18 febrero, 2011

Tiempo, humanidad y Dios.

Reflexiones y diálogos a partir del Salmo 90

Escrito por al amigo de Dios, Moises. Ese que hablaba con Él cara a cara, que asumió la voluntad de Dios como suya, que una y otra vez apeló por la misericordia y el juicio de Dios sobre el pueblo que le tocó dirigir. Un hombre que también escribió, cantó y nos dejó palabras articuladas a su amigo, Dios.

SEÑOR, tú has sido un refugio para nosotros
de generación en generación.
Antes que los montes fueran engendrados,
y nacieran la tierra y el mundo,
desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.
Haces que el hombre vuelva a ser polvo,
y dices: Volved, hijos de los hombres.
Porque mil años ante tus ojos
son como el día de ayer que ya pasó,
y como una vigilia de la noche.
Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño;
son como la hierba que por la mañana reverdece;
por la mañana florece y reverdece;
al atardecer se marchita y se seca.
Porque hemos sido consumidos con tu ira,
y por tu furor hemos sido conturbados.
Has puesto nuestras iniquidades delante de ti,
nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia.
Porque por tu furor han declinado todos nuestros días;
acabamos nuestros años como un suspiro.
Los días de nuestra vida llegan a setenta años;
y en caso de mayor vigor, a ochenta años.
Con todo, su orgullo es sólo trabajo y pesar,
porque pronto pasa, y volamos.¿Quién conoce el poder de tu ira,
y tu furor conforme al temor que se te debe?
Enséñanos a contar de tal modo nuestros días,
que traigamos al corazón sabiduría.Vuelve, SEÑOR; ¿hasta cuándo?
y compadécete de tus siervos.
Sácianos por la mañana con tu misericordia,
y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días.
Alégranos conforme a los días que nos afligiste,
y a los años en que vimos adversidad.Manifiéstese tu obra a tus siervos,
y tu majestad a sus hijos,
y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros.
Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos;
sí, la obra de nuestras manos confirma.

¿Cómo es Dios? Nos preguntamos muchos. Soberano, eterno, un refugio, él es Dios, así, simple y llanamente. Es cómo se define a sí mismo y se revela para que le conozcamos. Es el juez justo, poderoso, que se enoja, digno de ser temido, que tiene compasión, que ama, que llena el corazón del ser humano de alegria y gozo...

¿Quienes somos nosotros? Quienes somos de verdad, no lo que a veces pretendemos. Mortales, vulnerables, finitos, pecadores, sujetos a juicio, sufrimos, necesitados,

¿Cómo podemos relacionarnos con Dios? Sólo por qué el ha decido mostrarse a nosotros. Reconociendo nuestra condición como seres humanos, sin pretender ser más de lo somos y reconociendo quién es él. Temiéndole al ver su poder, sus maravillas y su obra, para así adquirir sabiduría. Hablando con él, pidiendo su misericordia, compasión y gracia. Pidiendo que él guíe y confirme lo que hacemos, sólo él puede hacer que permanezca.

Este salmo me recuerda lo que he aprendido sobre Dios en los primeros cinco libros de la Biblia. El relato de la creación del universo, del ser humano y de todo lo que no conocemos, después con la narración sobre el ser humano queriendo ser como Dios, dudando de él y buscando establecer sus propias reglas y de ahí en adelante, viviendo bajo el juicio de Dios y en un contexto de relaciones rotas y aumento de la maldad. Una situación desesperada, aunque siempre con un dejo de esperanza por parte del Señor...

Dios se da a conocer a personas para cumplir su propósito y eventualmente nos topamos con Moises, este hombre tan imperfecto, pero usado por Dios para guiar a un pueblo hacia la promesa de la tierra prometida. Un hombre, considerado por Dios como su amigo, que experimentó el juicio y su ira, pero también probó su gracia y amor...No calló el enojo de Dios, el juicio que venía, pero tampoco la esperanza y las manifestaciones de su carácter. Fue un buen embajador, que vivió el juicio de Dios y su gracia, de la misma forma que nosotros hoy.

...Y es que en Jesús y su obra en la cruz vemos el juicio de Dios sobre la humanidad, pero también el amor de Dios que obra para la reconcialiación del universo entero con él. Y es entonces cuando regreso a esta oración de Moises... ¿Quién es Dios? ¿Quién soy yo? ¿Cómo me relaciono con él? Y pienso que:
"me duele vivir las consecuencias de mi rebeldía y mi falta de obediencia: que sufro por ser parte de una humanidad corrompida, pero que a la vez temo a Dios cuando le conozco, cuando veo sus obras de creación, juicio, salvación y vislumbro la esperanza futura. Que cuando le reconozco y le temo, mi corazón se hace sabio, valora lo importante, establece prioridades y aprende a vivir para adorarle... Así, cuando él me sacia de su amor y misericordia, toda mi vida se alegra y canta, grita y les dice a otros quien es él, vivo la misión porque reflejo su gloria. Al final, le suplico todo lo que hoy hago permanezca y él lo confirme, que él me guié siempre..."

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