10 mayo, 2018

Ser mamá


El mundo es hostil a la maternidad vulnerable, la paternidad tierna y la niñez feliz. México es un país difícil para ser mamá que ama, trabaja, educa y acompaña. Compite contra nosotros la pobreza, la violencia, la ignorancia, el saqueo y el machismo. Y en un día como hoy, no solo basta con reconocer a las mujeres que entregan la vida, sino también a las fuerzas y poderes que acarrean muerte. En un día como hoy, es menester también pensar en la maternidad divina.

Ser mamá de una bella y curiosa niña me ha abierto a un mundo de nuevas esperanzas y temores. Esperanza de criar con ternura y de ser parte de la formación de nuevas generaciones de seres humanos que aman y respetan a sus semejantes, cuidan de la creación y viven la utopía del Reino. Ser mamá me una a millones de mujeres en todo el mundo, que luchan por sus hijos e hijas y anhelan lo mismo que yo. Ser mamá y asumirlo con vulnerabilidad me abre a los temores compartidos con muchas madres, pero también me sensibiliza a los dolores que yo ni siquiera imagino. La pérdida, el estar a la huida por noches enteras, vivir en la calle, el temor a la muerte inminente, el secuestro y la búsqueda de muchas que no encuentras a sus hijos e hijas.  

Ser mamá me permite reconocer que hay mucho de Dios en la labor de ser madre. Es decir, en lo cotidiano de la maternidad, uno puede descubrir a Dios, disfrutarlo y aprenderle. Y aunque sea discutible dirigirse a Dios como Padre y Madre, no hay mucho espacio para discutir las imágenes tiernas de Dios como madre amorosa abundando en la Biblia. Una gallina que junta a sus polluelos, que cubre con sus alas, una osa que defiende, una madre que alumbra a sus hijos, que espera por ellos y los consuela. Si bien muchos no nos dirigimos a Dios como madre, las metáforas sobre el amor y cuidado de Dios aluden a la maternidad. Una maternidad que cuida, sufre, protege y defiende. Una maternidad vulnerable.

Farid De La Ossa Arrieta: God, the Mother (2002)
Y si bien la maternidad también está definida culturalmente, al igual que las metáforas bíblicas que aluden a ella, ser madre es una experiencia única que se vive con todo el ser (cuerpo, alma y espíritu) y transforma lo que una mujer es. Esta experiencia no es solo para las mujeres con hijos e hijas biológicos, sino también para las que adoptan con el corazón. Por eso creo que ser mamá tiene el potencial de hacernos más humanas, porque nos pone en contacto con lo más íntimo de nosotras mismas y de otra persona (un bebé). La maternidad nos enfrenta y nos confronta con las necesidades, dependencia y demanda de otro ser humano. La maternidad asumida como entrega tiene el potencial de develar mucho del amor de Dios y al asumir el dolor, también de su propia vulnerabilidad.

Antes, hace algunos años, me hubiera escandalizado pensar que Dios es tan vulnerable y aparentemente tan débil, como una mamá en un campamento migrante, buscando asilo, amamantando a su niñita. Pero creo que la imagen de esa mami, se acerca más al Dios de las Escrituras. Esa imagen del viejo barbon que acusa desde el cielo nos jode la vida, pero la imagen tierna de un Dios que se entrega, se arriesga, que pone su cuerpo y se hace humano es la que se nos ha revelado. Ser mamá me ha ayudado a entender eso mejor.

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