03 enero, 2012

Cada año, cada día.


Cada día del año necesito a Jesús. Les comparto, comencé este año con un tiempo de descanso, de disfrute con amigos y familia, y después con un tiempo de retiro para estar con Jesús, apartándome un poco para escucharlo y escucharme. Fue un tiempo especial, disfruté de su presencia y del sólo estar... Después, ya sin las compulsiones y los afanes, me dispuse a planear un poco este año, poniéndolo delante del Señor, y pensando los primeros 2 meses de este 2012. Fue emocionante imaginar lo que puede pasar y tener esperanza en Dios, quien tiene el control de todo.

Sin embargo, aún cuando planee hacer esto de manera constante, y aún cuando me retire a estar solas con Jesús un día al mes con el propósito de revisar cómo estoy y como van mis relaciones, aún así, le necesito más día con día. Y es que no basta pensar en el año que pasó, no bastó comenzar mi año con un día de retiro, no es suficiente darme cuenta de mi pecado ayer y arrepentirme, debo hacerlo también hoy. Lo de ayer sirve para hoy en la medida que me recuerda cómo es Dios, su fidelidad, su amor y su justicia y me invitan a acercarme hoy, humilde, arrepentida y pidiendo su ayuda.

Cada día le necesito, a cada rato necesito clamar a él y reconocer su presencia en mi vida, en cada momento me doy cuenta que él sigue conmigo, pero yo soy la que de pronto lo olvida y se deja llevar por los afanes, se deja dominar por las presiones internas y externas. Soy debil y por eso le necesito. También soy dependiente, y cuando no dependo de él, todo se pone mal. Como dijo sabiamente San Agustín: "Dios nos hizo para Él, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Él".

Mi oración para este año es que cada día yo vaya a él, cada día reconozca mi necesidad de Dios. Necesito permanecer y aprender de él y quiero ayudar a otros a hacer lo mismo.

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