07 octubre, 2009

Sobre el mayo francés y la primavera de Praga

Estos dos procesos históricos, como otros tantos, han sido estudiados a profundidad por aquellos interesados en los acontecimientos de 1968 en Europa. Mientras que el mundo estaba en plena Guerra Fría, y en diversos países se vislumbraba el descontento ante los valores de occidente o la represión del comunismo, pocos esperaban ver movimientos mundiales tan parecidos que se manifestaran en contra de algo.

Fue México, Praga, Francia, Polonia, Alemania, entre otros, donde diferentes grupos, bajo distintos intereses levantaron sus voces de juventud, de obreros cansados, de trabajadores inconformes contra sistemas represivos, egoístas, formas de vida tradicionales. Contra el status quo y contra aquello que había prometido y no se había realizado. O como es el caso de Francia, contra aquello que ya no les dejaba respirarar, contra los moldes donde muchos ya no cabían.

Este no es un ensayo histórico, tan solo son las ideas trasnochadas de una estudiantes de historia que reconoce en frases, imágenes e ideas sus propias inquietudes y que ve amor por el prójimo, deseos de superación y esperanza por un mejor mundo entre los gritos ahogados de la juventud y las pancartas de los trabajadores. No es mero idealismo, como aspirante a historiadora es lo primero que desaparece o de lo que se te despoja. Aprendes que detrás de las grandes revoluciones o transformaciones históricas hay motivaciones nefastas por beneficiar a los pocos, que la historia la conocemos por aquellos que la financiaron y que hasta el arte es para los pocos que así lo designan.

Sin embargo, algunos no renunciamos a identificarnos con lo acontecido y no queremos olvidar y que otros olviden que en el ser humano también está la capacidad verdadera de amar, transformar y hacer el bien. De luchar hasta la muerte por lo que se cree justo y soportar lo inimaginable por razón de ello. Por eso me gusta pensar estas historias que nos cuentan los libros, el internet y las fotos. Esas de los estudiantes inconformes, las de los trabajadores que lucharon, la de los pueblos que se unieron por la paz, por " un rostro humano del socialismo" e incluso los que gritaron: ¡Dios no es conservador! (Reconociendo que la imagen de un dios que justificaba los fines de alguna institición religiosa no era verdaderamente Dios, pues él tampoco reducia su voluntad a una filiación política.)

Hobsbawm dice que será la historia la que puede salvarnos de nosotros mismos. Mientras que algunos historiadores "posmodernos" ya no se interesan tanto en el cómo de la historia sino el para qué. Si esta es capaz de dar razón de lo que hoy somos y de liberanos, entonces vale la pena contarla. Para ellos la Historia ya no existe, pero podemos creer en las historias si estas nos incluyen, nos explican, nos ayudan a caminar la existencia humana a partir del pasado, en el presente, hacia el futuro.

Por su lado, Certeu, habla de la revolución simbólica que representa un mayo francés. Para él, lo importante estuvo en la denuncia, en la forma que transformó las palabras, los símbolos. En la toma de la calle como si se tomara el poder, en hacerse manifiesta la existencia de los otros. No triunfó, pero tampoco fue derrotada, anunció algo. Certeau lo ve y nos lo indica, para él, el mayo francés fue eso, una toma de la palabra por aquellos que habían callado, y al tomarla, la transformaron, le dieron un significado propio.

Por eso creo que importante leer con el corazon... Porque cuando leemos historias consciente de quienes escriben, conocemos lo que otros son y de lo que son parte. Porque cuando estudiamos lo que la historia nos dice del pasado, revela por donde hemos caminado y lo que podemos aprender. Hasta puede darnos esperanza si buscamos más allá de ella... Encontramos hombres y mujeres que sin empuñar las armas han tranformado sociedades y que pese a sus debilidades y limitaciones han revolucionado símbolos, prácticas, palabras y corazones.

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