30 abril, 2016

Comunidad en formación

Documentando la pimer despensa compartida
Al ir a la cama, nuestra expresión de alegría y plenitud era muy evidente. Abdiel expresó lo que yo pensaba, pero no articulé: “Es una mentira que el dinero y las posesiones traigan riqueza o seguridad.” Tuvimos una semana llena de gente, de construir relaciones profundas y de compartir la vida, el dinero y la casa con otros. Compramos nuestra primera despensa en comunidad y cocinamos juntos. No creemos que la seguridad social la provee el gobierno y sin embargo nos preocupamos como si eso fuera la verdad. Tampoco creemos que el individualismo imperante sea la norma a seguir, pero vemos lo complejo de construir relaciones íntimas en esta sociedad donde todos tenemos prisa. El dinero tampoco es nuestra ambición, pero la tentación de atesorarlo es constante. Dios nos abre los ojos para creer y vivir otras posibilidades, y para seguirlo con mayor coherencia.

Tere y Esther
Somos parte de una comunidad producto de la invitación de Dios y nuestro deseo de no caminar solos. Estamos soñando juntos un futuro distinto, que resista las fuerzas del consumo, del individualismo y de la superficialidad. Solos no se puede y otros que amamos ya caminan con nosotros. Abdiel y yo hemos vivido estos intentos desde estudiantes, sin embargo, el miedo a entretejerte demasiado con otros se presenta como una amenaza. Poco a poco nos damos cuenta que es una mentira, que Dios se devela en medio de la comunidad y ahí nos muestra quienes somos también. Estamos expectantes...

Samuel y Abdiel
Las personas han sido nuestra mayor sorpresa y alegría en este año y con/por ellos hemos soñado la comunidad. Dios se ha hecho presente en Samuel, quien nos ha acogido como papá, nos inspira a soñar otras formas de vida y quien también nos salvó de nuestra agenda sin descanso. Henry y Tere -los compadres- son los amigos a quienes conocemos mejor y nos conocen, quienes nos aceptan y a quienes primero contamos estos sueños “raros”. Esther, nuestra ahijada, nos alegra con su sonrisa y sus travesuras. La respuesta de los compadres, su sorpresa y aceptación ante esta comunidad nos dio el ánimo para soñar en voz alta y comenzar a compartir el llamado. Los estudiantes a quienes servimos nos invitan también a construir nuevas formas de vida y comunidad, congruentes con la fe cristiana y que se resista a los embates de la cultura que no promueven la vida. Dios nos ayude en la formación de esto, que Su Espíritu ha movido e inspirado.

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