11 enero, 2013

Futuro y Esperanza

¡Gracias a Dios llegó el nuevo año! Junto con esta gracia de Dios, llegué yo con sueños, anhelos y mucha expectativa. 

Sus primeros días parecen un vislumbre de lo que vendrá. Disfrute, amor, amistad, sueños, desafíos, mucho trabajo, vida vívida entre estudiantes y personas con muchas necesidades, dolor, fragilidad, un amor especial y familia. 


Las primeras palabras que reflexioné este año fueron unas que han hecho eco desde hace tiempo. Una invitación a permanecer en Dios, a ir a él en todo momento y circunstancia, en no abandonar la fuente de Agua Viva que es él y querer cavar mis propios pozos que no contienen agua, donde todo termina por desparramarse (como dijo el profeta Jeremìas hace siglos). En medio de mis propias necesidades y fragilidad pienso en mucho que pudiera ayudar a mejorarme o hacer mejor las cosas, pero la invitación de Dios es ir a él. 
Paul Cheng Image - A Future and A Hope

También he escuchado sus palabras de advertencia a mi vida y a un mundo que le ha dado la espalda. Dios no está quieto, sino activo y llamando nuestra atención de forma constante. Envió a Su Hijo,  nos ha dado Su Palabra, hay quienes la comparten y en medio de muchas situaciones de tragedia y desastre podemos verle también invitándonos a reconocer nuestra necesidad de él y el grave problema que yace en nuestros corazones. 

Y en el recorrido que llevo a más de la mitad del libro de Jeremías, allí, en medio de un pueblo sufriendo la consecuencias ante su rebeldía y orgullo que nos les dejó llegar a Dios humildes, las palabras del profeta irrumpen: 

"Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. En esos días, cuando oren, los escucharé.Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme.  Sí, me encontrarán —dice el Señor—. Pondré fin a su cautiverio y restableceré su bienestar. Los reuniré de las naciones adonde los envié y los llevaré a casa, de regreso a su propia tierra”."
De nuevo, la inexplicable misercordia y el amor de Dios. Ese que reivindica, que sólo pide un corazón humilde, que da fe por gracia  para creer, que cautiva y enamora. Ahora, cuando pienso la vida, cuando de pronto me asaltan las dudas y las inseguridades, los miedos y mis fallas, me recuerdan que Dios es fiel. He puesto mi vida en sus manos, he decidido creerle y arriesgarlo todo por seguirle. A donde quiera él, como quiera él. 


La invitación de hoy es a descansar, a ser fiel y dar pasitos de obediencia, y buscar la Vida sólo en él y no poner mi confianza en mi misma o en lo que otros la ponen. 

¡Razón tiene Jesús con su imperativo de que sólo al  perder la vida la hallamos! 


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