29 septiembre, 2010

Conocer a Jesús

Hace una semana terminamos con un estudio de todo el evangelio de Marcos. Para los que han leído el blog en semanas anteriores, recordarán que ya he hablado sobre este grupo de mujeres jóvenes con quienes me reuno cada miércoles.

La verdad que los finales siempre son emocionantes y a su vez nostálgicos, dejan expectativas y algunos pendientes. Este final fue especial, nos llevó a articular mejores preguntas sobre el significado de seguir a Jesús en el camino y a su vez compromisos firmes con Él.

Algo que dije, vale la pena escribirlo, sobre todo porque necesito recordármelo constantemente. He traído esas palabras en mi mente desde hace una semana.

"Lo más importante es conocer a Jesús. No podemos esforzarnos por agradar a quien no conocemos y tampoco podemos pretender ser buenos en nuestras fuerzas. Todo comienza y termina con Él. Si hay algo en lo cual estamos fallando o estamos inconformes en nuestra vida, la respuesta es buscar a Jesús, conocerle, reconocerle y rendirnos a Él. Suena fácil, pero no siempre lo es.

Debemos preocuparnos más por lo que piensa Jesús que lo que otros piensan, debemos buscarle a él primero para conocernos a nosotros, es más, debemos ir a Él para saber nuestra condición. Sólo Dios puede transformar vidas para la eternidad, sólo él da la fuerza para hacer el bien, para cumplir su voluntad. El mundo está afanado por hacer y hacer; Jesús nos invita a conocerle, quien se encuentra con él en su Palabra por el Espíritu, no podrá seguir igual. Hará como consecuencia de ser, y no al revés."

Cuando se conoce a Jesús, se vive para la Gloria de Dios, no importa su costo, en Él estará siempre nuestro deleite. Todo empieza con él, es para él y se responde en él.

22 septiembre, 2010

¿Por qué orar?

Bueno, esto que escribo no pretende ser un tratado sobre la oración. Simplemente lo aprendido en el andar de estos últimos días.

Ante el mucho afán, ajetreo, de pronto las frustraciones y el peso de saber que mucho no sale como debería, ORAR, es recordar al Dios en quien yo creo. Que el Dios a quien dirijo mis ruegos es Creador de todo lo que hay y conozco en esta tierra y más allá de ella. Y él la sostiene hasta hoy.

ORAR es reconocer su soberanía. Aún cuando no entiendo las cosas o hay tanto que parece ir tan mal; al clamar a Él soy recordada de su proyecto para la historia humana y de sus designios que se cumplen, porque Él así lo ha planeado.

ORAR es depender de Dios. Porque me pongo en mi lugar como creatura y como hija suya, que toma de su gracia, amor y misercordia para vivir. Que ha recibido todo, por medio de un Dios que ama a su gente, al punto de hacerse como nosotros y morir en lugar nuestro.

ORAR es pedir Su dirección.

ORAR es responder a la iniciativa de Dios. Caminar en respuesta a su voluntad, amándole y obediciendole en todo.

ORAR es aprender que todo comienza con Él y termina con Él.

Es valiente quien ora y es fe el orar. No porque Dios tiene que responder a todos nuestros deseos o porque busquemos convencerle. ORAR expresa verdadera confianza, nos somete a Su voluntad, nos lleva a la obediencia y nos provee Su paz.

14 septiembre, 2010

Nuevos libros sobre el buró

A lado de mi camá tengo un pequeño buró, encima está una lámpara, mis kleenex, una libreta, varios libros, entre ellos la Biblia, y casi siempre un vaso de agua o una taza de té.

En estas últimas semanas, los libros cambiaron. Terminé de leer 4 de los libros en los que estaba y comencé con otros. Terminé con Palomas, una linda y desafiante novela inspirada en la vida del profeta Jonás, Contracultura Cristiana que fue mi compañero devocional muy retador y exigente, Solo por gracia que me ayudó a entender un poco mejor la doctrina que sostiene la Iglesia católica, C. Stacey Woods and the Evangelical Rediscovery of the University transportándome a los comienzos de la obra estudiantil de la CIEE, conociendo a gente de carne y hueso, usada por Dios para esos propósitos. (Por ahora no incluyo los de la tesis, porque esos están sobre el escritorio).

