05 enero, 2009

mientras viajaba...

buscaba los espacios para encontrar un café, una banca o un lugar cómodo en el suelo para escribir. Así se fabrican recuerdos y preservamos la memoria que muchas veces escapa y se pierde. Para tiempos muy especiales me era más importante escribir en mi libreta porque no quería que nada de lo que escuché, vi, olí o sentí fuera olvidado. Las promesas y las palabras susurradas en medio de la tranquilidad de la noche o el trajín de los traslados y el murmullo de la naturaleza o las multitudes podrían ahogar lo que ahora atesoro en letras y palabras. Escribirlo no será la fórmula mágica para que suceda, pero al menos así estoy consciente por donde camino, por donde me lleva mi Amigo, mi compañero del viaje eterno.

En uno de esos momentos, me senté y escribí lo siguiente, fue durante nuestro último día en Oaxaca y el último día del año.

"Llegué de marugada a su central, la frescura de su mañana fue cautivante. El sueño agradable, su gente dispuesta y amable. El mezcal es fuerte, natural y original de estas tierras. El chocolate y el café despiertan los sentidos, son bebidas de noche y de mañana. Sus mercados son un bufet de olores y colores. Los extranjeros fascinados acentúan la diversidad cultural, son característica peculiar.
Algo me enamoró de Oaxaca. Guardo mucho más en mi corazón sobre esta tierra, pero creo que seguirá presente en los relatos de esta peregrina. "

Gracias por el viaje Shey y la verdad que sí, la comida oaxaqueña es la más rica.

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