12 junio, 2017

Las últimas semanas (o meses) del sabático

Tomé la clase más intensa y pesada de la Maestría hace algunas semanas. Justo el lunes pasado presenté el examen final y me fue muy bien, pero sufrí en el proceso. La clase en sí no era lo más difícil, sino el ritmo intensivo de cursar en 3 semanas lo que llevaría todo un semestre para aprender. No estaba muy motivada, pero debía llevar una Lengua Bíblica, así que tomé Griego. Ahora me falta solo cursar 1 crédito, escribir un reporte de lectura, una autobiografía espiritual y presentar un examen comprensivo para terminar la Maestría en noviembre de este año o marzo del siguiente. Si las cosas salen cómo las hemos “medio” planeado, me estaré graduando en abril del 2018, después de casi 5 años de haber comenzado.

En las últimas semanas también hemos comenzado el proceso de decir adiós a nuestros amigos que regresan a sus países después de un año de estudios. Hemos disfrutado de “últimas” cenas, desayunos, fiestas y despedidas. Hay mucho que celebrar y agradecer en un año tan lleno de vida y de personas que nos han marcado de manera tan especial en este sabático. Espero escribir más sobre algunxs de ellxs en próximas publicaciones. Supongo con cierta certeza que estos casi 10 meses en Vancouver nos han cambiado la vida, pero tal vez no sabremos cuánto hasta que regresemos a Tijuana. Las personas que nos rodean, si los dejamos entrar, nos cambian, nos santifican. Nuestrxs amigxs han sido regalos de parte de Dios en este caminar y algo de ellxs se queda en nosotrxs.

El embarazo y la espera ante la llegada de nuestra hija han inundado nuestros últimos meses. Los han
llenado de sorpresa, fascinación, misterio, y de sueños y temores nuevos. La celebración por un año más de vida para mí se vistió de color al enterarnos que tendríamos una niña, y la celebración por su llegada nos ha llenado de oraciones, bendiciones y detalles que han de regresar con nosotros y marcan desde ahora la vida de nuestra hija. Cartas, palabras hermosas, una cobija tejida, una colcha hecho a mano y muchos otros detalles comienzan a llenar nuestra pequeña casa. Nuestras maletas para el regreso no podrán contener todo el amor, la gracia y los regalos que hemos recibido este año.


Abdiel y yo apenas comenzamos a pensar cómo será esta nueva transición de regreso a México. Nos preparamos poco a poco para los cambios. Oramos, nos detenemos, disfrutamos y buscamos confiar. Ha sido intenso, no dejará de serlo. Habremos de recoger, empacar, ver dónde nos llevamos tanto amor, gracia, personas y recuerdos. Sonrió al pensar en cómo el corazón se ensancha y lo seguirá haciendo. Realmente no llevo resultados en mis manos, ni productos finalizados que mostrar como consecuencia del sabático. Pero sí una comprensión de que la transformación en el camino de Dios es profunda, lenta y gradual y requiere paciencia. Y que el sabático se nos dio no por merecerlo, sino como una gracia. Gracia. Gracia. Gracia. Esa me ha inundado las últimas semanas y meses, y creo que toda la vida. 

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