09 enero, 2017

El nuevo año

No recuerdo un inicio de año con tanta esperanza (ni con tanto frío!). Algo pasó, y el libro del 2016 se cerró, envuelto en agradecimiento y con varias enseñanzas. Comenzamos el año en Vancouver, y vamos acercándonos a la mitad de nuestro tiempo sabático en este lugar. También destinamos un fin de semana largo para un retiro en Rivendell, con el propósito de pensar el nuevo año, de orar, escribir, leer y soñar. Fue un buen tiempo de silencio y quietud. Y me di cuenta, que en medio de esta temporada de invierno, de haber soltado, de seguir muriendo, hay más claridad.

En medio del frío invernal de Vancouver, han habido días soleados en los que las montañas, los pinos, el mar y las islas se ven con una claridad sorprendente. Y de pronto, parece que así la vida. Claro, es una paradoja, porque seguimos en invierno, en medio del frío, de la lucha, la nostalgía y perseverando, pero surgieron nuevos bríos que ayudan a esperar la primavera. Las clases comienzan mañana, los libros nuevos me van dando la bienvenida y los nuevos temas de las cartas descriptivas me emocionan. El cuatrimestre se ve intenso, con un viaje corto y otro largo, y noticias que seguro alegrarán.

Pero no todo es claro, nos entristecen las noticias de México y nos desconcierta la situación. Hemos de regresar y el país que habitaremos será distinto, con un peso aún más devaluado, gasolina más cara, una ciudad con más migrantes, políticos más cínicos y personas más desesperadas por un cambio. Muchos quieren salir y nosotros regresaremos, mejor que cuando nos fuimos. Espero regresemos con más fe, ánimo y amor para vivir las alternativas que pueden hacer florecer la vida, para vivir en comunidad, para tejer mas relaciones de amor, para darnos y recibir a otros como regalo, para compartir la mesa, el pan y el vino y para ser iglesia. Tengo muchas esperanzas, pero sé que son frágiles, que soy frágil.


En este año no quiero huir de las paradojas, quiero vivir las preguntas dificiles, caminar en ellas, que abran nuevas sendas, anhelo caminar con otros más de cerca, ir hacia adentro, dejar que mi vida hable, descubrir mejor quien soy, lo que puedo y no puedo ser, amar sin miedo, arriesgar, perder, llorar y reir mucho, distraerme menos, escribir más… ¡Qué el Dios de la vida, que camina con nosotros nos guíe a ser más como él!

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