19 octubre, 2016

Tiempos de retiro


No sé cómo olvidé que sin silencio y soledad me voy perdiendo poco a poco. En estos dos meses en Vancouver he tomado algunos tiempos de retiro y cada vez estoy más convenida que la práctica espiritual que más requiero es la del silencio.

Me ahogo entre mis distracciones, las muchas voces propias y los gritos de un mundo ensordecido me dejan aturdida. Soy más sensible de lo que quisiera reconocer, pero Dios así me hizo y sin el silencio que me permita escucharle, me pierdo.

El silencio se cultiva. Dios nunca nos abandona; ha estado conmigo siempre. Pero en ocasiones no le escucho. Creo que Dios me ha estado llamando al silencio y la soledad con él, sabiendo mejor que yo cuanto le necesito…pero me ocupé de otras cosas y lo olvidé.

Es en el silencio, sabiendo que estoy segura en Él que comprendo más de quien es Dios. Las imágenes maternas de Dios son una invitación al descanso, la confianza y el amor. Su susurro de amor y aceptación incondicional son sanadoras.

Las sombras de rechazos pasados aún me persiguen, pero Dios no abandona. Me invita a echar raíces en su amor, para crecer y fructificar amando a otros como Él ama. He de morir primero, para dar nueva vida. Las estaciones y este otoño canadiense me lo recuerdan.

No quiero olvidar cuánto necesito callar para escuchar Su voz, no quiero olvidar cuando le necesito. 

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