudiantes fueron esa re-confirmación. Fue un privilegio compartir Jeremías. Ese libro y profeta sensible que me acompañaron al inicio del sabático. Compartí de Jeremías, compartí la vida, el descanso, las preguntas, las alegrías y los dolores. Y todo es tan real e intento que al finalizar los campas, nos enfermemos y aún no salimos... nos alcanzó el cambio, los desvelos, las emociones encontradas. Pero también nos alcanzó el Señor. Orando por Luciana ayer por la noche, el Señor me invitó a escribir, a detenerme, a pensar el regreso. Aqui estamos. Regresamos. Estamos regresando. 

14 septiembre, 2017

Nuestra primera cita

Hoy, a tus escasas 7 semanas tuvimos nuestra primera cita tú y yo solas, en un café local, como le gusta a mamá. Tú la pasaste dormida en mi pecho, dentro del fular morado que tanto te gusta. Mientras comía el scone y tomaba café pensaba en todo lo que ha pasado este año en Vancouver y en tí y tu llegada. Estamos a solo 2 semanas de mudarnos de regreso a Tijuana y hay tanto que agradecer, hija. Me conmueve pensar lo bueno que ha sido Dios con nuestra familia estos últimos 13 meses. Hemos visto su mano de cuidado, amor y provisión de formas inimaginadas. Tú eres fruto de esto y te llevamos como el mejor recuerdo de nuestro sabático.


Estamos por regresar a nuestra amada Tijuana, la caótica, dolida y colorida ciudad que vio crecer a tus papás. Esperamos que la aprendas a querer como nosotros. Me emociona tanto que conozcas a toda la gente que te ama y aún no conoces y estoy ansiosa porque los nuestros te conozcan. Nuestra vida en Tijuana ya nunca más será igual, contigo a nuestro lado, pero queremos hacer lo mejor posible para que te sientas parte de lo que hacen papá y mamá. Viajarás, pequeña, y en cada viaje queremos hacer algo contigo, darnos una escapada en medio del trabajo, y ayudarte a apreciar otros mundos. Queremos aprender, junto contigo, a descubrir nuevas posibilidades y mirar con ojos nuevos. Tijuana es diferente a Vancouver, pero regresaremos a la ciudad que te vio nacer, ya verás, y regresaremos a ese café que visité hoy contigo.
Eres tan pequeña, y aún seguimos conociéndote. Voy aprendiendo tus gestos y llanto. En tu fragilidad, yo siento mi propia vulnerabilidad. Tu llegada me ha hecho tanto bien y Dios con su sentido del humor me enseña que nada de lo que aprendí este año en la maestría me “sirve” para tu crianza. Sin embargo, en este año también aprehendí más sobre Su amor y gracia y eso es algo que oro para que tú conozcas de cerca, por medio de nosotros y la comunidad que te rodeará. Deseamos criarte con la ternura, paciencia y gracia que hemos aprendido de Dios… y pedimos a Dios que nos ayude.


Tu papá y  yo estamos en el “tour del adiós”, como le llamamos con humor y tú nos estás acompañando a visitar esos lugares y revivir algunos momentos del sabático. Es tan diferente andar la vida contigo. Por las mañanas, desde hace unas 4 semanas, esperamos a que duermas tu siesta y mientras tomamos café, leemos Jeremías y nos preparamos para exponer en los campamentos de Monterrey y de Baja California. Ya no tenemos horas para estudiar, leer y escribir, pero tratamos de exprimir al máximo esa hora diaria para escuchar al Señor. La vida es tan distinta, y seguirá cambiando. Nosotros seguiremos siendo estirados para amar mejor y dependiendo más de Dios para las cosas sencillas. Tú, sin saberlo, nos vas enseñando… y nosotros estamos ávidos para aprender y aprenderte. Ay hija, no tenemos idea de lo que será la vida de regreso a México contigo, pero hay mucho esperanza y expectativa en el corazón. Por el momento, oramos porque seas una bebé viajera para que disfrutes andar con tus papás “pata de perro” los siguientes meses y años. 

04 septiembre, 2017

El embarazo y el parto -mi experiencia, las prácticas y políticas y la espiritualidad del alumbramiento-

Una gran parte del sabático la pasé embarazada. Fue un lindo regalo de gracia, vida, amor y de espera en Dios. El embarazo en general fue “fácil”. Lo más difícil fueron las náuseas de las 6  a las 12 semanas, pero gracias a un medicamento seguro todo se hizo más llevadero. En esas semanas viajamos con amigos a Estados Unidos e hicimos caminatas en la nieve sin problema. En el segundo trimestre, Luciana viajó conmigo a una junta de trabajo a Alemania (la única durante el sabático) y a otra escapadita de papá y mamá al “otro lado del charco”. En dos ocasiones Luciana me acompañó a predicar. Justo después de saber que esperábamos una niña pude comunicarlo a nuestra iglesia local aquí en Vancouver, anunciando que no estaba predicando yo sola frente a ellos, sino con una niñita dentro de mí. Ese reconocimiento me hizo aún más consciente de ella. Me conmoví al recibir la comunión en Regent cuando una amiga me convidó del pan y el vino diciendo que eran el cuerpo y la sangre de Cristo entregados por nosotras, por nosotras dos… Durante los últimos 6 meses de embarazo nade en la alberca de la universidad al menos 3 veces por semana y fue una de las experiencias más energizantes. Al final del embarazo seguimos sendereando y nadamos en un par de lagos. Lo disfruté muchísimo. Temía no poder dormir el último mes, pero las visitas semanales al quiropráctico (cubierto por el seguro universitario) hicieron las noches más ligeras (y el parto más fácil tal vez). Llevar a Luciana fue un regalo y el sabático fue un tiempo muy especial para ello.

