14 octubre, 2016

Ser profeta

Desde algunos meses pienso mucho en la labor profética. Mis lecturas bíblicas y de otras fuentes, así como la experiencia de vivir y ser profundamente afectada por este mundo me han hecho pensar y re-pensar mi fe desde el rol de los profetas. El libro del profeta Jeremías me fascina, tiene algo que me atrae constantemente, y lo ha hecho por varios años en distintas etapas de vida. Este verano estudiamos Miqueas en el proyecto binacional entre Compa e Intervarsity, lo cual hizo que las palabras de este profeta hebreo parecieran muy actuales. También, en la preparación para enseñar los Salmos profundice en la manera que una vida enraizada en la realidad de Dios permite navegar entre el lamento y la esperanza, los cuales son ingredientes claves para la denuncia profética.

Ahora, mientras sigo leyendo a Josephine Butler, esa mujer inglesa del siglo XIX, y su comprensión del rol profético de mujeres y hombres me siento aún más llamada. Ella se apropia del rol profético e invita a considerar la necesidad de escuchar a lxs verdades profetas, es decir, a aquellas y aquellas que muestran el corazón y la mente de Dios en el mundo real, a partir de las Escrituras y de una relación íntima con Él. Josephine misma mostró su conciencia profética, como cristiana, al profundizar en el estudio de la Biblia, esforzarse por comprender el mundo que lo tocó habitar y dejar que su fe hablara a su mundo. No fue su deseo de poder lo que la llevó a hablar o rebelarse, sino su profunda convicción de un Dios que creo a hombres y mujeres en equidad y de un Jesús liberador y proveedor de perdón y restauración para todxs. Ella luchó por los derechos de las prostitutas y la doble moral que culpaba solo a las mujeres y justificaba a los hombres.

En el verano me aventuré también en la vida de Monseñor Romero, el salvadoreño que fue profeta de Dios en tiempos turbulentos y finalmente fue asesinado. Estudié su proceso de “conversión” y la manera en que las Escrituras y su experiencia le llevaron a ver a los pobres, la injusticia, el poder y la ambición desde la óptica de Dios. Él usó todos los medios a su disposición para llamar a ricos y pobres al arrepentimento y para denunciar las injusticias cometidas contra el pueblo salvadoreño motivados por al amor al dinero. Sus homilías están plagadas de Evangelio y de palabras que hacen eco de Jesús…

Butler y Romero han sido mis héroes del siglo XIX y XX y han hecho del estudio de la historia de la iglesia una fuente de esperanza. No son los únicos, pero he sido atraída a ellxs y he tomado de ellxs el desafío de profundizar en la Biblia, de vivirla, de entender mejor mi mundo y de conectar la fe con la realidad actual. ¡Qué desafio! Ambos vivieron en su propia vida la tensión de las necesidades del mundo y de su profunda necesidad de Dios, y cultivaron una relación viva con Jesús. Sin duda, fue Dios y la comunidad que les rodeo lo que permitió que hicieran historia.

Es probable que ni yo ni otros seguidorxs de Jesús nos pongamos el título de profetas, que ha sido tan manoseado entre los evangélicos hoy en día, pero creo que habemos muchxs llamados a ser profetas de Dios. No traemos una nueva revelación, sino la aplicación de la vida de Dios, las enseñanzas de Cristo y la vivencia de Su Reino a este siglo y este mundo repleto de oscuridad y muerte. Tal vez sea que todxs los que nos llamamos cristianxs debamos tener un poco de profetxs y locxs. Así sea. 

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