martes, 21 de mayo de 2013

Hacer música y cultura

Trabajo con estudiantes muy talentosos, algunos de ellos tienen dones artísticos que disfruto y me desafían. Dos de ellos cantan desde que les conozco, al principio me parecía que eran buenos, pero ahora no tengo duda que otros deben escucharles, porque aparte de tener talento, la letra de sus canciones pintan escenarios de fe, expresan oraciones y cuentan historias de esperanza.


Foto en la casa de la Familia Olachea, familia de músicos y artistas plásticos

Con esa generación de estudiantes descubrí el mundo del ARTE, lo valoré como una forma de expresión, una manera de comunicar, un puente hacía su generación y un desafío para reconocer las filosofías que se venden detrás de las obras.


Ahora quiero compartir una canción de Saulo. Amigo, compañero de misión y de viajes, a quien he visto crecer en su fe, siendo estudiante. Justo el fin de semana viajábamos a Ensenada y él le decía a Abdiel: “Si nosotros (los cristianos) no cantamos sobre el amor, la vida y el mundo, otros lo harán.” Ellos platicaban y los escuché con atención, platicaban que no es necesario que mencionar a Dios en todas las canciones, pero cuando se compone y canta (como cristianos) la cosmovisión se hace expresa y se comunica verdad (sic). Entonces me emocioné y pensé: 

“Esto es hacer cultura de manera alternativa”

Saulo compuso esta canción y Abdiel y yo, apropiándonos de ella, le ayudamos en la última parte. La bautizamos como "Nuestro viaje" y Saulo nos la cantó muchas veces en el camino de regreso a Tijuana:
Espera amor, nos queda un camino largo por andar, es contra la fuerza de gravedad, nos queda un suspiro por llevar. Espera amor, nos queda un camino por descubrir y saber que no hemos vivido por vivir, sin miedo de no volver atrás y sin miedo de lo que pasará.
Y en mis brazos ibas dormida, como un ángel, tan quieta como el mar, cuántas vueltas dará mi vida, nuestro viaje acaba de empezar.
Espera amor, nos queda un camino largo por descubrir, saber que no hemos vivido por vivir, sin miedo de no volver atrás, y sin miedo de lo que pasará.
Y en mis brazos ibas dormida, como un ángel, tan quieta como el mar, cuántas vueltas dará mi vida, nuestra viaje acaba de empezar.
Y en tus brazos iba dormida, paso a paso aprenderé a confiar, cuántas vueltas dará mi vida, en nuestro viaje, desde el cielo nos guiarán. 

La otra estudiante y amiga que me desafía con sus canciones, su ímpetu misionero y su iniciativa es Melissa. Ella ha compuesto muchas canciones, no podría enumerarlas todas, pero puedo animarles a buscarla en Youtube. Esta se llama "No olvidados", escrita después de Borderlands, como una respuesta a la migración obligada y forzada en nuestra frontera. 




Ellos cantan la vida, la fe, las historias de dolor, amor y esperanza. En sus canciones hay buenas noticias y Dios me ha enseñado mucho a través de ellos y de muchos otros estudiantes que luchan por vivir su fe integralmente. 



jueves, 16 de mayo de 2013

Vida cotidiana

Mis lecturas del "Cómete este libro" de Eugene Peterson continúan desafíandome a una vivencia cotidiana de mi fe en Jesús. No puedo evaluarme a partir de mis habilidades para enseñar, dirigir, escribir o argumentar, sin considerar del día a día con la familia, los amigos, los estudiantes, la iglesia local; cómo enfrento mis problemas, las necesidades apremiantes de otros, la organización de mis tiempos y lo que decido ver en el internet o la t.v. 

Así que pensé que un buen ejercicio para la publicación de hoy sería ser sincera con las cosas que estoy disfrutando en los ultimos días, junto a aquello con lo que estoy batallando y no logro comprender del todo. Cuando pienso en este tipo de cosas me ayuda recordar que "el sistema" y "el mundo" en el que vivo me invitan casi obligadamente a ignorar los detalles (las sonrisas, las flores, el té...) y a las personas que también habitan el planeta. Constantemente debo quitarme los lentes para no ver el mundo y pensar la vida con la mirada Hollywoodense de la "perfección" o la tragedia, ni con la superficialidad y fantasia telenovelesca. Tal vez lo más sutil para mi, es buscar información, datos y conocimiento, y no relacionarme verdaderamente, sentir y estar dispuesta a fallar muchas veces.