El embarazo lejos de casa no fue siempre fácil. Nuestra familia y amigos no pudieron ver a Luciana crecer dentro de mí, ni sentir sus patadotas, ni tocar mi panza. Tampoco tuve los cariños de mis papás cerca, ni sus cuidados cuando más lo necesitamos. Sin embargo, no me sentí sola. Abdiel y yo aprendimos juntos de cada cambio y nueva etapa. Leímos y hablamos, hablamos e investigamos. Pudimos vivir nuestra propia experiencia y “hacernos bolas” solitos. Tuvimos mucho tiempo para soñar, hablar y pensar cómo hacerle frente a los desafíos. También fuimos bendecidos por un sistema de salud que le apuesta a un embarazo y un parto con las menos intervenciones médicas posibles. Pudimos tener una doula que nos acompañó antes, durante y después del parto. En ningún momento tuvimos que luchar por un parto natural o limitar las intervenciones médicas. Se nos animó a escribir un plan de parto ideal y durante el actual, la enfermera conocía bien todos nuestros deseos y nos los recordó.

En el tiempo de embarazo fui más consciente de las políticas y prácticas alrededor de los embarazos en diferentes culturas y países. Me resultó fascinante. Leí y escuché las experiencias de amigas cercanas y de mujeres desconocidas, lo cual fue muy formativo e informativo en el proceso. Yo tenía algunas ideas sobre lo que quería durante el parto, las platiqué con Abdiel, nuestro doctor familiar y la doula. Di muchas gracias a Dios porque en otros lugares, mis decisiones no hubiesen sido respetadas ni tampoco hubiera recibido la información y preparación para un parto lo “más natural posible”. Incluso, ya nacida Luciana, pude escuchar a mi mamá recordar su experiencia de parto conmigo (revivida al tener a su nieta en brazos) y también a mi suegra contar su propia experiencia de 3 partos naturales. Aprendí mucho. Sigo aprendiendo.

El embarazo no es una enfermedad y no debe ser tratado como tal y el parto es un proceso natural para el cual nuestro cuerpo está preparado. Gracias a Dios la medicina a avanzado lo suficiente evitando la muerte de muchas mujeres con complicaciones durante el alumbramiento y para salvar la vida de los bebés. No obstante, también hay un abuso y una lucha política que se combate con el cuerpo de las mujeres, en nuestros cuerpos. En México, las cesáreas se practican indiscriminadamente y la episiotomía sigue como una práctica en muchos hospitales. A los bebés se les ofrece formula al nacer, muchos papás no pueden estar presentes durante el parto. Los bebés son llevados justo al nacer para que los revisen y los bañen. Mucho de esto se hace en detrimento de la mamá y el bebé, y en contra de las recomendaciones de la OMS y UNICEF. [1][2] En Canadá el sistema no es perfecto, pero fue muy bueno para mi experiencia durante el embarazo y el parto. Se respetaron mis decisiones y cuando pedí que me administraran la epidural (después de 36 horas de labor de parto) me recordaron que mi deseo era no recurrir a la anestesia. Aun así la pedí y gracias a ello pude descansar por una hora y después de ese descanso, tener la fuerza suficiente para sacar a Luciana en muy poco tiempo.

Mi embarazo fue de bajo riesgo. La fuente se rompió y entré en labor de parto 3 horas después. Abdiel y yo cocinamos, caminamos, descansamos lo más posible, tomé un baño caliente y Abdiel contó mis contracciones. Todo esto sucedió en casa, por casi 30 horas. Cuando nos llevaron al hospital, yo ya estaba en 4cm de dilatación. En cuanto nos subieron a nuestro cuarto, entré en la tina y estuve ahí por 3 horas, siendo ayudada por Abdiel, la doula y la enfermera. Resistí y recibí las contracciones. Recordé las palabras de la instructora del curso prenatal, del parto como un duelo. Una muerte a una parte de mí misma, para dar a luz una vida. El paso no fue sin dolor y sufrimiento. Después de 3 horas en la tina me sentía exhausta y ya no podía con el dolor. El recurso de la anestesia fue un regalo, y cómo escribí en líneas anteriores, Luciana nació en menos de 2 horas después de que me administraran la epidural. Ella nació sana y en cuanto salió de mí la colocaron en mi abdomen, dejaron que su cordón dejara de latir y Abdiel lo cortó. Esperamos casi 2 horas para que Luciana escalara hasta mi pecho y comiera por primera vez. En ningún momento la perdí de vista y Abdiel estuvo siempre a nuestro lado. Luciana pasó sus primeras horas en mi pecho y en el de su papá, haciendo contacto piel con piel. Fue muy especial.

La historia después de nuestra salida del hospital (36 horas después del nacimiento de Luciana) es otra historia. Papás primerizos, sin experiencia, con muchas teorías y lecturas, pero poca idea de lo que es un recién nacido… Pero sí, el parto fue un duelo y una celebración. El embarazo fue un proceso, un peregrinaje (del cual he escrito más aquí ) y una invitación a escuchar historias, cuestionar políticas y reflexionar prácticas. Tengo más que decir, que leer, pensar y escuchar… Pero ahora, corro al escuchar que mi hija está despertando, lista para comer…


[1] http://www.who.int/reproductivehealth/publications/maternal_perinatal_health/cs-statement/es/
[2] https://www.ihan.es/

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