16 mayo, 2013

Vida cotidiana

Mis lecturas del "Cómete este libro" de Eugene Peterson continúan desafíandome a una vivencia cotidiana de mi fe en Jesús. No puedo evaluarme a partir de mis habilidades para enseñar, dirigir, escribir o argumentar, sin considerar del día a día con la familia, los amigos, los estudiantes, la iglesia local; cómo enfrento mis problemas, las necesidades apremiantes de otros, la organización de mis tiempos y lo que decido ver en el internet o la t.v. 

Así que pensé que un buen ejercicio para la publicación de hoy sería ser sincera con las cosas que estoy disfrutando en los ultimos días, junto a aquello con lo que estoy batallando y no logro comprender del todo. Cuando pienso en este tipo de cosas me ayuda recordar que "el sistema" y "el mundo" en el que vivo me invitan casi obligadamente a ignorar los detalles (las sonrisas, las flores, el té...) y a las personas que también habitan el planeta. Constantemente debo quitarme los lentes para no ver el mundo y pensar la vida con la mirada Hollywoodense de la "perfección" o la tragedia, ni con la superficialidad y fantasia telenovelesca. Tal vez lo más sutil para mi, es buscar información, datos y conocimiento, y no relacionarme verdaderamente, sentir y estar dispuesta a fallar muchas veces.

En las últimas semanas me cuesta abrir la Biblia con la misma emoción con la que abro otros libros, pero cuando empiezo a leer, a imaginar y orar la Palabra, me encuentro con un mundo y una realidad que explica quien soy y el mundo en que vivo. Pero no es tan fácil abrirla cada día, porque soy retada a arrepentirme. No siempre es así, hay otros momentos donde también me siento afirmada, consentida y animada, pero últimamente esa ha sido mi experiencia con la Palabra. Agradezco a Dios que me habla de tal forma, sin embargo, sigo luchando, esperando conocerle mejor. Jesús me sigue pareciendo dificil de aprehender y cuando leo Lucas, de pronto me siento muy bien en compañía de los discipulos, aunque expuesta ante mi falta de fe, y en otros momentos señalada por estar en compañìa de los fariseos y otros poderosos de la época y pensar o actuar como ellos. No tantas veces me identifico con las mujeres y niños ignorados a quienes Jesús reivindicó, pero cuando camino en el sentir de ellos, la mirada de Jesús también me cautiva. 

En estas últimas semanas también retomé la disciplina de correr unas 3 a 4 veces por semana, pero con un toque diferente. Abdiel y yo hemos corrido desde que llegamos de Oaxaca, ha sido diferente y especial. Aparte de las bondades y el esfuerzo de correr, se ha convertido en un tiempo para estar al día con nuestras vidas, afuera del contexto del ministerio estudiantil y los demás trabajos compartidos. Creo que nos ha hecho bien, no siempre tenemos la misma fuerza o ganas, pero casi siempre al final terminamos contentos por el ejercicio y el tiempo de conversación. En ocasiones nos ayuda a correr el stress, a disfrutar de un atardecer en la playa o simplemente reconocer que hay valor en ver a Dios en lo común y ordinario.

Sigo leyendo sobre género, mujeres y micromachismos. Ya me voy dando cuenta que no es tanto un objeto de estudio, sino una búsqueda por explicaciones a las realidades sociales, espero escribir sobre esto más adelante....

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