17 noviembre, 2011

"No tengan miedo, mi pequeño rebaño..."

Van 3 días en que medito este pasaje de Lucas 12, gracias a un amigo, colega misionero de la obra estudiantil en Guadalajara. Llamó mucho mi atención, porque habla directo a mis miedos, dudas e inseguridad en medio de un mundo violento y voraz. Resulta que a pesar del ímpetu y la iniciativa que Dios pone en mi corazón por transformar mi entorno, por modelar su amor y reflejar su gloria en lo cotidiano, también me da miedo.

Los miedos afloran cuando menos los esperas, creo que surgen en momentos cuando crees que eres fuerte y lo puedes todo, amenazan hasta las "seguridades" más fundamentales, pero doy gracias que me invitan a dejar de verme y escuchar a Jesús. Me doy cuenta de mi fragilidad y lo vulnerable que soy cuando veo el gran proyecto de Dios en este mundo, y al ver mis incapacidades en cosas tan sencillas como el amar siguiendo el modelo del Maestro, caigo en cuenta de mi profunda necesidad de Dios y del descanso en él.

Resulta que para los discipulos a quienes Jesús habla, su mundo no era tan diferente. Justo al principio de este capítulo de Lucas, Jesús les está advirtiendo sobre la hipocresia de los líderes religiosos y más adelante les advierte acerca de la ambición. Los amigos y las amigas de Jesús, sus discípul@s tenían miedo, pero Jesús les recuerda que al único a quien deben rendirse es a Dios, y que finalmente Dios tiene cuidado de ellos, y hasta de los detalles más insignificantes. "¿No se venden 5 gorriones por dos moneditas? Sin embargo, Dios no se olvida de ninguno de ellos.", les dice Jesús.

Después les habla acerca de la ansiedad y la preocupación por los elementos básicos, y en un contexto de hambres, sequías, una injusta distribución de la riqueza y de corrupción, estas palabras de Jesús pueden quedarse en el aire. El mundo no ha cambiado, ahora le agregamos la amenaza del calentamiento global y la sobreexplotación de recursos naturales con sus consecuencias nefastas, y los seguidores de Jesús podemos tener miedo. Por esos sus palabras me retumban con fuerza. "No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena volunta del Padre darles el reino."

Pero Jesús no se queda allí, no sólo les da palabras de ánimo para calmar su ansiedad y proveerles un escape, sino que les invita a ver por aquellos que menos tienen. Jesús continúa hablando y les dice: "Vendan sus bienes y den a los pobres. Provéanse de bolsas que no se desgasten; acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrón que aceche ni polilla que destruya. Pues, donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también vuestro corazón." Las palabras de Jesús son claras, aún cuando vivimos en un mundo que no nos asegura bienestar, no podemos vivir para nosotros mismos, protegiéndonos y pensando solo en nuestro futuro de manera egoísta. Él nos invita a confiar, a ambicionar por el reino de Dios, a poner nuestros ojos en lo que en verdad vale y no tener nuestro corazón en las cosas de este mundo.

La promesa es que Dios tiene cuidado de su pequeño rebaño, él es el buen pastor, que cuida, alimenta, viste y protege a los suyos. "No tengan miedo..." nos dice ahora y ante esas palabras y el encuentro personal con él, no podemos vivir sólo para nosotros mismos y nuestros deseos egoistas, al confiar, le cedemos el control, queremos su voluntad, amamos al prójimo como a nosotros mismos y confiamos en Su bondad...

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