05 septiembre, 2016

Un "trailer" del sabático


Ya casi cumplimos dos semanas en Vancouver. Llegar, como escribió Abdiel, fue una odisea. Entre una cartera robada y una visita a urgencias, sumado a las despedidas y la empacada, el proceso fue mucho más “emocionante” de lo que imaginamos. Pero en medio de todo, la gracia de Dios y su favor fue mayor. No tuvimos que mudarnos ni dejar el depa en Tijuana porque nuestro tío se quedó allí, no fue necesario buscar vivienda en Vancouver porque el departamento de nuestros amigos se desocupó justo a tiempo, las cosas robadas se reemplazaron (a excepción de las licencias de manejo) y salí de urgencias con el menor de los males.



La cruz en Rivendell
Los primeros días en Vancouver los pasamos en Rivendell, descansando y dándonos oportunidad para llegar. Llegué enferma, con los estragos que me llevaron a urgencias y con una gripe y tos que tenía años sin sufrir. Conozco mi fragilidad, pero no deja de sorprenderme la manera en que mi cuerpo protesta ante los cambios y largas jornadas a las que me someto sin mucha consciencia. Tengo mucho que aprender todavía. El tiempo de retiro fue un regalo, para dormir, para reponerme, para escuchar al Señor y para sentirle cercano. Los 4 días en Rivendell fueron como un “tráiler” de nuestro tiempo acá, algo así como un pequeño avance de lo que puede ser y una invitación a la expectativa abierta para ver la bondad de Dios en esta tierra.


Dios me habló de sanidad en muchos sentidos, y sin poder entenderlo o explicarlo bien, tiene mucho sentido. Tengo hambre de Dios, pero he cedido ante muchas distracciones. El tiempo acá tiene pocos focos: amar a Dios, amar a Abdiel, amar a nuestras comunidades (la tijuanense y la que se formará acá) y la escuela. Parecen muchas cosas, pero no hay trabajo, no hay amigos cercanos, hay lluvia, hermosos paisajes, novedades y muchas sorpresas que Dios parece orquestar. Estoy expectante…

Celebrando los 30 de Abdiel
 La nostalgia comienza a asomarse. Hacen falta los abrazos y las conversaciones con nuestra gente conocida, las visitas en casa y la compañía cotidiana de la familia. Pero estaremos bien, me lo repito, y creo que así será. Quiero escribir, mucho. Tomé una clase menos de la que podría haberme obligado a llevar, porque necesito reflexionar y escribir: pulir lo que ya tengo en papel y publicarlo (sobre Salmos) y escribir sobre la vida, Dios, el mundo y las intersecciones entre los temas anteriores. Dejé de escribir y la invitación parece abierta y se me repite con fuerza. Me emociona… 

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