28 junio, 2011

Dos grupos estudiantiles...

Quiero escribir sobre 2 estados de mi país y sobre dos grupos muy especiales de estudiantes a quienes amo.

Oaxaca y Baja California

Están muy lejos uno del otro y son diferentes en muchas maneras. Uno está en el sur y otro en el norte. A unos los veo una vez al año y a otros tengo el gusto de verlos crecer de cerca. Pero con ambos soy testigo de la gracia de Dios y me maravillo de su obra tan perfecta, pese a la imperfección de sus instrumentos.

A la distancia oro por Oaxaca, por los chicos a quienes Dios ha levantado, por sus historias y por su futuro. Muchos viven solos, sus padres han venido al norte buscando una mejor vida para que ellos puedan estudiar, la mayoria viaja varias horas para llegar a sus casas que están el Istmo, la costa, la montaña o un lugar aún más remoto. Todos ellos son valientes, entienden su contexto, buscan entender la Palabra y quieren ser fieles a Dios. También son estudiantes que deben trabajar para pagar sus estudios, que se mueven en contexto muy politizado y que luchan con carencias que en el "norte" a veces nunca enfrentamos. Cuando estoy allá, estoy siempre segura que Dios camina entre nosotros, le veo con tanta claridad, y aunque sé que él siempre está, es en aquél estado que le he visto de forma especial.

En Baja California tengo amigos con quienes camino de cerca. Algunos con quienes tomo chai al menos una vez al mes, con quienes comparto risas, lágrimas, postres hechos en casa, libros y muchas anécdotas cotidianas. Ellos han sido un canal para que yo entienda el propósito de Dios para mi en este tiempo de mi vida, y el recurso para permitirme ver mucho de lo que hay en mi corazón. No tengo palabras para expresar la forma en que Dios les ha usados a todos y cada uno de ellos, porque son muchos... Les amo profundamente y por sus gestos, el fruto de su fe, sus palabras, sus abrazos y tanta cosa compartida sé que ahora no debería estar en ningun otro lugar. Al menos eso sé ahora...


Son dos Méxicos, tan diferentes, y a la vez muy parecidos. Los rostros son distintos, pero mucho del corazón que Dios forja en ellos es similar. Son estudiantes que con limitantes, buscan dar gloria a Dios. No hay un grupo mejor que el otro, en ambos Dios muestra su gracia. De los dos he aprendido mucho, antes los dos me he visto desafiada y agradecida. Y escribo no sólo para reconocerles a ellos, sino al Dios que ha tejido historias que unen al norte con el sur y de las cuales agradezco el privilegio por ser un testigo más de la Vida.

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