22 abril, 2013

¡Un llamado a que la Palabra nos estudie!


Llevo años invitando a estudiantes y más personas a estudiar con seriedad la Biblia, es decir, a meterse en ella para comprender mejor lo que dice, con la esperanza de que encuentren respuestas a sus preguntas y a sus aspiraciones más profundas. Ahora, sigo invitando a estudiantes a adentrarse en el mundo de las Escrituras para encontrarse con Dios y re-descubrir a Jesús, sabiendo que Dios les está buscando de mil maneras. Sin embargo, en estos últimos días, veo la clara la invitación de Dios a dejar que sea ella quien me/nos estudie.

Estoy leyendo “Cómete este libro” de Eugene Peterson y meditando por las mañanas la carta de Santiago desde hace unos días, mientras estudio con amigos el evangelio de Lucas. En esto observo que la Palabra requiere nuestra dedicación para comprender lo escrito, pero aún más, reclama humildad para dejar que el corazón descubra su realidad ante un Dios que conoce necesidades, sueños, dolores y pecados. Expandiéndome un poco en las ideas que presenta Peterson, n el momento en que la Palabra deja de ser fuente de vida, se convierte en una herramienta para “usar” y manipular, para controlar a otros desde una posición de “poder” a la cual podemos apelar al “saber” lo que otros no saben. Por eso quiero enseñar y aprender junto a otros, sin imponer. Quiero caminar con otros y ayudarnos a ver nuestras vidas a la luz de la Palabra.
En Santiago no puedo esconderme del mandato de “Amar a mi prójimo”, no puedo poner excusas con fachada de religiosidad hueca, porque “la verdadera religión es atender a los huérfanos y a las viudas, y conservarse limpio de la corrupción del mundo”, tampoco puedo cubrir mis favoritismos al dar atenciones especiales, porque para Dios los ricos y los pobres valemos igual. No puedo cantar a Dios los domingos y maldecir a los que me hacen daño entre semana, menos puedo decir que tengo fe, si mi vida no está en la brecha por el amor a otros, no puedo separar lo espiritual de lo material, ni el amor a Dios al del prójimo. No puedo callar ante el mal y la injusticia, no puedo ceder a la corrupción ni conformarme... 


 

















Solo puedo ser humilde, y aceptar la invitación a entrar a la Gran Narrativa de Dios, a la realidad de las Escrituras, y vivir, caminar y andar como allí se me pide… Cuando la Palabra me refleja, me muestra quien soy y me estudia, mi respuesta es de asombro, humildad, incomodidad, gratitud y emoción. Solo si vienes y ves, sabrás de lo que estoy hablando…


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