28 septiembre, 2013

"No sabemos estar solos"*

Para ti, que en no sé qué momento exacto empecé a amar como nunca imaginé, y que supongo que no fue un momento, sino un caminar juntos los últimos 8 años de nuestras vidas.

La vida cambia de pronto, su rumbo es inesperado, y nos enseña que nuestra fragilidad es evidente y muchas veces desconcertante. Lo hemos hablado y orado tanto, que no me sorprende vivirlo, pero tampoco es fácil su experiencia. No esperaba recibir malas noticias al viajar, de un accidente automovilístico,  sentir la distancia con dolor y la preocupación por ti y por nuestro querido amigo quien te acompañaba en el auto. No supe cómo reaccionar, qué pensar, qué decir, sólo quería estar contigo, abrazarte y supieras cuánto te amo, cómo agradezco a Dios por tu vida y la constancia con la que elevo mis palabras a Dios por quien eres y lo que vas siendo, en manos de nuestro Dios.

Bien dijiste hace algunos días, que la distancia nos “curte”, va fortaleciendo este amor y compromiso, el cual también se enreda de bella manera con un compromiso mayor con Aquél que nos llamó. No me había dolido tanto la distancia, creo que por eso me vine a escribirte, para acortarla, para hacer algo más que orar, pensarte y amarte en silencio. Quiero estar contigo, aun sabiendo que estas distancias serán constantes, prefiero estar contigo así, sabiendo el costo. Prefiero ser contigo, aun cuando eso venza día a día mi miedo a amar, sufrir y extrañar…

Abdiel, Dios nos ha cuidado de manera impresionante. Estando acá, en otra ciudad paralela a la nuestra, me supe amada, afirmada y cuidada por Dios aún en medio de la incertidumbre. Sé que tu experiencia fue igual. La velada de oración a la que te dirigías con nuestro amigo, fue un oasis de consuelo, refugio, descanso y comunidad. Somos parte de una comunidad maravillosa, que aún en sus imperfecciones, reflejan la gloria de nuestro Dios. No pido más…

Después que hablé contigo, después de llorar acá, me quedé pensando lo limitada que soy, en lo mal que se siente, pero en lo bueno que es Dios al no esperar que yo resuelva las cosas, ni tú tampoco, sino su ánimo para que confiemos. Nos ha enseñado a orar en los salmos, los benditos salmos con los que muchas veces no nos identificamos, pero de pronto cobran sentido… Supongo que seguiremos aprendiendo, seguiremos caminando hasta que Dios quiera que todo esto sea plenamente renovado, continuaremos sufriendo y amando, llorando y riendo, recordando y llevando vida a otros.

Y mientras que estoy acá, te escribo, te pienso, agradezco, clamo al Juez justo e intento descansar en nuestro Dios que nos toma en sus brazos, como una mamá lo hace con su bebé.


Te ama,
Alejandra

PD. Coincido con lo que escribiste, "No sabemos estar solos"

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