03 agosto, 2013

Comunidades que sanan

Entre los libros leídos y la reflexión sobre las experiencias de las últimas semanas y años, siento el impulso a escribir sobre la COMUNIDAD. Son de esos temas que regresen, de los cuales como cristianos nunca podemos darnos el lujo de ignorar debido a la esencia misma del llamado que Jesús nos hace, el cual está siempre ligado a otros y otras.

Antes de iniciar el viaje a Venezuela, recibí como regalo de cumpleaños un libro de Terry Wardle, "Healing Care, Healing Prayer". Al comenzar a leer agradecí aún mas el obsequio. Trata temas que tocan en lo íntimo de nuestros dolores y vulnerabilidad, y debido a lo sensible y frágil, son también aquellos que evitamos hablar casi con cualquier persona. Apenas voy a la mitad del libro, el cual está dedicado a quienes trabajamos en el ministerio cristiano. Sin embargo, no comienza hablando de cómo hacer el trabajo, sino de nosotr@s, bajo la premisa de que no podemos ministrar/servir a otros, si no hemos caminado nosotros mismos en la sanidad que Jesús ofrece. Esta sanidad de la que el libro refiere no es superficial o barata, sino consecuencia del proceso de discípulado que nos transforma a la imagen de Jesús, en cada área de nuestra vida. Este proceso no se vive de manera aislada o solitaria, y exige la transparencia y honestidad de quienes caminan por Sus sendas. 


La teoría, al menos para mí, casi siempre es más sencilla que la práctica cotidiana. Creo fundamental el ser comunidad y  vivir en comunidad, pero constantemente me traiciona el individualismo imperante que reina en nuestras sociedades y dentro de mi también. No es fácil ser vulnerable, exponer el dolor, dejarse acompañar en las luchas, ni que otros sean transparentes ante nosotros. Nuestro mundo no valora la debilidad y nos enseña poner una cara feliz, aunque no coincida con lo que somos. Esto nos lleva al engaño, a sufrir en soledad, a la frustración y a perpetuar modelos de vida y liderazgo que no ayudan a quienes están sufriendo o padeciendo. 


Por eso quiero compartir una de las experiencias más especiales en Venezuela, durante el Encuentro de Obreros (EFO). No creo que es algo que se puede replicar fácilmente, pero creo que de alguna manera Dios lo orquestó para enseñarme a mí y probablemente a muchos más, sobre el tipo de comunidades que debemos formar y estimular
"Nadie es perfecto, y en un primer momento todos nos acercamos con prejuicios. Con el paso de los días, Dios, el estudio de la Biblia, las risas, el escucharnos, cantar juntos, orar juntos, llorar, después el trabajo en equipo, las diferencias, la adversidad, el hambre, el calor y la necesidad de los abrazos nos hicieron amigos y amigas. Al estar lejos de casa, estaba muy consciente de mi necesidad de otros, de mi fragilidad y mi vulnerabilidad. Sentí el rechazo no intencionado en ocasiones, pero aún con eso, ni yo, ni la mayoría nos cerramos a forjar relaciones significativas. No elegimos estar juntos durantes esas 4 semanas, pero sí decidimos ser hospitalarios unos con otros y aprendimos más de lo que eso significa. 

Ellos y ellas fueron una herramienta de sanidad y restauración para mi vida. Fue a través de una charla donde me escucharon, otra donde escuché el dolor del otr@, un abrazo -o muchos-, una sonrisa, una caminata, esa madrugada en el balcón con una bebida maya confesando cosas que por primera vez me sentí segura de decir, escucharnos en temas tan "privados" donde el mayor error es no compartirlo. Los ejercicios de la última semana, mientras trabajamos temas como el dolor, el pecado, la hospitalidad y la comunidad, fueron abrir espacios para escucharnos, para ser una comunidad terapeútica, extendiendo el amor y la gracia de Dios a nuestros hermanos y hermanas."

Mi desafío ahora es vivir ese modelo con mi familia, mi novio, nuestro equipo de trabajo, los amigos y amigas, los estudiantes, y las personas que Dios ponga para compartir la vida. No se trata de decirlo todo, sino de ser transparente y caminar acompañada el Camino de la fe.


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