06 mayo, 2018

Terminamos un ciclo. Celebración y duelo.



Hace apenas 5 días que me gradué de la Maestría. Fue un día lleno de emociones y alegrías. Fotos. Agradecimiento. Mucha nostalgia. Abdiel, Luciana y yo visitamos Regent nuevamente, vimos amigos y amigas, caminamos por UBC y nos preparamos para la ceremonia de graduación. Nuestros amigos brasileños destaparon la botella de champagne y brindamos llenos de alegría. Realmente fue un día lleno de emoción, por todo lo que significa CERRAR. Por 4 años y medio dediqué un parte de mi tiempo o la mayoría de mi tiempo a estudiar la Maestría en Teología y por un año estuve dedicada principalmente a leer y escribir sobre teología, Biblia, historia, etc. Fueron años muy ricos. En ese tiempo Abdiel y yo comenzamos una relación de noviazgo, nos comprometimos, nos casamos, nos mudamos a Vancouver, tomamos un sabático, nació Luciana y regresamos a Tijuana.

Los escasos 3 días en Vancouver me ayudaron a cerrar esta temporada de estudios y terminar de regresar a Tijuana. Los cambios de etapa y los cierres, están llenos de oportunidades, pero también de DUELO. Aun cuando ya teníamos 7 meses de regreso en México, restaba el examen final y la graduación. En esos meses el trabajo fue intenso en algunos momentos y el ajuste, aunado al choque cultural a la inversa, tomó gran parte de nuestra energía (la cual no tiene mucha posibilidad de recuperarse con una bebé que aún despierta la mayoría de las madrugadas buscando a sus papis) Esos 3 días fueron GRACIA. En todos los sentidos, estuvieron llenos de gracia, por la provisión de Dios para viajar, por el regalo de las amistades y los reencuentros, por los recuerdos que se avivaron, por las comidas que compartimos. Mucha gracia, gracia abundante, que conmueve.

La celebración por culminar una etapa me ha hecho consciente de la cantidad de personas que hicieron posible la maestría. La belleza de no tener los recursos suficientes y de soñar con estudiar para estar mejor preparada para servir a otros me ha dejado con una profunda deuda. La belleza de esta deuda es que me ancla para continuar sirviendo y me mantiene humilde, porque este logro solo ha sido posible por los muchos que me sostuvieron en el camino. Mi esposo, quien puso pausa a proyectos personales para sumarse a nuestro proyecto de terminar mi maestría y quien da todo lo que tiene para servirnos a nosotras. Mis papás, quienes me han apoyado siempre y en TODO, desde que tengo memoria. La familia extendida, suegros, cuñadas, tíos, tías, primos, primas, sobrinos y sobrinas… Mis colegas obreros en Compa, Blas (mi jefe y amigo), los estudiantes y los donadores. Toda esta gente en Compa, me ha animado a seguir estudiando y proveyó contexto para mis preguntas, investigaciones y estudios. También mis profesores, desde la prepa, la UABC y después en Regent. Me debo a muchos, pero creo que la vida solo vale la pena vivirla cuando uno sabe que no es suya… Desde que tenemos a Luciana, la belleza de esa realidad es más latente… y más alegre.

Ahora, después de celebrar en Vancouver la graduación, me queda el desafío de seguir celebrando los pequeños y grandes logros que llegan por gracia. Pero también me toca enfrentar el duelo por el cierre de esta etapa. No quiero ignorar el cambio, la ausencia que traerá y la novedad que se avecina. No quiero ser indiferente a las preguntas que surjan y la necesidad de discernir los próximos pasos. Quiero abrazar el ya no estar estudiando formalmente y seguir estudiando. Necesito tomar el tiempo para asumir el cierre, para reconocer que ya no está pendiente la Maestría, que ya puedo soñar nuevos sueños. Quiero agradecer mucho y soñar con esa misma fe adolescente que se veía terminando una maestría en teología. Pero también quiero soñar con la madurez que el conocer a Dios, servir a otros, compartir la vida y ser mamá han traído. Oro el soñar en cómo Dios nos seguirá usando para formar y ser formados, para amar, derribar, denunciar y seguir plantando.

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