13 marzo, 2013

En deuda con el blog...

Tiene más de un mes que no puedo detenerme a reflexionar escribiendo. Los viajes están llenos de aventuras que quisiera compartir, pero muchas veces no tengo la oportunidad de sentarme a escribir y reconozco que no lo he hecho prioridad.

Ciudad Universitaria, Ciudad Juárez

Lo que puedo decir es que sigo maravillada por lo que Dios hace, por su luz que brilla en medio de la oscuridad, por su esperanza, su cuidado y su bondad. Hace ya varias semanas disfruté de la obra de Dios entre los estudiantes de Chihuahua, me senté como niña a observar las hazañas de Papá y agradecer que Él cuida de su obra y llama a la misión a quienes le conocen. No se mueve como yo esperaría y me sorprende que lo hace dentro de las estructuras religiosas con las que no comparto perspectivas teológicas o misionologicas y lo hace fuera de los espacios que consideramos sagrados, para dejar ver sus huellas en los lugares non-sanctos. 

  • Uno de los mejores momentos fueron con un par de estudiantes que hace 2 años no confiaban en mi y ahora me consideran amiga. 
  • Dios llegó antes que Compa a Chihuahua y movió a estudiantes por su Espíritu...mi pregunta es: ¿cómo sumarme a Su mover? ¿Cómo servir sin imponer? ¿Amar sin limitar y promover la iniciativa estudiantil?
  • Los estudiantes están listos para ser desafiados en su fe y quieren indagar sobre las implicaciones sociales de sus convicciones personales
  • Hay universitarios listos para hablar de Dios y de Jesús, pero no quieren escuchar sobre religión
  • Las iglesias cristianas y su cultura evangélica han hecho mucho daño al Evangelio... muchos no conocen a Jesús ni Su Palabra, ¿cómo responder? ¿cómo actuar con humildad, valentía y sagacidad?

Ahora, que no estoy en Chihuahua, ni en Sonora, ni he podido ir a Sinaloa o la Baja Sur, sólo puedo orar. No es una forma de resignación, es una confianza renovada en un Dios que actúa y está trabajando, movilizando a otros e invitándonos a la misión. Ahora no puedo escribir mucho, no puedo estar allá con los estudiantes, no puedo charlar y acompañarles, pero puedo orar. Expreso así mi confianza en un Dios bueno, actúo con valentía ante las fuerzas del mal, y me preparo,  para hacer lo que Dios guíe en las oportunidades que surgen. Así aprendo también lo que Pablo hacía por los Colosenses a quienes no conocía, los amaba y oraba por ellos. 

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