24 marzo, 2014

Bitácora de viaje: "vasos de barro"

"Esperando el bus" Foto tomada por Ada Rosas
Estas últimas semanas, entre viajes, estudiantes, autobuses y reuniones, me sentí muy cansada. El cansancio me hace aún más vulnerable y presenta la necesidad de “ver a Dios” en dónde estoy y cómo estoy. Después de un lindo y desafiante viaje por Chihuahua, llegué a la semana de junta del Equipo Nacional de Compa con preguntas, más cansancio y el deseo profundo de ser afirmada, de creer que estos cansancios valen la pena.

Las necesidades de la obra estudiantil aumentan, las demandas pastorales son mayores, mis carencias son más evidentes y de pronto esta misión parece inalcanzable. Aún ahora, mientras escribo en el avión me siento casi agotada, con pocas fuerzas para pensar, pero con una imperante necesidad de escribir algo que recordé en estas jornadas de reuniones, planes y sueños.  Mi fragilidad, nuestra fragilidad; el tesoro del Evangelio en vasos de barro. Sin pretensiones de saber nos acercamos al Señor y echamos mano de lo que ya tenemos, confiando que él hará mucho con nuestros
esfuerzos limitados.

Por eso sigo, no lo he hecho todo bien, soy la más inexperta, me siento pequeña, pero estoy segura que Dios sacará lo mejor de mis esfuerzos y aún de mis impulsos y atrevimientos. Estoy conmovida, porque los que estamos en esta obra, hemos hecho sólo lo que podemos y no es mucho. Sin embargo, Dios ha tenido a bien llamarnos a colaborar, desde diferentes trincheras, y ha fructificado la pequeña semilla sembrada.No somos muchos los que estamos invirtiendo lo que tenemos en esto, los que creemos en el Reino de Dios y su misión en este mundo, pero no nos desanimamos. Dios mismo quien nos llamó, no nos deja, nos recuerda en los momentos más desolados que es él quien nos esfuerza. Es también él quien nos devuelve la esperanza para confiar nuevamente, para abrirnos a amar y a ser vulnerables ante otros.

Fragility Photograph by Amy Weiss
Las reuniones de trabajo de los últimos días y al recordar a los estudiantes que han tocado mi vida en estos años de servir en Compa ayudaron a disipar el orgullo y la vanagloria que en ocasiones anidan en mi corazón. ¿Qué podría hacer yo para cambiar vidas y dar sentido? ¿Acaso alguno de los que servimos en esta obra podemos llevarnos el crédito de varias décadas, de miles de manos dispuestas al trabajo y de muchas vidas invertidas y gastadas para Su Reino? ¿De cuál don, recurso, habilidad u oportunidad puedo gloriarme? Si todo el bien que tengo procede de Dios…

Me quebranté en este viaje al hacer el recuento de mi historia, tan entretejida con la misión estudiantil. Recordé que la amistad y el amor están en el centro del trabajo; la comunicación es clave y el perdón es necesario. La intencionalidad responde al amor, la esperanza persiste y cuando el ánimo decae siempre hay alguien que sostiene y anima. La disciplina y constancia son importantes para administrar y permanecer en la vocación del Señor. Dios usó esa noche entre lágrimas con mis colegas para alentarnos a ver su gloria en nuestra fragilidad, la reunión con los hermanos mayores me invitó a la humildad y la caminata con una estudiante me animó a callar y acompañar en el dolor. Las luchas de un compañero de misión me invitaron a escuchar, otros momentos confirmaron mi valor y aporte, y la conversación con aquel que me ha acompañado desde adolescente afirmaron Su llamado firme a seguirle por caminos poco transitados.

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