En las últimas semanas me cuesta abrir la Biblia con la misma emoción con la que abro otros libros, pero cuando empiezo a leer, a imaginar y orar la Palabra, me encuentro con un mundo y una realidad que explica quien soy y el mundo en que vivo. Pero no es tan fácil abrirla cada día, porque soy retada a arrepentirme. No siempre es así, hay otros momentos donde también me siento afirmada, consentida y animada, pero últimamente esa ha sido mi experiencia con la Palabra. Agradezco a Dios que me habla de tal forma, sin embargo, sigo luchando, esperando conocerle mejor. Jesús me sigue pareciendo dificil de aprehender y cuando leo Lucas, de pronto me siento muy bien en compañía de los discipulos, aunque expuesta ante mi falta de fe, y en otros momentos señalada por estar en compañìa de los fariseos y otros poderosos de la época y pensar o actuar como ellos. No tantas veces me identifico con las mujeres y niños ignorados a quienes Jesús reivindicó, pero cuando camino en el sentir de ellos, la mirada de Jesús también me cautiva. 

En estas últimas semanas también retomé la disciplina de correr unas 3 a 4 veces por semana, pero con un toque diferente. Abdiel y yo hemos corrido desde que llegamos de Oaxaca, ha sido diferente y especial. Aparte de las bondades y el esfuerzo de correr, se ha convertido en un tiempo para estar al día con nuestras vidas, afuera del contexto del ministerio estudiantil y los demás trabajos compartidos. Creo que nos ha hecho bien, no siempre tenemos la misma fuerza o ganas, pero casi siempre al final terminamos contentos por el ejercicio y el tiempo de conversación. En ocasiones nos ayuda a correr el stress, a disfrutar de un atardecer en la playa o simplemente reconocer que hay valor en ver a Dios en lo común y ordinario.

Sigo leyendo sobre género, mujeres y micromachismos. Ya me voy dando cuenta que no es tanto un objeto de estudio, sino una búsqueda por explicaciones a las realidades sociales, espero escribir sobre esto más adelante....

lunes, 6 de mayo de 2013

¿Qué significa hacer ministerio desde el "amor al prójimo"?

... sigo aprendiendo sobre "el ministerio", sobre el servir a otros como una evidencia de mi amor a Dios y al prójimo. Algunos lo llaman vocación, llamado o apostolado, pero sea como sea, aprovecho la oportunidad de detenerme a pensar los últimos años de servicio con personas, la mayoría en el contexto de la Universidad

En Ensenada (foto tomada del FB de Paty)
Escuchar es muy dificil, hay resistencias constantes que romper. Sin embargo, no puedo servir sin escuchar al otro. Es trabajo desgastante, pero también humano y de amor. En las últimas dos visitas a Ensenada, me propuse no imponer el modelo de lo que he visto funcionar en el trabajo con universitarios en otras ciudades y contextos, sino aprender de las personas, escuchar, preguntar y ofrecerme. A veces pienso que toda mi capacidad para planear, razonar, elaborar proyectos y explicar la realidad me estorba cuando lo que quiero es amar a otros. Mi compulsión por dar respuestas, por resolver conflictos y por hacer que las cosas "funcionen" no responde siempre al deseo de edificar, sino al de producir, y el costo es alto cuando dejo de ver al otro como sujeto de amor, como persona, digna y también necesitada de relación. 

Las últimas conversaciones con Dios y con los que a partir de la Universidad comenzamos a caminar juntos in/con-scientmente  -enmarcadas en este "ambiente universitario" reproducido en casas, cafés y otros espacios- me llevan a reflexionar. Me veo muy desafiada a vivir las implicaciones de seguir a Cristo (al de las Escrituras) en un mundo que nos lleva a ver al otro como una amenaza, un producto de consumo, un medio para mis fines, un enemigo, pero casi nunca a alguien igual a mi.  Y preguntó (apropiándome de las preguntas de otros): ¿Qué significa hacer ministerio desde el amor al prójimo? Rápidamente respondo. Saberme amada, no usada; acompañada, pero no sofocada; conocida, pero no controlada; escuchada, atendida, tomada en cuenta. No espero que resuelvan mi vida, pero sí, se tomen el tiempo de entender mis necesidades y pongan su vida para construir juntos alternativas, respuestas, puentes y para cerrar brechas. 

