17 octubre, 2013

El lenguaje apocalíptico

La manera en que se dibuja ante nosotros el escenario del primer siglo de nuestra era, es clave para comprender lo que los escritores del Nuevo Testamento pensaban acerca del “fin” No podemos llevar nuestros prejuicios y comprensión del s. XXI e imponer esa mirada a textos escritos hace dos milenios. Posiblemente nuestra incomprensión de la historia nos ha llevado en una dirección equivocada al acercarnos a la Biblia y nuestras expectativas acerca del fin del mundo estén más influidas por ideas griegas u otras lecturas posteriores. Muy seguramente nuestra “esperanza futura” está más informada por películas o algunos textos descontextualizados, donde lo que predomina son desastres naturales y muchos elementos de ciencia ficción.

¿Qué es el lenguaje apocalíptico? ¿Por qué es importante entender el lenguaje apocalíptico en relación a las expectativas de los judíos en el primer siglo? ¿Cómo leer a los profetas con su lenguaje figurativo? ¿Qué hacer con las palabras de Jesús y otros escritos del Nuevo Testamento que hacen relación al final de los tiempos?

N.T. Wright en su libro “The New Testament and the People of God”, plantea su tesis sobre cómo podemos acercarnos a la Biblia y estudiarla, haciendo justicia al tipo de literatura que nos presenta. Uno de sus estudios es acerca de lo “apocalíptico”, y explicado de manera sencilla, es el tipo de literatura y lenguaje que expresa la esperanza en la vindicación de Dios para el pueblo de Israel. En esto quisiera elaborar sobre 4 aspectos sobre los cuales Wright elabora:
  1. Es una forma literaria y una convención lingüística. No se pueden leer literalmente, tienen múltiples niveles de significado y están cargados de metáforas y símbolos porque intentan expresar la manera en que Dios intervendrá en la historia, por lo cual aluden a otros eventos históricos. Buscan la manera de investir de significado a eventos que tendrán una trascendencia cósmica. (Ejemplo de ello son los profetas del Antiguo Testamento y muchos otros más que son extra-bíblico). 
  2. Apocalíptico no significa que éste mundo dejará de existir en espacio y tiempo, sino la creación de un nuevo orden mundial. No existe ningún elemento en la literatura de la época, ni de la cosmovisión judía, sus símbolos o sus creencias básicas que nos lleven a pensar que ellos esperan que este mundo llegue a su fin. Esto rompería con las creencias basadas en un Dios creador, comprometido con su creación y que actúa en la historia. Los elementos literarios que encontramos donde se habla de astros, terremotos y otro tipo de cosas, son formas de ilustrar la fuerza de este nuevo orden y su transformación. Un ejemplo de esto es que la salvación para los judíos implicaba la liberación de la opresión, la paz (Shalom) y bienestar de Dios, el perdón y el reinado de Dios, pero nada de esto tenía tintes escapistas del mundo, sino insertan su esperanza en el mundo.
  3.  Existen diferentes contextos para el lenguaje apocalíptico que debemos considerar. El personal implica que pueden ser revelaciones divinas o formas de proveer enseñanzas que inviten a la esperanza en medio de contextos de persecución y dificultad. Esto nos lleva a considerar el contexto social y reconocer que este tipo de literatura es un recurso subversivo para los grupos oprimidos. En su consideración histórica entendemos que este tipo de literatura no fue usada siempre o entendida de la misma manera por todos, pero sí fue un recurso para proveer esperanza. La idea de Mesías puede ser un ejemplo, porque estaba presente en la mente de los judíos, pero se entendía diferente de acuerdo al momento histórico de Israel y no significaba lo mismo para todos los grupos. 
  4. El lenguaje es representativo. Usa símbolos e imágenes para representar pueblos y razas, hace también representaciones sociológicas de una persona por un grupo mayor o metafísicas donde un ser divino representa seres terrenales. Estas imágenes son recursos para dejar ver la relación entre el mundo celestial y el terrenal, y deben entenderse de forma metafórica. Las bestias y otras criaturas posiblemente celestiales nos ilustran sucesos terrenales de manera exagerada y pintoresca, para dejarnos observar mejor su significado y nos llevan a imaginar el drama. No son explicaciones directas y claras, porque los sucesos son eventos históricos complejos y Dios mismo está actuando en la historia humana para restaurar el mundo a una “nueva creación”.


El lenguaje apocalíptico nos cuenta historias del obrar de Dios en la historia. No podemos acercarnos a pasajes como los de Marcos 13 o el Apocalipsis de la misma manera. No podemos esperar que bestias surjan del mar o que la luna se convierte en sangre (literalmente). Tampoco creo que podemos decir que sabemos exactamente cuándo y cómo sucederán las cosas. El lenguaje apocalíptico dibuja historias subversivas de esperanza, pero no lo detalla todo, no es su propósito.  Entender un poco mejor me desafía a leer la Biblia con más humildad, para intentar comprender mejor su contexto y al mismo tiempo hablar de la nueva creación, del nuevo orden mundial, de la resurrección de los muertos, del reinado justo del Rey, Siervo y Mesías crucificado, del perdón de pecados y de la salvación desde una óptica bíblica sin cargarle todas mis expectativas y perspectivas desde el siglo XXI. 

11 octubre, 2013

Lecciones en el viaje

Después de 3 días en casa, quiero compartir un poco de lo aprendido en estas últimas 3 semanas de viaje (principalmente en Chihuahua y Sinaloa). 

