07 octubre, 2009

Sólo él...

La llamaste hija en medio de una multitud que te seguía y ante un padre desesperado por salvar a su propia niña enferma.

Mientras que el padre se arrojó a tus pies suplicando para que lo acompañaras a su casa, esta mujer, fuera de tiempo quería tan sólo tocar tu manto. Ella no quería atraer tu atención, quería ser sana y sabía que con sólo tocarte era suficiente. Ella te conocía lo necesario para creer.

Jairo, el padre desesperado ve ante sus ojos morir la esperanza con el anuncio de que su hija ha muerto. Era un padre que amaba verdaderamente, no le importó mostrarse vulnerable ante Jesús a pesar de su distición social como jefe de la sinogoga.

Las palabras de Jesús fueron claras y consoladoras: "NO tengas miedo, cree solamente". Palabras no huecas, llenas de confianza, de significado, porque estaban acompañadas de vida , estaban dichas por el mismo Verbo encarnado.

Sólo él, sólo él devuelve la vida, sólo él devuelve el significado a lo que hemos manoseado, corrompido o quebrado. Sólo él regresa la esperanza a quien ha entregado todo para mejorarse a sí mismo y lo ha perdido en el intento.

Actuaste como Padre para una mujer enferma. Devolviste la esperanza a un padre que la había perdido. Con tu vida has amado hasta el final, has devuelto la esperanza para que el hombre y la mujer te conozcan y vivan libres para hacer lo bueno: para que vivan en paz contigo, con el otro y con la creación. Esas son buenas noticias, para hombres, para mujeres, ninos, niñas, ancianos y enfermos.

Lucas 8

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