En Mexicali (foto tomada del muro de Esteban Vázquez)
En medio de todo esto, el ministerio me está haciendo más humana, me va transformando, pero no me deja sin cicatrices, ni sin dolores. Me doy cuenta que las transformaciones profundas del corazón requieren humildad diaria y dosis de paciencia que piden aún más sabiduría y longanimidad. Lo triste es que escribirlo o "entenderlo" no me hace mejor en lo que hago, sólo me hago consciente y asumo responsabilidad de lo que otras veces he ignorado y de lo que sé que hago mal, pero aún no encuentro como huir de mí misma. Apelo al mismo Cristo de las Escrituras y me doy cuenta que su respuesta no está en palabras rápidas y astutas, sino en actos de amor que lo sangraron, hasta dar la vida de manera que no puedo huir. ¿O recibo su amor o corro muy lejos...?

En Ensenada (foto tomada por Paty Vallejo)
En todo este proceso/tiempo/espacio me voy encontrando en otros y en Él (que ahora sé que no es él ni ella), voy queriendo vivir más de esta vida, voy pidiéndole a Dios que me ayude a disfrutar lo que viene de Él. Quiero reconocer sus huellas, tener la valentía para seguirlas, no aferrarme a mi comodidad y  amar mejor a quienes están cerca. No creo que algun día pueda amarlos a todos, pero sé que si no empiezo por mamá, papá, mi novio, mis amig@s, los estudiantes y l@s herman@s de la iglesia, menos podré amar al de la esquina que come de la basura o a la niña que veo los domingos gritando para que la vean. Quiero amar, pero lloro porque sé que entonces necesito dejarme amar, seguir conociendo al amor, dejándome sanar por El, rindiéndome ante El y cediendo a mis compulsiones para escuchar, amar y servir mejor a quienes Dios ha puesto en el camino, con los que por invitación comparto la Vida. 

En San Diego (foto tomada del FB de Melissa Olachea)

Sigo aprendiendo, que lo importante de servir, son las personas, no las maestrías, ni los tìtulos, ni los reconocimientos, sino las relaciones. Las amistades, el amor, caminar, aprender, reir, llorar y hasta nuestras guerras de cosquillas que expresan amor más allá de lo que podemos decir... 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Bienaventurados los pacificadores...

La paz no es el producto del terror ni del miedo.
La paz no es el silencio de los cementerios. 
La paz no es el producto de una violencia y una represión que calla. 
La paz es la aportación generosa, tranquila, de todos para el bien de todos. 
La paz es dinamismo. 
La paz es generosidad.
Es un derecho y un deber. 

      
-- Monseñor Oscar Romero (1917-1980)

Hace ya varios días nos enteremos en México de varios sucesos trágicos en Estados Unidos. Fue desafortunado ver expresiones de odio donde gente muere y sufre, y también la negligencia de una fábrica al no atender los avisos de precaución teniendo consecuencias fatales. En medio de todo esto, y por vivir en frontera,  los medios de comunicación dejaron sentir que las cosas “andaban muy mal”. No obstante, creo que la situación es preocupante no solo por esto sino por muchas otras evidencias de maldad conocidas en esos mismos días: un bombardeo en Iraq, la continuidad de una guerra civil en Siria, un edificio caído en Bangladesh, secuestros, extorsiones y asesinatos en México, solo por mencionar algunas. Los medios de comunicación pueden hacernos sentir el dolor de unos más que de otros, pero son muchos los que están sufriendo.

















Sin embargo, los sucesos en los Estados Unidos me invitaron a indagar más en el escenario mundial y reconocer que la violencia es parte de la realidad cotidiana de casi todos. Ya sea por guerras, violaciones flagrantes a los derechos humanos, hambre, indiferencia, gobiernos represores o el crimen organizado, nuestras ciudades están llenas de odio. Entonces, no pude evitar la pregunta:  ¿Qué significa ser pacificadores ante nuestro contexto mundial?


No creo que haya respuesta sencilla. La Biblia nos provee una explicación de nuestra condición, que contiene malas y buenas noticias. Por un lado un mundo alejado de Dios con consecuencias nefastas para el ser humano y todo lo creado, y por otro, la oportunidad de una restauración de todas las cosas a través de Jesucristo. Pero esta restauración aún no es total, vivimos en la espera activa de la consumación del Reino de Dios. Mientras tanto, el mal sigue existiendo y la Biblia apunta a una raíz, como la idolatría al dinero. ¿Qué significa ser pacificadores entonces?


