11 marzo, 2010

Entre mujeres y amigas

Ayer pasé una tarde inolvidable: linda compañía, rica comida y copas rebosante de la gracia de Dios...

Ya he escrito sobre esto, hace 7 meses me invitaron a dirigir un estudio bíblico con mujeres jóvenes, comenzamos muchas. La idea era estudiar sobre algunas encuentros de Jesús con mujeres, a partir de los evangelios. Al paso de las semanas eramos menos y al final del año quedamos 3. Después estudiamos Ruth y ahora vamos a una tercera parte del evangelio de Marcos. La experiencia ha sido maravillosa y he aprendido más de lo que ellas podrían imaginarse.

Cada miércoles hay sorpresas agradables, confesiones, reconocimientos y mucho agradecimiento a Dios por lo que ha venido haciendo a través de su Palabra. Para mi ha sido algo diferente, después de trabajar con estudiantes y jóvenes por años y tener el privilegio de seguir haciéndolo hoy, este estudio representaba todo un desafío.

Cada vez que nos reunimos, me doy cuenta de las formas en que Dios trabaja: 1) Él es quien teje las historias y acomoda personas, tiempos y espacios para que su propósito se cumpla, 2) Él es quien hace la obra de transformación en el corazón y la realidad de las personas que le conocen, 3) Él siempre toma la inciativa en nuestras vidas, y los cambios que resultan de él, surgen de lo profundo de un corazón transformado, 4) Cuando alguien comienza a conocer a Jesús, no puede callar!, 5) Mi labor en la obra de Dios es verdaderamente un privilegio y una gracia de Él y 6) si le sirvo, es porque él me ha formado para hacerlo y es lo menos que mi corazón agradecido podría hacer.

Por eso, en medio de la semana, mientras que paso los días entre la computadora, las aulas, los estudios biblicos, la preparación de talleres y charlas, la tesis y los estudiantes, uno de los gozos más lindos son estas mujeres-amigas que Dios me ha permitido compartirles el evangelio y la vida. Ellas me recuerdan que todo lo que hago viene de Dios y es para Dios. Con ellas, por gracia, anhelo más servir entre estudiantes y poner lo que tengo y soy para ser usado por el Dios que reconcilía todas las cosas con él mismo.

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