29 agosto, 2012

Un Dios que nos transforma...


Para Pedro, Pahola y Abdiel

Cosas siguen pasando en mi corazón, y estoy agradecida, porque en medio del ajetreo de la vida y los pocos espacios que logro apartar para el descanso, escucho a Dios susurrando su paz, su gracia, su amor y la invitación constante a la humildad. Me encuentro agradecida, porque el Dios que sigo conociendo día a día no es un dios domesticado, no cabe en mis formatos o reglas, no sigue mis ideas ni se deja sobornar por nadie. Es un Dios siervo, humilde y justo, que ofrece perdón, amor y reconciliación por su deseo de hacerlo así y que invita gente frágil y quebrada como nosotros a formar parte de la misión más grande que existe. Nos supera y a su vez, responde al anhelo profundo que tenemos de formar parte de algo que sea mucho más grande que nosotros. 

En los comienzos de la Uni (2006 aprox)
Hemos comenzado a estudiar la Biblia de nuevo, juntos, como lo hicimos en la universidad. Y aún recuerdo esas conversaciones de cafetería, donde nos atrevimos a hacer preguntas irreverentes, declaraciones transgresoras y decir una que otra cosa medio herética. Yo creo que Dios no se ofendía. Al estudiar Historia en la Universidad, queríamos preservar nuestra fe, quisimos redescubrir al Dios que conocimos años antes, que nos heredó la tradición o escuchamos de nuestros padres. Fue un espacio de encuentro y descubrimiento, nunca terminamos el Evangelio de Marcos, pero ahí se nos reveló Dios y nuestra amistad se fortaleció. Ahora estudiamos Lucas. No somos los mismos,  no pensamos igual, y hasta creo que somos más sensibles, más humildes y más conscientes que entre más estudios tenemos, menos comprendemos al mundo y más riesgos de perder la humanidad misma de la cual Jesús se vistió, entre los títulos y los logros académicos o ministeriales. 

En nuestras reflexiones de los primeros relatos de Lucas, hay palabras que hacen eco fuerte en mi corazón y la de ellos; al final guardamos silencio y oramos al Dios que vamos re-conociendo y nos desafía a llevar una vida que se da por amor a otros. Resulta que Lucas está escrito para los cristianos no-judíos del primer siglo, dentro del imperio romano. Algunos que tenían posiciones de privilegio y, eran, posiblemente, opresores -oprimidos- con acceso a oportunidades, recursos y relaciones que les facilitaba acomodarse al status quo, e ignorar las necesidades del prójimo, del excluído, marginado, el oprimido y todo aquel no reconocido como ciudadano del imperio. Lucas, en voz de María, de Zacarías y de Juan el Bautista hablará sobre la necesidad de arrepentimiento, de ese tipo de conversión que requiere evidencia en la forma de vida: de pasar del egoísmo, a la vida de sacrificio por amor. No es darnos a otros para recibir gracia, sino al recibir Su gracia, la respuesta lógica nos llevará a la entrega. Y aún cuando es dificíl articularlo y escribirlo, es aún mas dificil reconocerlo y vivirlo. ¿Qué significa en mi vida hoy, dejar mi egoísmo? ¿Cómo vivir para dar continuidad a la misión de Jesús, en el poder de su Espíritu? ¿Qué cosas acepto yo y se aceptan en mi comunidad de fe, que serían denunciadas por Jesús si las viera? ¿A quién hemos excluído de nuestrad comunidades o les hemos privado de escuchar y ver el Evangelio, porque nos resultan incómodos?

Dios nos invita a su misión y a buscar su Reino y justicia en todo lugar.  Pero requiere humildad para reconocer cómo Dios se está moviendo más allá de “nuestras fronteras y prejuicios”. Requiere lo mismo que nos lleva a aceptar el Evangelio de Jesús como buenas noticias, porque nos reconoce como necesitados de Dios y receptores de su Gracia. En el momento en que asumimos una posición de superioridad o autoritarismo, nos ponemos en el lugar de jueces y opresores y el mensaje de Jesús deja de ser Buena Nueva, porque éste se pronuncia en contra de los soberbios y dictadores. Lucas 1 habla de la esperanza, pero también del temor a Dios. Es bendecido y recibe misericordia quien teme a Dios, porque le sabe juez y defensor de los débiles y los humildes.

Dios nos ayude y nos haga permanecer, que guardemos lo aprendido en el corazón y nos examinemos constantemente a la luz de Su Palabra, bajo la mirada de Su gracia. 
en el último año de universidad (2009)

En este año, celebrando los años... (2012)

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