12 febrero, 2009

Meditando la confianza

Marcos 4:35 al 41 fue el primer estudio bíblico que preparé “sola” y que después sirvió como un bonito ejemplo para enseñar a otros a estudiar la Biblia. Lo he compartido en muchas ocasiones.
Marcos nos presenta a Jesús: este evangelio nos dice quién fue, qué hizo, cómo reaccionaba, qué hacia la gente, los discípulos... Es un evangelio que nos presenta episodios de su vida y nos dicen mucho acerca de su carácter y sus hazañas, de hecho, nos dicen lo suficiente como para poder creer en él y lo que él afirmó ser y hacer.

Cuando llegamos a Marcos 4, ya se nos ha dado un recorrido por algunos de los milagros de Jesús. Tal vez uno de los que más recuerdo es cuando sana a un hombre con la mano paralizada, sin importar que fuera el día del sabath y las críticas y ataques que recibiría por los líderes religiosos de Israel. Él dice ahí en esa escena que las leyes y mandamientos fueron dadas para beneficio del ser humano y que la intención es que estas recuperen su sentido verdadero y por eso él sana a aquel hombre. El ser humano no fue hecho para el sabath, sino al revés, éste día fue apartado especialmente para nuestro descanso, un descanso mayor en las obras de Dios y para encontrar verdadero reposo en su presencia, ahora que Jesús nos lo permite por su sacrificio en la cruz.

El milagro de Jesús calmando la grave tormenta viene después de algunas parábolas. Siempre he imaginado cuando Marcos nos dice que al anochecer Jesús y sus discípulos se embarcan, es después de un día de sumo ajetreo, de multitudes queriendo y pidiendo señales y de un Jesús enseñando, tocando, revelando la gloria del Padre.

La iniciativa de tomar un barco y cruzar ir al otro lado del gran lago- o mar- es del Maestro. Y lo que comienza por sorprenderme es que sólo van sus discípulos, pues ellos son los invitados por Jesús a cruzarlo. Dejaron a la demás gente, y aunque también iban otras barcas, los más allegados iban con él. Pero llega una tormenta y pega con dureza. La sufren quienes se han embarcado con Jesús y aquí ya no sabemos más qué pasó con la multitud, pero éstos son azotados con vientos y agua. Algunos de los seguidores de Jesús eran pescadores y el mismo Pedro –de quien muy seguramente Marcos refiere sus palabras y experiencias para escribir este evangelio- era un pescador de profesión y eso me hace pensar que indudablemente la tormenta estuvo fea. Dice que estuvieron a punto de hundirse. Todo esto mientras Jesús dormía.

En primera instancia suena como indiferencia ante lo que está pasando, pero al leer todo el pasaje no se puede juzgar así. Jesús dormía en medio de la tormenta y nos demuestra con ello CONFIANZA. ¿Por qué? Porque sabía que la naturaleza le era sujeta a él como Dios, porque probablemente estaba cansado en su condición como ser humano mortal y porque también su relación y dependencia del Padre le permitían una total confianza en el propósito divino. Pero los discípulos son otro rollo, ellos se ven confrontados con una circunstancia adversa, no planeada, imprevista, difícil, incierta e incontrolable y experimentan INCERTIDUMBRE, miedo, angustia.

Lo que hacen es despertar a Jesús, reclamar ante su indiferencia y tranquilidad por la situación, mientras que ellos están ante la posibilidad de perder sus vidas. ¿Y Jesús se levanta y los amonesta? ¡NO! Jesús se despierta y lo primero que hace es calmar la tormenta. Aunque después si se dirige a ellos y los cuestiona: ¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Todavía no tienen fe? Jesús los confronta con la FE, es decir, con el lugar donde tiene su CONFIANZA. Jesús no niega las circunstancias adversas, ni los hace volar por encima del lago para evitar la tormenta, Él les acompañó, iba con ellos, sabía que llegarían al otro lado, pero también uso las circunstancias para probar la FE de quienes eran sus amigos. No planeó maquiavélicamente asustar a sus seguidores, pero en medio de las circunstancias y según su propósito les enseño que es la FE. Les dijo que si hubieran sabido quién iba con ellos en la barca y si le hubieran reconocido quién él es, no se hubieran espantado tanto. Pero de todos modos, los discípulos quedaron espantados, no obstante se comienzan a preguntar seriamente sobre la identidad de este Jesús que cada vez resulta más extraordinario como Mesías y que no cumple con todas sus expectativas de un Salvador político.

Si, también podemos recuperar que Jesús les calma la tormenta. Eso siempre me ha animado, porque por su bondad, amor y misericordia no somos arrasados y nuestro clamor es oído. Pero la parte que más llama mi atención en estos días es el reclamo de Jesús sobre la FE. ¿Qué no sabes que voy contigo? ¿Qué no me conoces bien como para confiar en mí? ¿Qué no sabes que en medio de las circunstancias difíciles tu confianza se puede fortalecer si me reconoces en mi carácter y atributos? Me recuerda que puedo y debo siempre mirarle a él, que mis ojos deben estar puestos en él y no sólo en las circunstancias. Trae a la memoria la cantidad de momentos en que él se ha mostrado para que yo le conozca y lo invaluable que ha sido conocerle en toda circunstancia y vivir con él toda incertidumbre.

CONFIANZA y FE: Jesús las redefine y vale la pena seguirlo meditando...

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