  • Somos llamados a hacer misión en comunidad. Estoy agradecida por mi compañera en este viaje, quien es amiga y colega en la misión. Y también por aquél que es mi compañero de caminar, estemos cerca o lejos. 
  • El cansancio es real, y es importante buscar espacios para orar, apartarse, disfrutar, reir, platicar, llorar. 
  • Dios está trabajando antes, durante y después en cada lugar visitado. Es muy emocionante ser parte o espectadora de un poco de todo lo que Él hace. 
  • Soy más frágil de lo que pienso. Entre la fragilidad física ante los cambios bruscos de temperatura y los constantes imprevistos, es evidente que soy vulnerable y muchas veces tengo menos fuerzas, salud y ánimo del que quisiera. 
  • Al dar, recibo de otros. Cada vez que alguien me da las gracias por algo que dije o hice, solo pienso que yo soy mucho más bendecida al ver a Dios en la vida de las personas o en las circunstancias orquestadas por Él. 
  • Las prioridades no cambian. Las personas siguen siendo lo más importante, las que se quedan en casa y las que conozco en el camino. 
  • No tengo el control, y debo aprender a descansar en Dios, aún en medio del dolor y la incertidumbre. 
  • Es bueno planear de antemano: pensar el tiempo para estudiar, estar con gente, preparar materiales y dosificar los tiempos. Pero aún con todo esto, requerimos flexibilidad.

No cabe duda  que el desafío es y será seguir  siguiendo a Jesús aún cuando las exigencias de la vida aumentan. En este viaje fue muy claro que la vocación tiene un costo y las cosas no son fáciles, PERO la historia de Jesús, enmarcada en la Gran Narrativa del Dios que redime, me cautivó y me invita a poner la vida por razón de Su reino... Aquí vamos...

01 octubre, 2013

¿Qué pasa en las iglesias que no hablamos de Jesús?

Ahora me doy cuenta que esto no es imaginación mía, los estudiantes con quienes comparto la vida en diferentes partes del país lo confirman. Sabemos que existió Jesús, asumimos que conocemos a Jesús, hablamos en su nombre, pero su Historia está lejos de nosotros. ¿Cómo fue? ¿Qué hizo? ¿Qué dijo a qué personas? ¿Cómo se condujo, qué enseñó? Recordamos algunas de sus historias, pero muchas están vaciadas de contexto y humanidad.


Estoy muy sorprendida de articular esta realidad que corresponde a una buena parte de la iglesia evangélica en México. Estoy consciente de esto desde hace tiempo, pero me resulta cada vez más alarmante. Mi experiencia universitaria fue un re-descubrir a Jesús y desde entonces no me canso de considerar la forma en que muchos problemas y carencias de  nuestras iglesias son resultado de ignorar la vida, obra, muerte y resurrección de Jesús, en su contexto histórico y sus implicaciones para el día de hoy.

Jesús parece tan lejano de muchos. En la iglesia, los jóvenes y adultos logran articular frases teológicas que resumen verdades bíblicas, pero no recuerdan las historias que dieron vida a estas frases. A los niños les enseñan historias bíblicas con enseñanzas morales, pero muchos tampoco conocen a Jesús. ¿Qué nos pasó?  Si él es tan fascinante, maravilloso e impredecible, ¿por qué lo encajonamos y lo encarcelamos en nuestras definiciones, atándolo a lo que podemos manejar y domesticar? ¡Tal vez por eso muchos no quieren saber nada del Cristianismo!

No sabemos contar la mejor Historia existente y hemos perdido de vista que Dios es el narrador por excelencia. Inventó la mejor, su Gran Narrativa, y en medio de su Historia, tejió muchas otras. Es un Dios que irrumpió encarnándose y se hace presente ahora por medio de personas que le siguen. No hemos aprendido de Jesús mismo quien contó historias que apelan a nuestra humanidad, que nos insertan en Su narrativa y mueven a una respuesta.  Este Jesús demuestra el significado de ser human@ plen@. Recordando a Ernesto Sábato en su libro Antes del Fin, él habla de la valentía necesaria para tomar al mundo como tarea propia y luchar por recuperar la humanidad perdida; en mi interpretación, su llamado refiere a Jesús mismo, como ejemplo de humanidad y combate por ella hasta la muerte. ¿Dónde están esos hombres y mujeres?   

En los viajes y en la casa me he topado con tristeza la ignorancia del Jesús bíblico, del Dios crucificado, el Siervo Sufriente y el Amigo de pecadores y prostitutas. Lo hemos olvidado, nosotros que llevamos su “apellido” y apelamos a su causa, nos hemos entronizado en una espiritualidad vacía de vida, desconectada del mundo y sin relevancia. Hemos resultado más espirituales que Jesús, y los que buscan respuesta en nuestros templos se retiran tristes o compran productos de consumo que solo satisfacen necesidades temporales. Pero, ¿qué historias les contaría Jesús a los líderes religiosos de hoy para confrontarlos? ¿Qué parábolas contaría a sus seguidores para animarlos y desafiarlos a creer? ¿Qué historias escenificaría y contaría a los estudiantes reunidos en las grandes plazas universitarias? ¿Cómo se acercaría con los migrantes que piden pan en nuestras ciudades?



De nuevo la invitación para mí, para ti, para todos: ¿Quién es Jesús

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