21 mayo, 2011

¡Jesús no es un parche!

¿Cuántas veces no hemos querido usar a Jesús como una solución rápida para nuestras roturas, o lo hemos querido "vender" como el rápido y efectivo alivio contra cualquier mal que nos aqueja?
¿No hemos querido rebajarlo a un milagrero carismático que de vez en cuando aparece en la escena para solucionar alguno de nuestros problemas cotidianos?
¿No te has visto tentado a "venderlo" como un genio de lamparita que está disponible para cumplir tus caprichos?
¿Te ha tocado ver cómo algunos "expertos" en religión crean a Jesús a su imagen para que éste no sea tan incómodo para ellos y sus adeptos?


Pero Jesús dijo algo en el Evangelio de Marcos que aún hace eco hoy:
"Además, ¿a quién se le ocurriría remendar una prenda vieja con tela nueva? Pues el remiendo nuevo encogería y se desprendería de la tela vieja, lo cual dejaría una rotura aún mayor que la anterior.Y nadie pone vino nuevo en cueros viejos. Pues el vino reventaría los cueros, y tanto el vino como los cueros se echarían a perder. El vino nuevo necesita cueros nuevos."

Jesús estaba dirigiéndose a los líderes religiosos judíos de su época. ¡Jesús le estaba diciendo que él no podía ser usado como parche! No podrían "acomodar" a Jesús dentro de su sistema religioso, así no iban a funcionar las cosas. Todo debía ser nuevo. Jesús muestra lo absurdo que es pensar así, usando el ejemplo del parche y el vino.

Creo que él nos sigue invitando a lo mismo. A dejar de lado nuestro conceptos, nuestras ideas y tradiciones muy humanas, para conocerlo y dejar que él transforme y haga las cosas nuevas. No podemos imponer nuestras condiciones, él es quien nos dice cuáles son las reglas del juego...


¿Qué tan dispuestos estamos a entrarle?

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