Sugiero que comienza en reconocer nuestro egoísmo y avaricia aún cuando caminamos con Jesús. Implica explorar primero la realidad en nuestros corazones que niega al prójimo lo que quiera para sí mismo. Jesús enseñó esto a sus discípulos, hablando de la imposibilidad de amar a Dios y al dinero. No se puede vivir ambicionando riquezas y el reino de Dios al mismo tiempo. Santiago, en su carta a las iglesias, también denunció con avidez la codicia de las comunidades cristianas. Una evidencia de esta idolatría era la exclusión de los que menos tienen y de los “menos” importantes. Cuando estimamos más el dinero, inconscientemente otorgamos valor monetario a todo y el ser humano pierde su dignidad intrínseca.


Y, ¿qué tiene que ver todo esto con el mal de nuestro mundo? En que nosotros sí tenemos los medios para contrarrestarlo. La paz es un valor del Reino, la carta de Santiago habla de la paz como proveniente de Dios mismo y la sabiduría que otorga, dando como fruto la justicia. Somos invitados a buscarla. La paz no es pasiva, invita a la reflexión, la obediencia, la humildad y la acción en amor por quienes están en necesidad. 

Ser pacificadores tal vez signifique preocuparnos por los ignorados en los medios de comunicación  y ser prójimo de los que sufren. O renunciar a la ambición personal, la codicia, la arrogancia y el egoísmo. Hasta denunciar las motivaciones escondidas de los gobiernos e instituciones por enriquecerse a costa de la salud y el bienestar de las personas.   Es aquí donde me parece que todo converge, porque si amamos más al dinero, entonces nuestro principal interés estará en conseguirlo y no en servir a nuestro prójimo afectado por la codicia de otros, ni en denunciar que mucha de la maldad de nuestro mundo tiene como causa la ambición por tener y “ser” más. 

lunes, 22 de abril de 2013

¡Un llamado a que la Palabra nos estudie!


Llevo años invitando a estudiantes y más personas a estudiar con seriedad la Biblia, es decir, a meterse en ella para comprender mejor lo que dice, con la esperanza de que encuentren respuestas a sus preguntas y a sus aspiraciones más profundas. Ahora, sigo invitando a estudiantes a adentrarse en el mundo de las Escrituras para encontrarse con Dios y re-descubrir a Jesús, sabiendo que Dios les está buscando de mil maneras. Sin embargo, en estos últimos días, veo la clara la invitación de Dios a dejar que sea ella quien me/nos estudie.

Estoy leyendo “Cómete este libro” de Eugene Peterson y meditando por las mañanas la carta de Santiago desde hace unos días, mientras estudio con amigos el evangelio de Lucas. En esto observo que la Palabra requiere nuestra dedicación para comprender lo escrito, pero aún más, reclama humildad para dejar que el corazón descubra su realidad ante un Dios que conoce necesidades, sueños, dolores y pecados. Expandiéndome un poco en las ideas que presenta Peterson, n el momento en que la Palabra deja de ser fuente de vida, se convierte en una herramienta para “usar” y manipular, para controlar a otros desde una posición de “poder” a la cual podemos apelar al “saber” lo que otros no saben. Por eso quiero enseñar y aprender junto a otros, sin imponer. Quiero caminar con otros y ayudarnos a ver nuestras vidas a la luz de la Palabra.
En Santiago no puedo esconderme del mandato de “Amar a mi prójimo”, no puedo poner excusas con fachada de religiosidad hueca, porque “la verdadera religión es atender a los huérfanos y a las viudas, y conservarse limpio de la corrupción del mundo”, tampoco puedo cubrir mis favoritismos al dar atenciones especiales, porque para Dios los ricos y los pobres valemos igual. No puedo cantar a Dios los domingos y maldecir a los que me hacen daño entre semana, menos puedo decir que tengo fe, si mi vida no está en la brecha por el amor a otros, no puedo separar lo espiritual de lo material, ni el amor a Dios al del prójimo. No puedo callar ante el mal y la injusticia, no puedo ceder a la corrupción ni conformarme... 


 

















Solo puedo ser humilde, y aceptar la invitación a entrar a la Gran Narrativa de Dios, a la realidad de las Escrituras, y vivir, caminar y andar como allí se me pide… Cuando la Palabra me refleja, me muestra quien soy y me estudia, mi respuesta es de asombro, humildad, incomodidad, gratitud y emoción. Solo si vienes y ves, sabrás de lo que estoy hablando…