04 noviembre, 2016

Pensamientos sueltos de mujer latinoamericana

Entre mis pensamientos sueltos al estar en Vancouver pienso en tanta inequidad. Nosotros acá disfrutando de un sabático, como migrantes en primer mundo, viendo tanta opulencia e intentando vivir de manera simple y sencilla, porque realmente no tenemos otra opción. No es una queja. Es un regalo de Dios saber que tenemos suficiente, que nuestra bolsa familiar no depende del mercado y que no tenemos inversiones ni soñamos con propiedades. No vivimos con miedo por la devaluación del peso, ni tampoco si Wall Street se cae…

A nuestro país se le juzga por no alcanzar mejores niveles de vida teniendo lo suficiente en recursos naturales y con tantas personas trabajadoras, pero la verdad es que existen mucho corruptos y vándalos de cuello blanco… También, cabe pensar, que el progreso añorado de Occidente fracasa en América Latina porque algunos son los beneficiados y otros los explotados y a nosotros nos toca la peor parte. Nuestros recursos naturales van al Norte, mientras que nuestras tiendas se llenan de productos extranjeros. Pero eso no lo dicen mucho por acá, porque los canadienses son “buena onda” y ellos no andan de bullys como sus primos los gringos, pero también firman Tratados y se benefician de los Acuerdos, pero eso no se dice mucho por acá.

Por estos rumbos, América es el país al sur y América Latina no es parte de la geopolítica estratégica. Siempre es conveniente ver qué mercado deja más y América Latina y África producen puros migrantes para mano de obra barata. Ah, pero las puertas del norte siempre están abiertas para la fuga de cerebros, esos nunca los rechazan y de vez en cuando protegen a uno que otro político corrupto que escapa de la ley, que huye para no dar la cara a los suyos.


No siempre pienso estas cosas, pero de pronto, me asaltan pensamientos de mujer tercermundista, que no le gusta lo que ve y que sabe que a Dios tampoco. Por eso las escribo y por eso las pienso, aunque aún no me atrevo a pensar demasiado en esto… Quienes se aventuran a pensarlo, sabrán que es incómodo y es mejor evitarlo. Pero también pienso, que al hacer teología y al ir a la Biblia, debo pensar esto a fondo, sino lo que diga estará muy vacío, porque mi realidad es otra. Muy diferente a los biblistas y teólogos de Occidente que interpretan desde la comodidad de un escritorio cobijado del mundo… No quiero ser de esos. 

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