31 diciembre, 2016

Cavilaciones y oraciones de fin de año

El año terminó. Nosotros seguimos aquí, con más preguntas, nuevos sueños, los mismos enigmas, los peregrinos que nos acompañan, con nuevxs amigxs, con otrxs que extrañamos y con muchas cosas que fuimos dejando.  No fue un año fácil. Fue el año que más cedí a las distracciones pero también en el que he visto con más claridad el cuidado de Dios en nuestras vidas. Ha sido un año lleno de sorpresas, nuevos comienzos y de una esperanza que se renueva poco a poco.  Pasé de estar frustrada y cansada, al descanso, las nuevas preguntas, desempolvar los sueños, a las sorpresas, el dolor, las conversaciones profundas, las interminables distracciones, para de nuevo detenerme y reconocer que la vida misma, si soy consciente, sirve de guía para conocer a Dios. 

Me di cuenta que Dios no está obsesionado con la puntualidad de mis lecturas diarias, ni con mi asistencia a la congregación y mucho menos se asombra de mi conocimiento teológico. Los momentos de mayor encuentro y profundidad se dieron en lo cotidiano, cuando me frustré por estar distraida y lloré ante mi falta de integridad. O cuando leí las noticias y escuché las canciones que me recuerdan de cómo Dios llora por todas mujeres violentadas y la niñez robada de inocencia por dinero, guerras o la lujuria de los poderosos.  En mi fragilidad encontré a Dios y de nuevo, soy invitada a encontrar a Dios en mi propia vulnerabilidad y a resistir la equivalencia de Dios con un poder impersonal, despojándole del sacrificio y el amor que define al Dios que seguimos. 

En un mundo que festeja a los poderosos, que busca los privilegio, la abundancia y la comodidad, ver a Dios en los indefensos, dejarme enseñar por los débiles y ser guíada por los humildes es un gran desafío. Pero quiero seguir al Dios de las Escrituras, al Jesús revelado en la Biblia, que sigue caminando con los desposeidos, migrantes y refugiados y oro porque  mi familia y yo nos identifiquemos con ellxs. Para así poder cantar de alegría cuando la gran Babilinia, en representación de los imperios, sea derrotada. Oro que nos emocione compartir la mesa con quienes no tienen algo que darnos a cambio y que nuestras vidas reflejen cada día más el amor y sencillez del Maestro. 

Espero, también, escribir más de manera que lo aprendido se traduzca en pensar mi contexto. Que mis oraciones y pensamientos sobre la trata en México, sobre la política, la familia, las relaciones hombre-mujer, la multiculturidad y sus convergencias con la fe vean la luz en este blog y otros espacios. Necesito que otros sepan y me acompañen, porque no puedo caminar sola, la fe se vive en comunidad, se conversa y se prueba. ¡Gracias por quienes nos acompañaron este año!

Texto que me acompaña en este nuevo año 2017


08 diciembre, 2016

María

Ahora vuelvo a pensar en ti, en lo que habrás sentido al llevar a Jesús en tu vientre. No imagino la sorpresa que significó la noticia del angel y el temor que habrás sentido ante tremendo anunciamiento. Me maravilla tu humilde respuesta, disposición y obediencia. Me parece que contrasta con la de otros personajes en la Biblia que creen saber cómo Dios actúa pero se pierden entre el poder o el deseo de control.

Tus cantos y oraciones fueron revolucionarios, pero en tus labios no parecían una gran amenaza al Imperio. Jesús de seguro aprendió a orar al escucharte. Fuiste mujer conforme al corazón de Dios y llevaste en tu seno la esperanza de millones.

¡Cómo me hubiera gustado estar presente en la casa cuando visitaste a Isabel! Solo puedo imaginar las conversaciones sobre toda su alegría, temor y miedos, así como los múltiples malestares que sus niños les pudieron ocasionar. Ambas, mujeres escogidas por Dios, revirtiendo los valores del mundo y cuidando de bebés que habrían de causar un hito en la historia.

María, no imagino el temor que el tremendo privilegio habrá traido sobre ti, pero fuiste muy valiente. Diste a luz al Dios encarnado y cuidaste de él, y ese es uno de los misterios que aún no podemos comprender. Tú guardabas cosas en tu corazón sobre este niño y fuiste los brazos de amor que cuidó del Salvador. Tú, de seguro entendiste más de Dios que muchos que le conocieron, porque tú supiste la humildad del Creador, al punto de nacer en un bebo y dejarse cuidar por tí, una adolescente dispuesta y llena de fe.

No imagino, María, el dolor que te causó el anuncio en el templo de cómo tu corazón sería partido al ver lo que harían con tu niño, pero admiro tu valentía de seguirle hasta la cruz y de ser contada entre los y las discipulos que fundaron la Iglesia. María, tu ejemplo necesita ser recordado entre nosotros. Hay algo profundo de cómo es Dios, que se manifiesta en tu historia, la cual es la historia del Dios que nació y creció en Palestina.

María, tu historia también reivindica a las mujeres y los niños, por revelarnos a un Dios que se manifiesta en medio de mujeres y niños, de maneras inusitadas en la historia y la transforma para siempre. 


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