17 mayo, 2018

La amistad en la formación


Para Ruty

En los últimos días, al empezar a pensar en el proceso de enseñanza-aprendizaje para adultos y reflexionar mi propio caminar espiritual en el tema educativo me ha llevado a pensar mucho en las relaciones que me han transformado. Lo he escrito antes, pero creo que es en el contexto del encuentro con el otrx (y el Otrx) y en la comunidad que las cosas pasan y nos hacemos más humanos, más compasivos, empáticos…

Hace más de 8 años conocí a una amiga de la península Sur de México. La amistad con Ruty ha sobrevivido a pesar de estar a un país de distancia, de innumerables diferencias culturales y de muchas discusiones graciosas y otras más serias. Nos hicimos más cercanas ante la enfermedad que amenazó la vida y los fracasos amorosos. Ambas somos curiosas por naturaleza, nos encanta saber y conocer, obtener respuestas y tener el control. Somos parecidas en muchas cosas, pero a pesar de eso, algo nos atrajo la una a la otra. Se lo hemos atribuido a la conspiración divina en múltiples ocasiones. Nuestra amistad ha tenido altas y bajas, y en los últimos 2 años ha sufrido como nunca…pero seguimos. Creo que el compromiso y el deseo de acompañarnos, de querernos y procurarnos ha sido más fuerte que los disgustos, los desencuentros y las decepciones. Conspiración divina y deseo divino.
 
Al estar leyendo ayer y pensando en nosotras (Ruty y yo), no pude dejar de pensar en mi hija. Ella trae consigo una curiosidad innata e insaciable. Eso me encanta de ella. Pero, aun cuando quiero que explore el mundo, mi mayor anhelo y oración es ver su conocimiento fundado en el amor y la compasión, no sólo en la curiosidad y el deseo de control. Ruty y yo sabemos lo que es eso, sabemos lo que es querer saber para controlar y por el deseo mismo de conocer. Pero en nuestro caminar con Dios y como amigas, fuimos descubriendo que el amor y la compasión son mucho más excelente motivantes al conocimiento. También tuvimos que deconstruirnos y des-aprender para amar mejor, para ser vulnerables, abrir el corazón y llorar los dolores. Ayer me hice más consciente cómo quiero que mi hija aprenda esas cosas, luche por ellas, por amar mejor, por conocer para amar más profundamente, más empáticamente. Espero que Erandi aprenda más rápido que nosotras que lo importante no es acumular conocimiento, sino amar y ser compasiva. No parece la medida del éxito en este mundo, pero nosotras sabemos que al filo de la muerte lo demás es lo de menos.  
Así que en medio de mis reflexiones sobre la educación y la formación cristiana, estuvieron en mi mente el diálogo con ustedes dos, Ruty y Erandi. Un poco con nostalgia y con mucho agradecimiento.

Fue contigo, Ruty, que aprendí que esto de la amistad implica compromiso y que, a pesar de los enojos, seguimos siendo amigas. Fue contigo con quien me fui haciendo adulta, consciente del proceso y con quien caí en cuenta de lo inmadura que pude ser. Aprendí a quererte a ti, tu familia y ser parte de tus procesos, aun cuando tú no querías. Tu vida está tan impresa en la mía, que al pensar que nuestra amistad terminaba, lloré, porque hay tanto de ti y las cosas que vivimos, que me duele pensar que no estés. Suena cursi, pero algo que he aprendido contigo, es que ser vulnerable puede verse mal, pero no nos queda de otra, más que ser quienes somos. ¡Te quiero, amiga!

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