Comencé con otros: Viviendo como Pueblo de Dios ha sido mi compañero por las mañanas. He estado leyendo y meditando en Éxodo y Deuteronomio. Muchas cosas me han parecido nuevas y me han llevado a reflexionar y agradecer a Dios por su actuar en la historia, he visto con más claridad la continuidad entre el antes y después de la Encarnación, veo la justicia de Dios, su santidad y me maravilla también su amor y misericordia. La verdad que mientras leía, no podía dejar de pensar en que el montón de leyes dadas a Israel reflejan el carácter de un Dios justo, al establecer cosas como el jubileo, el sabático y reglamentar la ayuda al prójimo, el trato con el extranjero, el esclavo. La severidad de Dios también desafía, porque veo a un Dios santo y justo que escoge a un pueblo para sí, para su gloria. Al pasar las páginas, escribía después en mi libreta todo el agradecimiento a Dios, y veo lo bueno que es temerle y amarle. En Deuteronomío, la invitación es a amarle y eso significa obediencia.

Creo que mucho de lo que estoy aprendiendo, necesitaba recordarlo, y no dejo de pensar que debemos profundizar y conocer mejor de qué se trata esto del Reino de Dios en nuestro mundo... Tal vez encontremos que vivimos más como el mundo, que como pueblo de Dios en el mundo. Necesitamos regresar a la Palabra, ahí se encuentra como Dios quiere que vivamos y cómo le reflejamos a él y su gloria.

También comencé con Interrogantes sobre el sentido de la historia, Rostros del protestantismo latinoamericano y Jesucristo: Señor de la historia, pero de esos escribiré más adelante...

07 septiembre, 2010

Dolor y tristeza...

Pensar a Jesús en el huerto de Getsemaní: su oración, su expectativa ante el dolor, su tristeza y ansiedad me conmueve y a la vez me maravilla. Pienso en las escenas anteriores y posteriores a esta relato. Jesús cena con los suyos. Les advierte sobre su debilidad, los invita a depender de Dios y lava sus pies. Después es traicionado, arrestado y sana a Malco. Ve a los suyos abandonarle; afirma su identidad, calla ante sus acusadores y camina hacia la cruz. Se preocupa por su madre. Cumple la Escritura. Se somete a la voluntad del Padre. Y entrega su vida. "Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo", como dijo Juan el Bautista. Muere un justo en lugar de muchos pecadores.

Me conmueve porque en momentos de dolor y tristeza propios, veo a Jesús dando ejemplo. No calla su ansiedad, la comparte con los más íntimos, con sus amigos. Los invita a orar a Dios. No esconde su vulnerabilidad, aun siendo quien es. Tampoco rechazó a quienes le habrían de abandonar, ni les servió menos o les amó menos. Ni cedió ante su propia comodidad para no pasar por el sufrimiento, cumplió hasta el final la voluntad de su Padre. Amó hasta el final.

Cargó con nuestro pecado, y en su cuerpo llevó nuestro dolor, culpa, enfermedad y tristeza. Por lo que él hizo vendrá un día en el que ya no habrá más dolor ni llanto, y desde hoy podemos disfrutar de un refugio constante de un Dios que nos ama y nos declara justos por el sacrificio del Hijo.

Esto, aún en momentos de profunda tristeza, decepción, afán, angustia o soledad, nos provee de esperanza. Porque Jesús sí sabe lo que es padecer, sufrir, y hasta morir injustamente, pero sometido a ello voluntariamente, por amor. Me maravilla saber que cuando lloro por razón de mi pecado o el de otros, él me llama dichosa. Porque él también lloró por las consecuencias del pecado, que finalmente conducen a la muerte. Si lloramos por lo que duele o nos entristecemos por lo que vemos que no está bien, se vale. Pero debemos hacerlo también a la luz de Jesús, dejar que nos acompañe, que seque nuestras lágrimas, nos recuerde su amor, nos ampare bajo su sombra y respiremos de nuevo su esperanza...

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