12 octubre, 2008

En perder nuestra vida está el hallarla...

Cuando se ama en verdad, se sacrifica de verdad; debe costarnos y eso ofrecemos. La vida es agradable delante de Dios cuando se paga un buen precio.” *


Estas palabras, como las muchas escritas por los apóstoles en el Nuevo Testamento no son muy comunes cuando nos referimos a la vida cristiana, pero son esenciales.

Esta vez recordaremos una escena, la cual a mi también me fue recordada hoy domingo: Fue hace muchos siglos, una mujer que había recibido el milagro de ver resucitar a su hermano Lázaro, entra en casa de un hombre llamado Simón, donde se encuentra Jesús y derrama sobre su cabeza un perfume de nardo puro, rompiendo el frasco de alabastro donde lo llevaba.

¿Por qué ungir a Jesús de esta forma? ¿Por qué un perfume tan costoso? ¿Por qué romper la botella?

La mujer, María, estaba agradecida, sólo un corazón agradecido entraría en medio de una reunión llena de varones y se expondría de tal forma. Y ¿por qué llevar algo que le había costado tanto? Porque sólo aquello que nos cuesta, que implica ofrecer lo que somos y tenemos puede considerarse un sacrificio; esto agrada a Dios. Nuestra obediencia es sacrificio a Dios, y conlleva un precio. Y ¿por qué quebrar el frasco? A veces, sólo rotos damos todo lo que tenemos. Muchas veces el quebrantamiento es necesario para nuestra vida, y debemos glorificar a Dios en medio de ello. Cuando el frasco se quiebra, todo el perfume y el aroma cubren el ambiente, sólo así nos entregamos por completo, sin reservas, sin condiciones. María lo entregó todo, lo dedicó todo. Es fidelidad, es entrega, es sacrificio. Palabras nada populares hoy en día, pero necesarias de traer a la memoria al amar a Dios y al prójimo, imprescindibles en el servicio cristiano.

Fidelidad hasta la muerte, entrega completa para no tener otro uso más que para el Señor, mejor quebrados para Dios, que ser usados para el mundo. Mejor rotos, para dar así vida a otros. Mejor conscientes de nuestra necesidad de Dios y quebrantados ante su presencia, que de pie y ensoberbecidos en nosotros mismos.

Palabras no comunes, no populares, no suaves, pero palabras que sostienen, dan propósito, donde hay Vida.


*Palabras pronununciadas con tal amor, pero a la vez con suma fuerza, por una mujer que ha servido a Dios por más de 60 años. Su experiencia acompañaba el mensaje....

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