07 septiembre, 2010

Dolor y tristeza...

Pensar a Jesús en el huerto de Getsemaní: su oración, su expectativa ante el dolor, su tristeza y ansiedad me conmueve y a la vez me maravilla. Pienso en las escenas anteriores y posteriores a esta relato. Jesús cena con los suyos. Les advierte sobre su debilidad, los invita a depender de Dios y lava sus pies. Después es traicionado, arrestado y sana a Malco. Ve a los suyos abandonarle; afirma su identidad, calla ante sus acusadores y camina hacia la cruz. Se preocupa por su madre. Cumple la Escritura. Se somete a la voluntad del Padre. Y entrega su vida. "Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo", como dijo Juan el Bautista. Muere un justo en lugar de muchos pecadores.

Me conmueve porque en momentos de dolor y tristeza propios, veo a Jesús dando ejemplo. No calla su ansiedad, la comparte con los más íntimos, con sus amigos. Los invita a orar a Dios. No esconde su vulnerabilidad, aun siendo quien es. Tampoco rechazó a quienes le habrían de abandonar, ni les servió menos o les amó menos. Ni cedió ante su propia comodidad para no pasar por el sufrimiento, cumplió hasta el final la voluntad de su Padre. Amó hasta el final.

Cargó con nuestro pecado, y en su cuerpo llevó nuestro dolor, culpa, enfermedad y tristeza. Por lo que él hizo vendrá un día en el que ya no habrá más dolor ni llanto, y desde hoy podemos disfrutar de un refugio constante de un Dios que nos ama y nos declara justos por el sacrificio del Hijo.

Esto, aún en momentos de profunda tristeza, decepción, afán, angustia o soledad, nos provee de esperanza. Porque Jesús sí sabe lo que es padecer, sufrir, y hasta morir injustamente, pero sometido a ello voluntariamente, por amor. Me maravilla saber que cuando lloro por razón de mi pecado o el de otros, él me llama dichosa. Porque él también lloró por las consecuencias del pecado, que finalmente conducen a la muerte. Si lloramos por lo que duele o nos entristecemos por lo que vemos que no está bien, se vale. Pero debemos hacerlo también a la luz de Jesús, dejar que nos acompañe, que seque nuestras lágrimas, nos recuerde su amor, nos ampare bajo su sombra y respiremos de nuevo su esperanza...

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