17 enero, 2017

Lo que veo en México desde Vancouver

Manifestación en Tijuana, 16 de enero, 2017


Hoy es un día más en el oeste de Vacouver, donde todo parece marchar con una calma comprada por el dinero, la eficiencia y la buena administración . La calma de esta ciudad es admirable, sabe esconder bien el tráfico de personas y la discriminación a las primeras naciones, pero no logra invisibilizar a sus homeless, ellxs pululan por la ciudad, como testimonio contra la ilusión de la opulencia y el progreso del primer mundo.

En esta ciudad, no puedo dejar de pensar en mi ciudad, en Baja California y en México. Desde hace años dejé a un lado la indiferencia generalizada y permití que un poco del caos, la desesperación y la violencia entraran en mi vida, para ser alguien que conoce, aunque sea un poquito, la experiencia de la gente en las calles de mi ciudad y del país que habitamos. Aún estando en Canadá, leer las noticias, informarme y pensar es una obligación-invitación impuesta por mi fe en un Dios hecho humano. Mis opiniones, preocupaciones y tendencias no llevan el sello del mainstream evangélico mexicano, porque a mi me importa lo que pasa aquí y ahora, y porque estoy comprometida con la tranformación de corazones pero también de las estructuras sociales que oprimen a las personas.

Creo en un Dios que está interesado en todas las dimensiones de la vida, aun en las más mundanas y complejas, pasando por la política, la familia, los negocíos, el arte, la universidad, la cultura… Y sí queremos escucharle, tiene mucho que decirnos en contra de la corrupción, la injusticia, la pasividad de sus seguidores, el conformismo, la exclusión y la acumulación de las riquezas. Si le empezaramos a escuchar en nuestras iglesias y dejáramos que hiciera eco sus Palabras desde los púlpitos, escuchariamos menos sobre prosperidad, confort, machismos, personalismos y el mantenimiento del orden. Creo que si su Palabra habitara en medio nuestro seríamos más compasivos, escuchariamos mejor a quienes piensan diferente y tal vez dejaríamos de idolatrar nuestros edificios y amar más a nuestras comunidades.

México está despertando, es mi percepción desde afuera. La gente está harta, estamos hartos. ¿Y saben, hermanos y hermanas que me lean? Nosotros tenemos buenas noticias, pero esas necesitan compartirse mientras marchamos con la gente, cuando compartimos el pan con el migrante, cuando abrimos la casa al desconocido y mientras lloramos con las victimas de la violencia (la doméstica, la sexual, la del poder, la simbólica) y mientras guardamos silencio y aprendemos a escuchar. Las noticias del Evangelio de Jesús son las mejores noticias que el mundo puede escuchar, pero requiere estar encarnadas y envueltas en el amor de quien nos la trajo. Las noticias que somos llamados a compartir no son para obtener un boleto al cielo, sino para reconocer el Reino de Dios aquí y ahora, que será consumado en este tierra, por obra de Dios en el futuro. Las noticias son de paz, de justicia, de reconcialiación, de vida, de perdón, de esperanza y de amor, traídas por un Dios que no se impone, sino que se sacrifica y que nos muestra el ser Dios en la forma más tierna, poderosa (no bélica, violenta ni patriarcal) y bondadosa. Estas noticias necesitan ser re-descubiertas por nosotros y compartidas con aquellos que tienen sed de cambios, de paz, de justicia, con quienes lloran, con los que están hartos y cansados y sin esperanza. Las noticias son para ellxs y para nosotrxs.

09 enero, 2017

El nuevo año

No recuerdo un inicio de año con tanta esperanza (ni con tanto frío!). Algo pasó, y el libro del 2016 se cerró, envuelto en agradecimiento y con varias enseñanzas. Comenzamos el año en Vancouver, y vamos acercándonos a la mitad de nuestro tiempo sabático en este lugar. También destinamos un fin de semana largo para un retiro en Rivendell, con el propósito de pensar el nuevo año, de orar, escribir, leer y soñar. Fue un buen tiempo de silencio y quietud. Y me di cuenta, que en medio de esta temporada de invierno, de haber soltado, de seguir muriendo, hay más claridad.

En medio del frío invernal de Vancouver, han habido días soleados en los que las montañas, los pinos, el mar y las islas se ven con una claridad sorprendente. Y de pronto, parece que así la vida. Claro, es una paradoja, porque seguimos en invierno, en medio del frío, de la lucha, la nostalgía y perseverando, pero surgieron nuevos bríos que ayudan a esperar la primavera. Las clases comienzan mañana, los libros nuevos me van dando la bienvenida y los nuevos temas de las cartas descriptivas me emocionan. El cuatrimestre se ve intenso, con un viaje corto y otro largo, y noticias que seguro alegrarán.

Pero no todo es claro, nos entristecen las noticias de México y nos desconcierta la situación. Hemos de regresar y el país que habitaremos será distinto, con un peso aún más devaluado, gasolina más cara, una ciudad con más migrantes, políticos más cínicos y personas más desesperadas por un cambio. Muchos quieren salir y nosotros regresaremos, mejor que cuando nos fuimos. Espero regresemos con más fe, ánimo y amor para vivir las alternativas que pueden hacer florecer la vida, para vivir en comunidad, para tejer mas relaciones de amor, para darnos y recibir a otros como regalo, para compartir la mesa, el pan y el vino y para ser iglesia. Tengo muchas esperanzas, pero sé que son frágiles, que soy frágil.


En este año no quiero huir de las paradojas, quiero vivir las preguntas dificiles, caminar en ellas, que abran nuevas sendas, anhelo caminar con otros más de cerca, ir hacia adentro, dejar que mi vida hable, descubrir mejor quien soy, lo que puedo y no puedo ser, amar sin miedo, arriesgar, perder, llorar y reir mucho, distraerme menos, escribir más… ¡Qué el Dios de la vida, que camina con nosotros nos guíe a ser más como él!

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