04 junio, 2009

divagando

A altas horas de la noche, escribiendo sobre la historia, terminando los últimos trabajos, con expectativas sobre el mañana, previendo lo posible, soñando valerosamente (a veces ansiosamente)y esperando confiadamente. (ya no encontré que más hago mientras me afano con este trabajo de teoría de la historia, je)

Hasta las palabras se me van, no escribo todo lo que quiero, el lenguaje me limita. Pero quiero escribir, sobre lo pasado, el sentido que lo organiza, los testimonios y las huellas que han dejado, las personas que me han marcado, las palabras que han penetrado el corazón y aquello que no puedo articular, que sólo se siente mientras leo, mientras escribo. No sólo leemos las palabras, aprendemos a leer mucho más. Se leen sentimientos, esperanzas, emociones y dolores. Por eso escribimos, no sólo para decir palabras y acomodar letras, con ello mostramos amor, dolor, pena, compasión.

Ahh, por eso nos gusta escribir, creo yo. Por eso me gusta leer, y más cuando lo hago con todo lo que soy. Porque no me puedo quitar el saco de "Alejandra" y ponerme a decodificar letras para obtener significados que me remiten a un referente. Lo leo a partir de quien soy, por eso significa algo, por eso todo esto es tan místico y maravilloso. Por eso mi generación no se conforma con las leyes, con descubrir causalidades, con la demostración experimental. Por eso Dios no es sujeto de demostración cientifica ni aprehensible racionalmente. Por eso se revela, busca, toma iniciativa, pero no se agota. No lo abrazamos por completo, ni lo comprendemos totalmente, pero también misteriosamente, mientras lo dudamos y lo creeemos, él sacia corazones sedientes, llena almas vacias y sana cuerpos dolidos. Esa dimensión del Dios vivo debe ser vivida....

Todo eso tengo en mi cabeza, en lo profundo de mi corazón si le escarbo un poquito, todo eso mientra hago mi trabajo de teoría...ja!

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