08 diciembre, 2016

María

Ahora vuelvo a pensar en ti, en lo que habrás sentido al llevar a Jesús en tu vientre. No imagino la sorpresa que significó la noticia del angel y el temor que habrás sentido ante tremendo anunciamiento. Me maravilla tu humilde respuesta, disposición y obediencia. Me parece que contrasta con la de otros personajes en la Biblia que creen saber cómo Dios actúa pero se pierden entre el poder o el deseo de control.

Tus cantos y oraciones fueron revolucionarios, pero en tus labios no parecían una gran amenaza al Imperio. Jesús de seguro aprendió a orar al escucharte. Fuiste mujer conforme al corazón de Dios y llevaste en tu seno la esperanza de millones.

¡Cómo me hubiera gustado estar presente en la casa cuando visitaste a Isabel! Solo puedo imaginar las conversaciones sobre toda su alegría, temor y miedos, así como los múltiples malestares que sus niños les pudieron ocasionar. Ambas, mujeres escogidas por Dios, revirtiendo los valores del mundo y cuidando de bebés que habrían de causar un hito en la historia.

María, no imagino el temor que el tremendo privilegio habrá traido sobre ti, pero fuiste muy valiente. Diste a luz al Dios encarnado y cuidaste de él, y ese es uno de los misterios que aún no podemos comprender. Tú guardabas cosas en tu corazón sobre este niño y fuiste los brazos de amor que cuidó del Salvador. Tú, de seguro entendiste más de Dios que muchos que le conocieron, porque tú supiste la humildad del Creador, al punto de nacer en un bebo y dejarse cuidar por tí, una adolescente dispuesta y llena de fe.

No imagino, María, el dolor que te causó el anuncio en el templo de cómo tu corazón sería partido al ver lo que harían con tu niño, pero admiro tu valentía de seguirle hasta la cruz y de ser contada entre los y las discipulos que fundaron la Iglesia. María, tu ejemplo necesita ser recordado entre nosotros. Hay algo profundo de cómo es Dios, que se manifiesta en tu historia, la cual es la historia del Dios que nació y creció en Palestina.

María, tu historia también reivindica a las mujeres y los niños, por revelarnos a un Dios que se manifiesta en medio de mujeres y niños, de maneras inusitadas en la historia y la transforma para siempre. 


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