01 octubre, 2010

Las mujeres en 1ra de Pedro

El día de ayer reflexióné junto con otros sobre las recomendaciones que Pedro hace en su carta a las mujeres que se encuentran dispersas por todo Asia Menor (hoy Turquía) durante el 1er siglo d.C.

Una de las razones por las que muchos niegan la autoridad de la Biblia o se acercan con escepticismo está relacionado en ocasiones con prejuicios. Por ejemplo, no se valora a las mujeres, o es un libro con instrucciones arcaicas, o el simple argumento de que sus palabras llevan al ser humano a una esclavitud y fanatismo ciego.

Yo estoy convencida que todo esto es falso, y que se nos debe dar la oportunidad de responder a esos prejuicios, y los que lo sostienen deben abrirse a escuchar otras perspectivas. Será bueno que demos la oportunidad a que otros expresen sus preguntas, pero también debemos estar listos para responder y hacerles ver sus inconsistencias.

Por ejemplo, las recomendaciones en 1ra de Pedro podrían parecer pro-machistas y bastante pasadas de moda para las miradas del siglo XXI, pero si lo vemos en contexto, son altamente revolucionarias.

Primero que nada, Pedro se dirige a las mujeres como individuos y portadoras del mensaje de salvación; como discípulas de Jesús. Su sometimiento, integridad y respeto hacia sus esposos, es decir su testimonio, es importante para que sus esposos puedan conocer a Jesús.

En segundo lugar, Pedro recomienda que la mujer no ponga su valor en lo externo, o en su apariencia física, sino en lo interno y lo que proviene del corazón, porque eso es lo que Dios valora y considera precioso. Y de nuevo, en un contexto donde la mujer es tratada como objeto sexual y mercancia, estas palabras desafían las prácticas culturales y las ideas sobre la mujer. Lo siguen haciendo hoy en día... (!)

Tercer lugar, lo que siempre ha importado en la mujer es lo que lleva en su corazón, lo que mueve su ser. Las mujeres que Pedro pone como ejemplo son aquellas que han sabido esperar en Dios, así como Sara, quien también respetaba a su esposo, y éste temía a Dios. La invitación es a ser mujeres así, haciendo el bien y viviendo sin temor de nada ni nadie.

Finalmente, la instrucción para el esposo es a ser sabio y comprensivo con su esposa. También eso es una expresión del verdadero amor, que antepone los intereses propios por los de la otra persona. Aqui Pedro hace una declaración revolucionaria: la mujer y el hombre, ambos, son herederos de la gracia de la vida: de la vida eterna y la vida abundante. La salvación de la mujer no depende del hombre y éste debe tratarle con honor, es más, la forma en que la trate repercute en su propia relación con Dios.

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